A PROPÓSITO DE “DI LO QUE QUIERAS: YO ME VOY A REÍR DE LO QUE DIGAS”
Dilecta Lola Galán, Defensora del Lector del diario El País:
El premio Nobel de Literatura de 1913, el literato indio Rabindranath Tagore, dictaminó que “si cierras la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera”. Como no quiero que ese juicio o proposición, que ahora, desde una perspectiva meramente racional, no me veo en condiciones de objetar, se quede a la intemperie, sino que entre en mi modesta casa, comparta conmigo la cena y duerma bajo techo en la cama del cuarto de invitados, aseveraré lo que opino al respecto, que la sentencia de Tagore contiene una magnífica verdad literaria, pero acaso encierre, a su vez, dentro de sí, un yerro. Y sostengo lo trenzado arriba por esto, por que tengo para mí que quien deja pasar las pequeñas faltas, a menudo, comete, de manera involuntaria, una torpeza mayúscula, un error colosal, pues, sin darse plena cuenta de ello, la susodicha acción va a propiciar que entren por las puertas y las ventanas de su casa, que ha dejado abiertas de par en par, las grandes.
Hoy, miércoles, 25 de mayo de 2016, hace una hora escasa, he leído en la edición digital de elpais.com (ignoro si la versión que ha aparecido en papel ha sido convenientemente enmendada) el artículo titulado “Di lo que quieras: yo me voy a reír de lo que digas”, que lleva la firma de su autor, Juan Cruz, y he vuelto a constatar lo que le indiqué en el anterior envío, que la presentación del texto hubiera mejorado bastante si el autor o, en su defecto, el responsable de la redacción, hubiera revisado oportunamente el mismo.
Como ocurriera hace unos días con una tribuna de don Antonio Elorza, he vuelto a experimentar la vigencia del eterno retorno y, al alimón, la sensación que también me brotó otrora, de pena, al comprobar que un texto estupendo y con tanta enjundia como fina ironía se haya visto y aún vea afeado por los errores (se los señalo abajo, en negrita, como la otra vez, para que los advierta —no son tantos ni tan graves como los que les precedieron— mejor) que acarrea:
“(…) Ahí es donde un líder político que se formó en esos lances, Pablo Iglesias, llamó “pantuflo” (sobra la coma) a un periodista, Eduardo Inda, y ahí es donde otro periodista cuyo nombre ahora no me viene a la mente insultó con un machismo soberbio a la ahora alcaldesa Ada Colau.
“(…) En este caso llamó la atención que el moderador se abstuviera de llamar la atención al risueño, que campaba en la propia consideración de las cámaras, que debieron entender, como el citado Mayoral, que las risas eran la mejor respuesta para lo que estaba diciendo, en vano, aquella mujer de la derecha.
“Este sería un incidente político-periodístico que revelaría tan solo un caso de trastorno transitorio de los músculos de la risa si no fuera que ocurre cada vez más en el escenario político y en el establecimiento periodístico. Ya tenemos la flecha en el arco y disparamos diga lo que diga el que está delante. (…)”.
Insisto en el parecer que le aduje en mi anterior comunicación. Debe hacer ver a las/os colaboradoras/es de El País, el prestigioso periódico global para el que trabajan, que tienen la obligación de releer sus textos antes de remitirlos a la redacción, por si falta en la redacción el editor que corrija sus muchos o pocos desaguisados.
Aprovecha la ocasión para saludarle a usted y, en su nombre, hacerlo asimismo a cuantas/os contribuyen a que la doble edición de El País vea a diario la luz
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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