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¿Que quién está detrás de «Metomentodo»?

Ángel Sáez García 20 Mar 2013 - 22:00 CET
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¿QUE QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE “METOMENTODO”?

UN JUBILADO ZUMBÓN

“Convendría, por higiene, cambiar de ideas, de convicciones, de principios, como se cambia uno de ropa interior. Quien profesa durante largo tiempo una ideología termina ensuciándola; no me hagan decir con qué”.

Fernando Aramburu

La poca gente de mi edad (quienes superan las sesenta y tantas —muchas— primaveras) que en este barrio aún trabaja (por cuenta propia, claro) me pregunta con alguna frecuencia en qué invierto mi tiempo a diario, ahora que estoy jubilado.

Pues hago un montón de cosas; leo, escribo, pinto, oigo la radio, veo la televisión, voy al súper, saco a Berganza a que haga sus necesidades, callejeo, ensayo con “Talía”, mi grupo de teatro aficionado,… les contesto.

Ayer, verbigracia, mi santa esposa, Belén, me mandó a Correos para que recogiera un paquete que le había enviado su hermana, Lucía, desde el pueblo. Como había una larga cola, tardé el doble de lo acostumbrado en llevar a cabo la mentada gestión, unos diez minutos.

Cuando salí, un agente de la policía municipal estaba rellenando una multa, pues alguien había cometido una infracción al haber estacionado su vehículo en un lugar prohibido. Me acerqué a él y le dije: “¡Vaya hombre, pero si no he tardado nada! Dios vería con buenos ojos que usted tuviera un gesto generoso con este pobre jubilado”.

El guripa no me hizo el menor caso y siguió a lo suyo, cubriendo los espacios en blanco de la “receta”. Reconozco que me pasé tres pueblos, o sea, que no estuve, no, a la altura de las circunstancias, cuando le espeté que no tenía ni un ápice de consideración conmigo y que su actitud me producía alipori.

Él esbozó una sonrisa irónica y comenzó a cumplimentar otra multa, alegando, para más inri, que el dueño (¡machista!) del vehículo no había pagado el preceptivo impuesto de circulación. Esto me soliviantó mucho y, a voz en cuello, con la vena hinchada, le solté que me había dado perfecta cuenta de que me había equivocado al intentar dialogar con un estúpido. Y que, seguramente, un tío suyo, o concejal o constructor, había mediado para que él sacara una plaza en la Policía Local. Una vez él acabó de rellenar la segunda “receta”, la puso debajo del limpiaparabrisas derecho y se dispuso a cubrir con datos la tercera.

No me amilané. Diré más, me comporté como un gallito a su vera durante un cuarto de hora largo, llamándole de todo, desde “morcilla de Burgos” hasta “chorizo de Pamplona”. Él, a cada baldón, respondía con una nueva redacción. A cada multa que coronaba, se le dibujaba en el semblante una media sonrisa, indicativa de la satisfacción que le producía haber canalizado o dado curso a una nueva venganza.

Tras la no(ve)na “receta”, cuando vi que se acercaba el autobús de la línea 5, le largué la mano al objeto de estrechar la suya y le solté: “Lo siento; otro día seguiremos con la farsa, porque tengo que coger ese bus”.

Desde que me jubilé, voy probando cada día a ser alguien distinto del que soy, o sea, maneras de hacerme pasar por otro, en definitiva, mejorar mis dotes o registros de actor aficionado, a fin de sacarle provecho a tantas horas libres como dispongo.

Emilio González, “Metomentodo”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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