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El régimen de Nicolás Maduro ha recurrido nuevamente a sus estrategias de supervivencia política.
En días recientes, bajo una presión internacional sin precedentes, Maduro ha propuesto a la Casa Blanca una transición acordada que le permitiría mantenerse en el poder durante dos años más, dejando la puerta abierta para que su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asuma la presidencia hasta 2031, con la promesa de convocar unas supuestas elecciones libres después.
Sin embargo, la Administración Trump ha sido clara: cualquier intento de prolongar el mandato de Maduro es inaceptable y exigen su salida inmediata.
La propuesta de Maduro, según fuentes oficiales citadas por medios estadounidenses, incluía también incentivos para que empresas petroleras estadounidenses operaran en Venezuela, a cambio de garantías para una salida “ordenada” y el cese de las hostilidades.
La respuesta de Trump fue contundente: “El líder chavista tiene los días contados”, tal como lo recoge The New York Times.
Desde la Casa Blanca se argumenta que cualquier transición que mantenga a Maduro o a su círculo en el poder solo perpetúa el colapso institucional y el saqueo del país.
El plan madurista
El plan secreto gestado en Caracas proponía que, tras la salida de Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez completara el mandato hasta enero de 2031, comprometiéndose a no presentarse a la reelección. A pesar de que Rodríguez ha desmentido públicamente estas negociaciones, calificando las informaciones como “guerra psicológica”, la presión sobre el régimen aumenta, especialmente tras la intensificación de sanciones financieras y las recientes acusaciones de narcoterrorismo contra la cúpula chavista.
La Constitución venezolana establece que solo se contempla la asunción temporal del vicepresidente en caso de ausencia absoluta del presidente, pero si esta falta ocurre en los primeros años del mandato, debe convocarse elecciones inmediatamente. Prolongar el interinato de Rodríguez hasta 2031 implicaría, en los hechos, una continuidad del chavismo sin urnas, algo que tanto Washington como gran parte de la comunidad internacional consideran inviable y fraudulento.
La postura del presidente Trump es firme: “No reconoceremos ningún proceso electoral ni transición política que no implique la salida inmediata de Maduro y elecciones libres bajo supervisión internacional”, han declarado portavoces oficiales. Estados Unidos sostiene que cualquier intento por acordar una salida diferida o una sucesión interna solo serviría para legitimar una estructura criminal y perpetuar la crisis humanitaria en Venezuela.
La oposición venezolana, liderada por figuras como María Corina Machado, coincide plenamente en que lo único aceptable es romper con el régimen inmediatamente y abrir un proceso electoral auténtico, transparente y supervisado. El incremento en presión militar y judicial busca desarticular las redes del Cartel de los Soles y debilitar al chavismo.
Operaciones contra el Cartel de los Soles y la presión militar
El rechazo estadounidense a la oferta de Maduro se produce en un marco de máxima tensión militar y judicial. Desde el pasado verano, Washington ha calificado al Cartel de los Soles como organización terrorista y ha duplicado la recompensa por la captura de Maduro. Este último es acusado de liderar una red narcotraficante que conecta a la cúpula chavista con cárteles mexicanos y colombianos, así como con organizaciones como el Tren de Aragua y las FARC.
Los operativos navales estadounidenses en el Caribe han elevado aún más la presión sobre el régimen venezolano. Esta operación cuenta con la colaboración de aliados europeos y regionales y tiene como objetivo asfixiar las rutas utilizadas para el tráfico de drogas y blanqueo de capitales controladas por el Cartel de los Soles. Tanto Maduro como varios generales venezolanos figuran entre los más buscados por la justicia estadounidense, con recompensas sin precedentes en tiempos recientes.
El Cartel de los Soles está compuesto por altos mandos militares y civiles que controlan rutas terrestres, aéreas y marítimas para tráfico ilícito. Washington denuncia pactos entre la cúpula chavista y organizaciones criminales como las FARC o el ELN. El despliegue militar estadounidense en el Caribe es uno de los mayores realizados en años recientes.
El papel oscuro de Zapatero y los cómplices internacionales
Mientras se debate cómo acompañar esta transición desde la comunidad internacional, algunos actores europeos vuelven a estar bajo escrutinio. El ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero junto a otros mediadores cercanos al régimen han sido señalados repetidamente por favorecer intereses chavistas y legitimarlos ante foros internacionales. Su intervención no solo ha dilatado indefinidamente el tiempo que Maduro permanece en el poder sino también ha contribuido a blanquear un régimen señalado por torturas y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Zapatero ha sido acusado no solo de mediar en beneficio del chavismo sino también beneficiarse personalmente gracias a sus relaciones con este. Otros actores internacionales han actuado como facilitadores o cómplices del régimen, frenando su aislamiento diplomático.
¿Hacia una ruptura definitiva?
La negativa rotunda del presidente Trump ante cualquier transición dilatada marca un punto sin retorno en esta crisis venezolana. La presión sobre Maduro se intensifica; su única opción parece ser ganar tiempo mientras intenta dividir a la comunidad internacional. Pero ya no hay vuelta atrás: las presiones judiciales, financieras y militares son abrumadoras.
La posibilidad del diálogo se agota rápidamente mientras crece la expectativa sobre si un colapso interno o una operación coordinada podrían acelerar el final del régimen. Estados Unidos junto con sus aliados han dejado claro que no tolerarán más dilaciones ni maniobras evasivas. Los días del chavismo parecen contados; aunque es probable que su salida sea tumultuosa e incierta.
El escenario venezolano oscila entre urgencias por lograr una transición real y las sombras sobre una represión aún más brutal. Lo cierto es que la era Maduro está tambaleándose; un desenlace incierto pero cada vez más cercano parece estar al acecho.
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