SÉ QUE ESTOY DE VACACIONES
Sé que estoy de vacaciones porque esta mañana, nada más despertarme, he salido al balcón de la habitación y he vuelto a comprobar lo que ya sabía, que respirar ese aire marino tinerfeño no sólo les hace un su(pre)mo bien a mis pulmones, sino que es un deleite para el resto de mi cuerpo.
Sé que estoy de vacaciones porque, si no he dormido en Tudela ni en Cornago (en casa de mis dilectos primos Nicolás y Pili), ¡fácil deducción!, es que lo he hecho, sin dejar un mínimo resquicio por el que pueda colarse la duda, flaca, en Las Caletillas; en concreto, en el Hotel Catalonia Punta del Rey, donde, ciertamente, me hallo hospedado. Es el no(ve)no año consecutivo que lo elijo para pasar mis vacaciones de verano.
Sé que estoy de vacaciones porque he vuelto a desayunar de manera opípara. He visto y saludado a trabajadores habituales (Sonia, Muchi, Carmen, señor Hernández, Marimar, Loli, Moisés,…) y he preguntado por los ausentes (Roque —de asueto— y Ulises —de baja; que recobre la salud pronto—,…).
Sé que estoy de vacaciones porque, tras despachar la primera ingesta de la jornada, he bajado al quiosco y he comprado EL DÍA (renovado, remozado) y he acudido a las páginas de CRITERIOS (ahora, en el nuevo formato, en la parte final del mismo) para leer los artículos de Andrés Chaves y Ricardo Peytaví (a quienes no conozco en persona, pero que son para mí dos selectos amigos, dos, estivales —“estos sí que valen” es una apócrifa etimología del vocablo mentado—, con quienes converso a diario de esto, eso o aquello, abundando o discrepando, durante dos semanas al año).
Sé que estoy de vacaciones porque a la atenta camarera que me ha limpiado la habitación le he explicado lo mismo que a otras en años anteriores, que soy ileostomizado y que, por ende, acaso sea esa la razón por la que necesite más papel y más bolsas higiénicas que otros clientes.
Sé que estoy de vacaciones porque he acudido a la biblioteca de Las Caletillas y aquí (donde me hallo ahora tecleando los renglones torcidos que conformarán este texto) he saludado a su diligente responsable, María José, que mañana, precisamente, da inicio a su tiempo de vacación (que lo aproveche y disfrute a tope).
Aunque esté de vacaciones y haya volado al archipiélago canario, siendo un poco más preciso, a la isla que corona el Teide, para relajarme (el año ha sido duro y continuará por parecidos derroteros —intuyo, sospecho— a la vuelta, por diversas razones), sigo siendo un ser humano al que nada de lo humano le es ajeno; por consiguiente, a los deudos y amigos de las víctimas (80 finados y 140 heridos) por el descarrilamiento del Alvia (en uno de los tales viajé el martes, 23, de Tudela a Madrid) cerca de Santiago de Compostela les doy y mando, junto a mi abrazo más sentido, mi más sincero pésame.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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