Ibarra ante el mesías

Una de las mayores desgracias de España es no haber contado nunca con una izquierda completamente liberada del gen marxista-leninista. Ni durante la II República, a pesar de que ahora quieran presentar como democráticas a unas izquierdas cuya finalidad, salvo rarísimas excepciones, era la implantación de un régimen revolucionario y totalitario, una dictadura antiburguesa y anticapitalista, como sabemos bien los que fuimos aleccionados en nuestros años juveniles con ese objetivo; ni en la actualidad, donde tras la caída del Muro de Berlín y la evidencia de lo que habían construido, ya no pueden presentarse contra el sistema económico, pero mantienen la voluntad de reinventar la sociedad, de decirle a “las masas” cómo tienen que vivir, fumar, engordar, pensar o recordar, pues no hay mayor totalitarismo que el de querer hasta cambiar la memoria de los pueblos. Antes de ellos no hubo nada, todo fue despreciable, contaminado por las aristocracias o las burguesías. Ese es el gen marxista-leninista-roussoniano que, aun no pareciéndolo, alienta con milenarismo sectario en ese engendro desdichado de nuestra peor izquierda que es Zapatero, el nuevo mesías descremado, el enviado para revelarnos la verdad baja en nicotina que nos negábamos a admitir: la de que España nunca existió.

Todo el pensamiento de ZP –pensamiento y ZP es un oxímoron-, adquirido en sus largas conversaciones con quien le puso en el cargo, Maragall, y confirmado por sus amistades con Puigcercós e Imaz (¿lo veremos amigueando con Otegui? Lo veremos), es que los males de España tienen su origen en un equívoco: que creímos ser una nación milenaria –la más evidente de Europa, Pirineos de por medio, y políticamente la más antigua- cuando no éramos sino un grupo de pueblos ajenos unos a otros, naciones diferenciadas que fueron sometidas por la malvada Castilla a un proyecto expansivo e imperial destinado a sojuzgar nuestras profundas diferencias culturales, de la jota a la sardana.

Nada importa, claro, la Historia verdadera, pues se puede reescribir, como nos enseñaron Stalin, Sabino Arana –que se quejaba de que la historia real de las Vascongadas no cuadraba con sus teorías, achacando a la estupidez de sus paisanos el no haberse comportado en el pasado de manera que se justificaran sus mentiras del presente-, y ahora ZP (Ver el episodio de ‘borrado’ de alcalde PP recientemente sucedido en Málaga, al modo como Stalin borraba a Trotsky de las fotos y los libros, antes de borrarlo del todo a mazazos). Y así, él, ZP, castellano de nación y leonés de adopción, pero embargado de generosidad histórica, ha venido, gracias a Rubalcaba y a Alá, a restañar las viejas heridas, el error original.

No sé si todo se debe a un inconfeso nacionalismo leonés, primera nación ‘sometida’ por Castilla y cuya liberación vendría después de la Cataluña carolingia, la Vizcaya señorial, la Galicia irmandiña, las Canarias guanches, la Andalucía islamizada, la Navarra regresada, el Aragón almogávar, la Mancha campo de golf –nadie se engañe, para eso quieren el Tajo-, y la Murcia convertida en secarral ecológico por su lealtad a Castilla y como escarmiento catalán para pobretes sublevados.

Este dislate -posible sólo en un español inculto, embaucador y gandul como ZP, un payo que no ha trabajado jamás, sin más experiencia de la vida y de la Historia que haber calentado banquillo durante veinte años- es lo que se esconde bajo el nombre de “Estado plurinacional” que hace unos días aprobó el propio PSOE en una comisión del Congreso. Aunque luego dijeron que lo corregirían en el Senado.

La respuesta a cómo ha podido llegar el socialismo español a semejantes bajuras, nos la dio Rodríguez Ibarra hace una semana en el diario El País, las páginas empresariales de la corporación que sostiene al gobierno. Allí, no sabemos si a modo de comunicación interna, tras revelar que su marcha de la política no se debía a enfermedad alguna, afirmaba el ‘bellotari’, entre otras cosas, que Zapatero maneja una «regla de tres muy sencilla, pero demasiado simple y equívoca» sobre el modelo de Estado: «Cuanta más descentralización y más traspaso de competencias mejor para España». Lo que, según el propio Ibarra es «conclusión fácil pero equivocada, muy equivocada».

Sin embargo, lo más terrible de cuanto dice Ibarra es que, al menos según él, Zapatero está guiado por la idea «muy peligrosa» de que «cuantas más competencias ceda menos responsabilidades tendrá ante los ciudadanos». Ahora, todavía espantados, entendemos por completo el titular: “El problema es que Zapatero no ha explicitado su modelo de Estado”. Y el pasmo del propio Ibarra cuando afirma que la solución es «definir, con claridad y sin complejos, cuáles son las competencias, las responsabilidades que un Gobierno central jamás, jamás, puede ceder». Así pues, ya no lo dice sólo un servidor, sino que según uno de los principales protagonistas del socialismo español de la democracia, estamos en manos de un absoluto irresponsable cuya única idea de España es desprenderse de ella, deshacer el Estado y convertirse en un rey constitucional bis. Igual les propone a Felipe y Letizia reinar juntos, con Sonsoles al canto.

“Todo está mucho más claro”, que decía Pedro Salinas sobre la poesía como iluminación de la realidad. La idea de España de ZP, esa que no puede explicitar, claro, es la de Maragall y Carod, Otegui e Imaz, y toda la cohorte pluri-pluri y nazionalsocialista (Nafarroa bai, la Chunta, el Bloc, el BNG, ‘Madrazares’, EA), además de la familia de Chaves, las constructoras electrificadas, la Caixa, la Kutxa y hasta la madre que parió a Panete, siempre que odie a España, en todos los cuales piensa apoyarse para su perpetuación. Otras veces he escrito que se iba poniendo flequillo de Napoleón, y es que piensa coronarse. Y Garzón de chambelán.

Qué tristeza, Juan Carlos, tanto que te defendimos, comprobar que tú, y Guerra, y Vázquez, y Leguina, y cuantos parecíais hombres decentes, centuriones leales a Roma antes que a Calígula, habéis callado o apoyado el Estatuto catalán que constituía el caballo de Troya de cuanto ahora denuncias, cobarde y en retirada, en lugar de haber echado a Zetalígula cuando aún era tiempo. Qué cobardía la vuestra. Qué sentimiento de farsa ver a este socialismo apayasado de Blanco y de Caldera, de Montilla y Zerolo –“el pensamiento débil”, tú mismo lo confiesas-, imperar sobre quienes decíais amar a España y hoy la abandonáis. ¿Cómo no os dais cuenta de que tras ZP no quedará ni la sombra del socialismo español porque ya no habrá España? Marchaos, desde luego, y para siempre. Os perseguirá la coartada que fuisteis.

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