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Babi Poerio, dueña del restaurante La Tavernetta del Pirata, un ejemplo de superación

Juan Luis Recio 16 May 2022 - 07:21 CET
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Babi Poerio, dueña del restaurante La Tavernetta del Pirata, es un ejemplo de superación. Dejó su hogar, en la maravillosa isla de Ischia para continuar con el legado familiar en una nueva ciudad: Madrid. La Tavernetta del Pirata lleva consigo muchos años de historia familiar entre los fogones, llena de pasiones y devociones por sus productos y platos. Pero para conocer mejor la historia nada mejor que reproducir esta entrevista con Babi, nacida y criada en las cocinas del restaurante familiar en Ischia, para que nos cuente su historia de emprendimiento en Madrid.

Vengo de una familia de hombres, de hecho, fui la primera niña después de tres generaciones. Mi familia es la típica familia italiana que ves en las películas, donde todos estamos muy unidos y donde reina el caos. En mi casa todos los días son Navidad, todos sabemos cocinar y todos hemos crecido entre los fogones. Trabajar en el restaurante era siempre el camino para conseguir cualquier deseo. Cualquier capricho, una moto, un viaje, etc., pasaba primero por echar horas en el restaurante. Desde muy pequeña me inculcaron la cultura del sacrificio y me hicieron saber que toda meta se consigue siempre a través del esfuerzo.

Cuando era niña mi deseo no era continuar en el negocio familiar. Necesitaba salir de Ischia, quería “conocer mundo”, y siempre contaba los días para mi mayoría de edad. Así que cuando llegaron los 18 me fui a Estados Unidos. Llegué a Los Ángeles y estudié Ciencias Políticas. Quería una carrera política y en mi cabeza rondaba la idea de convertirme en agente secreto y trabajar en la lucha contra la mafia. Más tarde, cuando me formé y regresé a Italia para terminar mi doctorado en Inteligencia, me di cuenta de que realmente mi país no estaba preparado para las mujeres en este campo y decidí cambiar de aires.

Cuanto más viajaba más me daba cuenta de lo complicado que era encontrar un auténtico restaurante italiano en el que poder recordar los sabores y sentirte más cerca de casa cuando más lo echaba de menos. Ya viviendo en Madrid me fui haciendo a la idea de empezar algo para solucionar esto. La calidad del pescado en la capital me sorprendió mucho, lo que impulsó a lanzarme y tomar la decisión. De repente me dejé llevar y me di cuenta de que realmente lo llevaba en la sangre. Tenía claro que no iba a ser fácil, pero cuando por fin encontré un local que me enamoró, la decisión estaba tomada, decidí meterme de cabeza y no esperar al momento oportuno para hacerlo. El momento perfecto lo crearía yo y así nace La Tavernetta del Pirata, un restaurante con mucha tradición y autenticidad.

Todos conocemos las dificultades que tiene una mujer emprendedora hoy en día. A esto súmale hacerlo en un sector como la hostelería y fuera de tu país. Por si esto fuera poco, añádele el hecho de ser madre y lo complicado que es conseguir la conciliación familiar. Mi plan de negocio no incluía las horas de sueño pérdidas, las noches de insomnio y los problemas cotidianos… Pero lo cierto es que todos los días valen la pena por todo lo que vivo, por todo lo que aprendo, por esta adrenalina que siento al abrir la puerta, por los clientes que se convierten en amigos y por dar a conocer mi isla bonita… Ischia.

El mejor consejo que me han dado y que puedo dar es “el no ya lo tienes… ve a por el sí”.

Tengo muy claro que esto solamente está empezando. Mi sueño es crear un grupo de restaurantes en las mejores capitales gastronómicas del mundo donde poder dar a conocer la verdadera comida italiana, y convertirme también en punto de encuentro para los italianos que viven lejos de su país.

Conciliar la vida personal y el trabajo no es una tarea fácil en este sector. Aquí no existen días de descanso ni fines de semana libres. Siempre se ha dicho que la hostelería es un negocio muy esclavo y es la realidad. Si quieres tener el control sobre tu negocio y quieres triunfar tienes que “estar” siempre. Pero es primordial conseguir como sea tiempo para ti, para hacer cualquier cosa o incluso para no hacer nada. Un tiempo que tenga tu nombre, que puedas emplearlo en hacer lo que te dé la gana y te haga sentir “ligero”. No importa si es poco tiempo, pero tiene que ser un tiempo de calidad.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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