Más información
Los facinerosos ya pasan a las agresiones en La Vuelta a España 2025.
Las protestas propalestinas, alentadas por colectivos abertzales han escalado hasta límites insospechados, empañando el espectáculo deportivo e incluso poniendo en riesgo la integridad de los ciclistas. Lo que debería ser una fiesta del deporte se ha convertido en un polvorín donde la política y el ciclismo se cruzan peligrosamente.
La escalada llegó a su punto álgido este domingo durante la etapa 15, entre Vegadeo y Monforte de Lemos. A 50 kilómetros de la meta, un manifestante propalestino irrumpió súbitamente en una curva portando una bandera palestina. El intento de correr hacia el pelotón acabó con el hombre resbalando ante los ciclistas y con un efectivo de la Guardia Civil corriendo para interceptarle y evitar que atacara a los ciclistas.
La acción, provocó una caída múltiple. Javier Romo (Movistar) fue el principal damnificado; tras esquivar al activista acabó contra el asfalto, arrastrando también a Edward Planckaert (Alpecin). El manifestante fue detenido inmediatamente, sumándose a una jornada con ya diez arrestos relacionados con las protestas.
El susto fue mayúsculo: Romo necesitó asistencia médica y Planckaert quedó visiblemente aturdido. Afortunadamente, ambos pudieron reincorporarse a la carrera, aunque sus opciones deportivas se vieron seriamente mermadas. La organización denunció públicamente lo sucedido, mientras los equipos reclamaban mayor protección para los corredores ante posibles nuevos incidentes.
El ambiente se ha caldeado hasta el punto de que en Valladolid —donde concluirá la etapa del jueves— ya hay 17 manifestaciones anunciadas, lo que augura una semana aún más convulsa para organizadores, equipos y aficionados.
Desde el inicio, colectivos propalestinos han organizado protestas prácticamente en cada etapa, con especial virulencia en el País Vasco. Señalan la presencia del equipo Israel Premier Tech como el detonante de una oleada de movilizaciones que ya no son pacíficas; aunque no es la primera vez. En ediciones anteriores, los independentistas vascos y catalanes se han manifestado durante la prueba contra el Estado español. Hace dos años, la policía logró evitar que unos CDR vertieran aceite en la carretera en Cataluña, algo que hubiese puesto en peligro la vida de los ciclistas.
Los hechos vividos en las etapas recientes no dejan lugar a dudas: la convivencia entre deporte y reivindicación está al límite. En Bilbao, las protestas alcanzaron tal magnitud que obligaron a recortar tres kilómetros el recorrido y suspender la llegada prevista, dejando a todos —ciclistas incluidos— sin podio ni ganador oficial. La imagen de corredores desconcertados mientras los manifestantes saboteaban la prueba ha dado la vuelta al mundo.
Impacto sobre La Vuelta: entre el ciclismo y el activismo
Las reacciones no se hicieron esperar. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, abrió incluso la puerta a la expulsión del Israel Premier Tech si así lo decide la UCI. Por su parte, Javier Guillén —director de La Vuelta— defendió que “los ciclistas están por derecho propio”, aunque reconoció que “la seguridad es ahora mismo nuestra máxima preocupación”.
El propio equipo israelí ha optado por reducir su visibilidad: desde la etapa 14 los corredores lucen uniformes sin referencia explícita al nombre del equipo; solo una gran P y una estrella sustituyen al habitual logo tras ser blanco continuo de protestas. Es un gesto simbólico que busca rebajar tensiones pero que difícilmente logrará apagar los ánimos.
A pesar del caos reinante, nombres como Jonas Vingegaard (líder actual), Joao Almeida y Jai Hindley mantienen viva la pugna deportiva. Sin embargo, es imposible abstraerse del ruido exterior; cada ascenso mítico —como el reciente paso por L’Angliru— viene acompañado no solo por el aliento del público sino también por pancartas, cánticos y despliegues policiales excepcionales.
Con varias jornadas críticas aún por delante —incluida la llegada a Valladolid— todo apunta a que la tensión irá en aumento. Los organizadores han reforzado notablemente los dispositivos policiales e incluso estudian modificar recorridos sobre la marcha si persisten los riesgos para los ciclistas. Las casas de apuestas reflejan esa incertidumbre: si bien Vingegaard sigue siendo favorito para el maillot rojo final, cualquier alteración ajena al rendimiento podría dar un vuelco a la general.
Por ahora, ningún sector parece dispuesto a ceder terreno: ni los manifestantes —que consideran su lucha legítima— ni los organizadores —empeñados en salvar una edición ya marcada por lo extradeportivo—.
Más en Deportes
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home