UN PAR DE COSAS, ÁNGEL
Dilecto Ángel:
Sabes que te suelo leer asiduamente a diario. Voy a matizar con el “casi”, para disculpar(me) cuando no lo hago de este modo. Acabo de leer lo que vas a publicar con el título: “A Patricia, Rosana y Julio, ¡gracias!”. Del contenido de ese escrito me han llamado dos cosas la atención: que te refieras al amo de la viña como “señor” (con minúscula), frase del refranero y bíblica, que viene recogida en Isaías (no te cito el versículo, porque es lo de menos); la segunda cuestión es referente a la solución irrecusable que te brindó Julio Rodanés y a la conjugación que has hecho del verbo (y él me acercara en su coche…). Yo hubiese utilizado: acercaría (pero, claro, ese hubiera/habría sido yo, no tú)… Respecto a la primera de mis objeciones, supongo que te has atrevido a tutear al Maestro y lo has hecho (queriendo o no) en el enunciado del refrán. A mí también me gusta tutearlo, pero lo escribiría con mayúscula (salvo cuando no quiero hacerlo, que también puede suceder). En alguna ocasión me dejaste claro lo que era la verdad, la mentira y la literatura…
Ayer leía lo que decías de ese maestro común (Piérola). Yo soy más de Arteaga, sin desmerecer a tu favorito. La claridad, rotundidad, sabiduría, franqueza (hasta casi lo vulgar), genialidad, sensibilidad…, de mi tocayo, hacen que lo tenga elevado en un metafórico altar. Si la letra con sangre entra, a mí, a través de Arteaga, me entró con música. Arteaga practicaba deporte con las corcheas y semifusas, alternándolo con un finísimo sentido del humor (se me antoja que un pelín “cabroncete” o malicioso, que enseguida reprimía). Arteaga era positividad a manos llenas, perseverante y con una seguridad cristalina que pudiera sugerir que era más terco que una mula. Pero ¡menuda mula! Para mí la quisiera (o la querría).
Últimamente veo que te ha dado por ir “cagando” sonetos. No quiero decir con esto que los hayas cagado, no, me estoy refiriendo a la facilidad con la que articulas estos poemas, hasta el punto de parecerme que es algo fisiológico tuyo. Sigue haciéndolo mientras quieras y te sientas con ganas, para que otros (como yo y tu legión de fans) vayamos disfrutándolos por deleite.
No te voy a preguntar (en esta ocasión) cómo estás, cómo eres o cómo existes, después de la explicación del cogito ergo sum (coloca la coma donde proceda) del otro día, que decíamos ayer (sin ser fray Luis ni llamarme Descartes, aunque eso ya lo habrás descartado, supongo).
Bueno, en época de recogimiento, casi cuaresmal, confinamiento (que no miento) obligatorio —sin pretenderlo—, de silencio interior que se hace un alboroto en una mente que bulle, me despido de ti con menos cariño del que en realidad te mereces (que sería TODO).
Saludos de
Jesús, ese que tú sabes.
Home