Laporta y los barcelonistas imbéciles

Ha vuelto Laporta a señalar el verdadero Camino de Damasco del barcelonismo. Le han faltado segundos para sumarse al manifiesto nacional-catalanista a favor del Estatut que consagra a España como colonia catalana.

Esta tarde -este artículo se publicó el pasado domingo en La Opinión de Murcia- lo rematarán humillando al Madrid, es decir, humillando a quien para ellos es el símbolo de España, con el apoyo de cientos de miles de españoles que sentirán sus corazones rebosar de alegría y sus cuerpos de placer mientras la estricta gobernanta barcelonista les clava los tacones en el huevo de la razón perdida.

Escucho a un jovencito en una radio murciana confesarse culé y alertar contra Laporta. ¿Quién es Laporta, a quién representa?, se pregunta. Pues mira, hijo, Laporta es el presidente del Barcelona, elegido por la mayoría de sus socios y, si conocieras esa patria catalana a la que en tu ignorancia sirves, sabrías que es absolutamente representativo de lo que es y ha sido el catalanismo político, del que el Barcelona fue siempre expresión, metáfora, ejército de signos, balón-bomba.

Vivís sobre un gran equívoco: el de creer que el Barça es sólo un equipo de fútbol. ¿Qué pijo pensabais que significaba el “més que un club”, sino esa dimensión política identitaria que siempre conlleva el fútbol, y el deporte en general, pero que en el Barcelona es fundamento mismo? El único español que lo ha entendido es el leonés Zapatero, al que sin duda en el poema del Cid ya prefiguraron al presentar a los nobles leoneses como taimados y traidores (y que me perdonen el resto de los leoneses, vaya cruz que les ha caído), y que se ha convertido desde su llegada al poder en el verdadero impulsor de la constitución legal de Cataluña en ama de España, y del Barça, que es su emblema, en el consecuente dominador de todas las competiciones. Controlando la Federación y como sea. ¿Lo recordáis saltando, riendo y celebrando los triunfos con el mismo Laporta que os ha bautizado a todos como imbéciles? Hoy habrá cohetes en la Moncloa para cantar la derrota española.

A Laporta, además, hay que reconocerle los esfuerzos didácticos que ha realizado para explicaros por qué sois unos imbéciles. Hasta diez veces se lo llamó al presidente de la Junta de Extremadura, el social-barcelonista Guillermo Fernández Vara, para devolverle el juicio. Para que os enteréis de una vez que el Barça es un club catalán, que representa a los catalanes y que será lo que los catalanes quieran que sea. Y que Cataluña es otra nación, como dice el Estatut, y que vosotros, españoles, enemigos políticos y sentimentales de ese eterno proyecto nacional, tan provechoso para sus bolsillos, no sois quienes para decir nada sobre el asunto.

Ese es vuestro segundo gran equívoco: el de sentir que seguís perteneciendo a la misma nación que vuestro Barça. Y eso se acabó hace tiempo. La unidad sentimental, la que iba quedando, la única posible, la cercenaron aquellas palabras del Gran Soldador de las Españas, ZP, el día en que dijo que la nación era un concepto discutido y discutible y se lanzó a gallete por la senda inconstitucional, con todas las consecuencias que vinieron luego. Entre otras ese Estatuto que consagra la separación.

Paradójicamente, los barcelonistas españoles sois ya los únicos que creéis en España. Por eso, al parecer, o al menos se ufanó de ello, llegó a decirle «barcelonista de mierda» a Fernández Vara, porque para Laporta y los señoritos del Palau un verdadero barcelonista debe identificarse con Cataluña y odiar a España, es su causa primera. Y si no os gusta, os hacéis del Cacereño, que es lo vuestro.

No sólo Laporta os ha insultado lo suficiente para que lo comprendáis. Hace unos pocos días, Xavier Sala i Martín, vicepresidente del club de vuestros amores, denominaba “cazurros” a todos los españoles que critican la identificación del Barça con el independentismo. O sea, a todos los que pensáis que el Barça es también vuestra posesión sentimental y no sólo la de ellos. En efecto, sois unos cazurros. ¿Hay que recordaros a Joan Oliver, director general del Barcelona, llamando “xoriços” a todos los españoles “por el hecho de serlo, de ser españoles”? Deberíais leerlos en catalán, a Sostres, a Alexandre, a Iu Forn, o seguir las andanzas de Joel Joan, a tantos y tantos acomplejados que cada día escupen su odio, su envidia, su resentimiento hacia una nación universal como España, ante la que sólo pueden oponer a once peloteros a los que han convencido de estar reconquistando la Neopatria perdida.

No sé qué más necesitáis. Os han explicado, por una vez sin la tradicional ambigüedad reptiliana del catalanismo, que sois unos imbéciles cazurros que seguís a un equipo que no comprendéis y que no os representa ni lo hará nunca. Desde Fernández Vara al último español, sois, somos, para el imaginario racista catalán, unos muertos de hambre (‘morts de gana’, nos llaman o, como dice Sostres, que el castellano es lengua de pobres y criadas) que no sólo hemos invadido y charneguizado, mestizado, la pureza catalana, inficionando su lengua (no sabéis ni decir Visca, y decís ‘bicca’), sino que también queréis arrebatarles su principal instrumento de agitación y propaganda, que es el Barça. Atended al despliegue de colorines y pancartas de esta tarde. Una tarde a cuyo final saldréis a las calles a gritar ¡Bicca el Barça, bicca Cataluña!, mientras ellos, en las Ramblas, se ciscan en España. O sea, en vosotros.

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