Más información
Treinta y nueve días de conflicto. Y luego, de madrugada, un anuncio de Donald Trump: alto el fuego. Dos semanas de tregua, Estrecho de Ormuz abierto al tráfico de petróleo y la promesa de negociaciones en Islamabad. Las bolsas subieron. El petróleo bajó. El mundo respiró.
Doce horas después, Israel lanzó 160 bombas en diez minutos sobre posiciones de Hezbolá en Líbano. El resultado: 254 muertos y 1.165 heridos, según el Ministerio de Salud libanés. Irán cerró de nuevo Ormuz. y la Guardia Revolucionaria anuncia que derribó un dron israelí y denunció ataques a una refinería en su territorio.
La tregua más celebrada de los últimos años duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
Cómo empezó todo
El conflicto arrancó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel bombardearon instalaciones nucleares iraníes, liquidaron a altos mandos militares y dejaron en ruinas la Fuerza Aérea, la Marina y las defensas aéreas del país persa. En medio del caos, el ayatolá Alí Jamenei, aquejado de cáncer, se convirtió en símbolo de resistencia para los chiíes. Un régimen golpeado, pero no rendido.
Treinta y nueve días de bombardeos, cierres del Estrecho, tensión energética global y presión diplomática culminaron en ese anuncio nocturno de Trump. El presidente estadounidense planteó diez condiciones. Irán las aceptó parcialmente, comprometiéndose a no enriquecer uranio. A cambio, Washington colaboraría en la eliminación de restos nucleares enterrados. Sobre el papel, un acuerdo. En la práctica, una bomba de relojería.
Quién ganó, quién perdió y quién miente
Los analistas no se ponen de acuerdo, y esa divergencia es, en sí misma, un dato.
Para Alfonso Rojo, la lectura es inequívoca: Trump impuso la paz a los ayatolás. Irán sale del conflicto sin Fuerza Aérea, sin capacidad nuclear operativa y con una economía al borde del colapso.
El analista Ramón Pérez-Maura coincide en el diagnóstico económico: el régimen negoció porque se asomó al abismo de la implosión interna.
Pero los diez puntos que Teherán pone sobre la mesa cuentan otra historia. Irán exige control sobre Ormuz, fin del enriquecimiento de uranio bajo sus propias condiciones, retirada total de tropas estadounidenses de la región y levantamiento de sanciones. Según Gustavo de Arístegui, solo tres de esos puntos son realmente negociables. El resto son incompatibles con cualquier cosa que Trump pueda firmar sin hundir su relato de victoria.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, lo resumió con una frase que contiene décadas de historia: «Desconfianza histórica hacia Estados Unidos». No es retórica. Es la arquitectura sobre la que se asienta cualquier negociación con Teherán.
La posición de Washington ante los ataques de Israel sobre Líbano resulta, cuanto menos, llamativa. Trump los calificó de simples «escaramuzas» sin relación directa con el alto el fuego. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, mantiene tropas desplegadas en la región y advierte que actuarán «si así lo consideran necesario».
Dicho de otro modo: Estados Unidos anuncia una tregua y, al mismo tiempo, respalda a Israel mientras este bombardea a los aliados de Irán. No es una contradicción menor. Es el nudo central de todo el problema.
El enviado especial de la ONU, Jean Arnault, ha llegado a Teherán para intentar mediar. La organización busca una solución integral, pero sin capacidad coercitiva real sobre ninguna de las partes. Su margen es estrecho.
Las advertencias que nadie quiere escuchar
El coronel Pedro Baños, uno de los analistas de seguridad más respetados en España, señala varios riesgos que van mucho más allá del conflicto inmediato.
Rusia sale beneficiada de cada hora que Ormuz permanece cerrado: vende su energía más cara y sin competencia. Si el conflicto se extiende seis semanas más, advierte Baños, las consecuencias podrían alcanzar dimensiones de hecatombe económica global. Europa, más dependiente del petróleo del Golfo que Estados Unidos, sufriría las consecuencias con mayor intensidad.
Y luego está China. Pekín no dispara un solo misil, pero lleva meses librando lo que Baños describe como una guerra silenciosa a través de inteligencia artificial, drones y operaciones de influencia. Mientras el mundo mira Ormuz, China juega en otro tablero.
Dos semanas para evitar el desastre
La tregua es real, pero su fragilidad también lo es. Los escenarios posibles se ramifican en varias direcciones, ninguna de ellas sencilla.
Si las negociaciones de Islamabad prosperan en dos semanas y se alcanza un acuerdo sobre el programa nuclear iraní y las sanciones, algo cambiará de verdad en Oriente Próximo. Trump tendría su gran victoria diplomática. Irán conseguiría alivio económico. El mundo, una pausa.
Si Israel continúa atacando a Hezbolá y a los hutíes —y todo indica que no tiene intención de parar—, Irán volverá a cerrar Ormuz y el precio del petróleo escalará con rapidez. El colapso económico interno iraní, combinado con las traiciones dentro del propio régimen que algunos analistas ya apuntan, podría acelerar un cambio en Teherán que nadie sabe exactamente cómo gestionar.
Y en el peor de los escenarios: una escalada que arrastre a Rusia, China y Europa hacia un conflicto cuyas dimensiones nadie quiere calcular en voz alta.
La paz pende de un hilo
Trump lo llama un día histórico para la paz mundial. Sus críticos ven un acuerdo cosmético sobre un régimen radicalizado que no se ha rendido, solo pausado. Ambas lecturas contienen parte de la verdad.
Lo que es innegable es que la situación no admite errores de cálculo. Cada bombardeo israelí sobre Líbano, cada dron derribado por la Guardia Revolucionaria, cada declaración intempestiva, puede hacer saltar por los aires lo que tardó 39 días de guerra en construirse.
El Estrecho de Ormuz tiene 33 kilómetros en su punto más estrecho. Por ahí pasa el 20% del petróleo mundial. Y ahora mismo, la paz global depende de que ese corredor permanezca abierto.
Treinta y tres kilómetros. Dos semanas. Y un mundo conteniendo la respiración.
Opiniones divergentes marcan la discusión
Los analistas no se ponen de acuerdo sobre quién es el verdadero vencedor. Para Ramón Pérez-Maura, la economía iraní está al borde del colapso. El régimen busca negociar ante el riesgo inminente de implosión interna. Los diez puntos que plantea Irán parecen una victoria: control sobre Ormuz, uranio y fin de sanciones. Sin embargo, cinco son incompatibles con las exigencias de Trump.
- No aceptarán futuros ataques a Irán.
- Imposible aceptar uranio enriquecido.
- Un retiro total de las tropas estadounidenses es inviable.
Por su parte, Gustavo de Arístegui coincide en que solo hay tres puntos realmente negociables.
En Periodista Digital, Alfonso Rojo ensalza a Trump como un negociador implacable, afirmando: «Trump impone la paz a los ayatolás». Destaca cómo logró forzar la apertura del Estrecho tras amenazar con consecuencias catastróficas. Según él, Irán se rinde ante una situación sin Fuerza Aérea ni capacidades nucleares; califica esto como un «triunfo arrollador». Además, critica a CNN por desinformar sobre las cuestiones nucleares y observa a Pedro Sánchez frustrado por no tener cartas que jugar.
Carmelo Jordá en Libertad Digital plantea interrogantes similares y detalla los estragos: Irán sale debilitado militarmente después del ataque israelí, similar a lo ocurrido en Siria. Trump se jacta de una victoria rápida.
El coronel Baños, junto a Rojo, alerta sobre los peligros globales:
- Rusia podría beneficiarse vendiendo energía más cara.
- Si este conflicto se extiende seis semanas más, podría desencadenar una hecatombe mundial.
- China está librando una guerra sutil utilizando inteligencia artificial y drones.
- Europa sufrirá más las consecuencias del cierre del Estrecho.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, acusa a EE.UU. de violar acuerdos previos: «Desconfianza histórica hacia EE.UU.»
¿Qué futuro nos espera en esta cuerda floja?
La tregua es frágil. Aunque Irán celebra este pacto, también lanza ataques. Trump presenta esto como un día histórico para la paz; sin embargo, sus detractores ven un fracaso: un régimen radicalizado sin una rendición clara.
Las posibles direcciones son variadas:
- Negociaciones exitosas en dos semanas podrían llevar a una paz duradera.
- Si Israel continúa atacando a Hizbulá y los hutíes, Ormuz podría cerrarse nuevamente y el precio del petróleo aumentaría.
- Un cambio de régimen en Teherán podría ser posible debido al colapso económico y traiciones internas.
- Una escalada global puede incluir ciberataques e implicaciones indirectas por parte de China.
La ONU busca una solución integral mientras EE.UU. sigue vigilante. Irán clama victoria pero enfrenta graves dificultades internas; Trump maneja cartas decisivas en esta partida tan peligrosa. Habrá que ver si logramos frenar el apocalipsis o si todo termina por estallar; la paz pende delicadamente del hilo del Estrecho abierto.
Más en EEUU
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home