Irina más que nunca

¿Ustedes han mirado bien a Irina Shayk? ¿Han advertido su suavidad felina, sus ojos sin fondo, la boca de ámbar y fresas, la tersura, la gracia? ¿Han visto sus últimas fotografías, envuelta en transparencias, perfilada, turgente? ¿Han admirado su preciosísimo culo, con qué delicadeza ondula su cuerpo, cómo asciende y cae hacia unas piernas de seda y caoba? ¿Recuerdan la inteligencia y la firmeza con que respondió a una periodista cretina que se empeñaba en que gritara ¡visca el Barça!? ¿Pero hay algún canalla que no entienda lo que le puede pasar a un hombre tras perder a una mujer así?

La edad a la que Cristiano Ronaldo conoció a Irina es, además, aquella en la que los hombres, si han de enamorarse, lo hacen para siempre, la edad en la que uno se cree capaz de todo, de rendir al mundo. Sí, pero no a ella. Siempre hay una mujer que te devuelve a tu sombra. La prensa deportiva, que ha terminado siendo una subsede de Sálvame, sin luxe, ha encontrado en la debilidad de Cristiano la herida con la que cebarse. Una de tres: o son antimadridistas (que casi todos lo son, hasta la prensa de Madrid) o no les gustan las mujeres o jamás han tenido a una mujer semejante. Ellos se lo pierden, jauría que este domingo gozará del palizón que nos van a dar los catalinos.

Y menos mal que no ha defraudado a Hacienda. No quiero pensar lo que se habría escrito y dicho en Espanya y el resto del Estado si Cristiano hubiera cometido alguna messiada. Yo no le volveré a exigir nada a Cristiano Ronaldo hasta por lo menos el año que viene. Me imagino que en todos los porteros verá a Irina, que en medio de un regate ‘verra la morte e avrá i tuoi occhi’ (vendrá la muerte y tendrá tus ojos), como dejó escrito el gran Pavese antes de suicidarse. La única esperanza que nos queda a los ‘madrilistas’ es precisamente lo que todos le critican: que continúa irritándose por los goles que no mete. Y supongo que ahí es donde sigue Irina más que nunca.

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