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Hace de su favela un palacio de Gaudí

Periodista Digital 09 May 2008 - 16:01 CET
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En la favela de Estevam Silva da Conceição no hay líneas rectas. Las paredes son sinuosas. Las escaleras serpentean. Los ángulos, concavísimos o genuinamente convexos. Del techo cuelga una exuberancia de columnas retorcidas. El color, diseminado en un caleidoscopio de azulejos, preside el ambiente. De un habitáculo más que simple ha hecho, con mucho trabajo y dos décadas de dedicación, una auténtica obra de arte. Lo más curioso de todo es que el artista no sabía de la existencia de Gaudí hasta hace cinco años y ya llevaba quince con su obra.

Todo empezó por casualidad. Cuando llegó a Paraisôpolis en 1985, Estevam se ahogaba. «Nunca vi tan poco verde en mi vida», susurra. Necesitaba un jardín interior en su favela. Por eso construyó unos soportes de alambre para sujetar los troncos de las plantas, las actuales columnas. Desde entonces, cada día, Estevam continúa con su obra maestra. Colocando azulejos en las paredes. Cuadros. Objetos de metal. Teléfonos viejos. Estrellas de madera. Relojes. Botellas vacías de champán. Jesucristos crucificados. Platos. Sincretismo tropical puro y duro.

Nunca había oído hablar de Gaudí

Lo más inaudito es que hasta hace cinco años este inmigrante del
paupérrimo interior de Bahía no había nunca oído hablar de Antoni Gaudí.

Estevam recorrió el parque de Gaudí con el cineasta Sérgio Okman, artífice del encuentro de los Gaudís y de Lluís Gueilburt, entonces director del Centre d´Estudis Gaudinians. Si tuviesen razón
muchos críticos y la cultura del candomblé africano, tan presente en la tierra natal de Estevam, nos hallaríamos frente a un claro caso de reencarnación.

Sus «Jardines Flotantes», como la Sagrada Família, están sin concluir.

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