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¿Prefieres la versión prima o postrera?

Ángel Sáez García 19 Dic 2020 - 14:00 CET
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¿PREFIERES LA VERSIÓN PRIMA O POSTRERA?

(SI ME QUEDO CON AMBAS, ¿TE SORPRENDO?)

Hay vates (ellas y ellos) que sostienen que la primera versión de un poema es la auténtica y acaso la mejor. Abundo con las/os tales en dicho parecer hasta que, tras dormir la siesta y echarme a los ojos la urdidura (o “urdiblanda”), verbigracia, un soneto, de nuevo, constato que el susodicho es manifiestamente mejorable y me pongo a coronar cuanto antes dicha labor o tarea. Cuando la culmino, quedo contento y vuelvo a recordar la validez y vigencia de ese criterio que sostuvo y dejó escrito en letras de molde quien contribuyó notablemente a la creación de la vacuna contra la poliomielitis, Jonas Edward Salk: “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

A continuación van las dos versiones (en cabeza, la primera; luego, la definitiva) para que no le falten elementos de juicio al atento y desocupado lector (sea ella o él):

LA POESÍA NOS MANTUVO UNIDOS

 

La poesía nos mantuvo unidos,

Aunque el civil estado separaba.

A mí esa situación no me extrañaba,

Quizá por los cincuenta años vividos.

 

Quien vio en nosotros dos a un dúo de idos

Mudó de parecer, vio la caraba.

Si nos hallaba juntos persignaba:

Pecado era mortal vernos fundidos

 

En un abrazo que era interminable

Y daba grima ver, por deleznable,

Siempre que sucia fuera la mirada,

 

Contraria a la que yo contigo, amada,

Gastaba de continuo, tolerable,

Aunque era simulada, sí, y taimada.

 

LA POESÍA NOS MANTUVO UNIDOS

 

La poesía nos mantuvo unidos

Cuando el civil estado separaba.

A mí esa situación no me apocaba

Por la de arrugas pila, años vividos.

 

Quien vio a dos locos, dos, en dos partidos,

Mudó de parecer; se equivocaba.

Si juntos nos hallaba asaz gozaba,

Porque era su ilusión vernos fundidos

 

En un abrazo largo, interminable

Y muy hermoso de ver, por memorable,

Siempre que fuera limpia la mirada,

 

Como la que contigo, Iris, amada,

Vengo usando y parece tolerable,

Pues nunca hasta el momento fue afeada.

 

Ignoro, lector, si coincidirá con mi admirada Iris en la opinión. Cuando le he formulado la pregunta del título global de este texto a ella, me ha contestado el subtítulo que porta: “Si me quedo con ambas, ¿te sorprendo?”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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