¿QUÉ ABRE Y CLAUSURA EL ESTÍO?
Esta mañana, mientras andaba pulsando teclas a fin de sacar pasta de un cajero, en la Avenida del virólogo Jonas Edward Salk, han acertado a pasar por mi lado cuatro “nínfulas”, que se lamentaban de las respuestas erróneas que habían dado a las diez preguntas de que había constado el examen que acababan de hacer, de Lengua. A la que vestía minifalda se le han escapado unas cuantas lágrimas al tratar de explicarles a sus compañeras dos gruesos yerros, dos, que había cometido. Si la profe la suspendía, la estúpida culpable del cate habría sido ella, por haberle copiado dos respuestas fallidas, que ella había contestado en un primer momento correctamente, a quien ocupa el pupitre de delante, Leovigilda Gil, la empollona y pelota de la clase.
Esta noche, mientras pulso otras teclas, las de mi portátil, mi musa me impele a que escriba de esta guisa lo que sigue: “El verano suele presentarse con las notas y los buenos o malos rollos en casa causados por las mismas; y acostumbra a despedirse con un jubiloso ‘paso de curso’ o un cabizbajo y escueto ‘repito’”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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