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Entrevista a Ángela Vallvey: «Constantemente nos discriminan por motivos ideológicos»

Periodista Digital 16 Nov 2021 - 12:12 CET
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Copyright © FOTOGRAFÍA: PEPE J. GALANES

Pregunta: En “Ateísmo ideológico. La ruina de las ideologías” (Ed. Arzalia), reparte usted estopa a izquierda, a derecha, y… ¡al centro!

Respuesta: Sí, pensé titular el libro “No he venido aquí a hacer amigos”, pero creo que eso ya estaba pillado, desde Bush en Irak a Ábalos en el último congreso del PSOE.

P: Se arriesga usted a que la “cancelen”, o la censuren, o la veten, o la vuelvan a acosar…

R: A estas alturas ya no tengo nada que perder. Y, además, francamente, querido: me importa un bledo.

P: Pero todos deseamos que nos escuchen, que nos quieran…

R: Es verdad. Yo también. Por eso me gustaría que las ideas de este libro, que son mucho más importantes que yo, fuesen comprendidas y no desechadas sin antes haberlas escuchado, leído. A veces los mensajes se simplifican demasiado. Vivimos una época de etiquetajes, las etiquetas son titulares, pero hay que leer la noticia entera para enterarse de algo. Espero que este ensayo sea algo más que su título.

P: Asegura en este libro que las barrabasadas, la toma de decisiones contraproducentes por parte de los poderosos, ocurren a menudo, y que la culpa es de la ideología.

S: Sí, porque los líderes ideológicos no se guían por la razón, sino por su ideario. O sea: por sus principios férreos y sus más descabelladas y retrógradas supersticiones. Por eso, una y otra vez comenten errores que van contra el sentido común, y contra el bien común.

P: ¿La ideología crea discriminación?

R: Constantemente nos discriminan por motivos ideológicos. Los partidos “colocan a los suyos” en los mejores puestos de la administración, aunque se trate de personas ineptas. Los medios de comunicación rechazan a unos o escogen a otros de acuerdo con su ideología. A los intelectuales se les premia por motivos ideológicos, o se los desprecia y arrincona por el mismo motivo, sin tener en cuenta su valía o sus méritos…

P: Dice en su libro que vivimos en un mundo de “creyentes”.

R: Sí. De creyentes políticos, que le perdonan a su partido, a sus líderes, todo tipo de atrocidades solo porque tienen fe en ellos. De la misma manera en que las personas religiosas confían en Dios, los creyentes ideológicos están ciegos ante los disparates de sus líderes. Esa actitud asegura el atraso de los pueblos, les resta libertad, les roba oportunidades de avance.

P: Comienza usted este libro de una forma muy dura. Contando, de manera escueta, que pensó en suicidarse hace unos pocos años debido al acoso de la Agencia Tributaria.

R: La primera consecuencia de la depresión profunda es planear “quitarse de en medio”. Pero el suicidio nunca es una respuesta a nada. Jamás. Y solo le hace daño a la gente que nos quiere, mientras alegra a quienes nos desean el mal. Con muchas dificultades pude superar aquel trance, pero me costó la ruina y una enfermedad crónica, además de que ha dejado cicatrices desgarradoras para siempre en mi familia que prefiero no detallar.

P: ¿Porqué cuenta usted eso?

R: Porque fue un revulsivo en mi vida, en mi pensamiento, y porque es un ejemplo de cómo la mayoría de los ciudadanos solamente somos carne de cañón, una simple fuente de recursos para las élites dirigentes, que no solo nos exigen impuestos, sino también devoción: nuestra vida entera. Y me parece ridículo que les entreguemos la vida a cambio, casi siempre, de un constante sufrimiento y mucha decepción.

P: Pero también tenemos servicios sociales, prestaciones, un estado de bienestar…

R: Sí, y colegios, hospitales, carreteras… Claro. Dicho con ironía: ¿la impresión es que se están construyendo constantemente carreteras, hospitales y colegios? Porque yo también tengo la sensación de que, además, el poder necesita recursos para perpetuarse a sí mismo, y para ampliarse sin límites.

P: ¿No tiene miedo de que la acusen de “anti-política”?

R: El mismo miedo que tienen los políticos de ser acusados de “anti-ciudadanos”.

P: ¿La política es un negocio?

R: No para la mayoría, no para nosotros los votantes. La política, como vemos, es un negocio para los políticos. Ha dejado de ser un arte noble. Hace tiempo.

P: ¿Es usted atea ideológica?

R: Sin ninguna duda. Mi vida me pertenece a mí, solo tengo una, y es demasiado valiosa para entregársela a un partido político que, escudándose en una supuesta ideología, aunque me prometa el paraíso en la tierra al final no me dará ni una gota de agua a cambio de mi voto y de mi fe. Especialmente cuando vea que me estoy muriendo de sed.

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