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323 mártires perdieron la vida por el ataque a traición de al armada británica

El gobierno argentino rinde homenaje a los tripulantes del A.R.A. General Belgrano

El fatídico 2 de mayo de 1982, un ataque sorpresa del submarino nuclear británico HMS Conqueror cambió para siempre el rumbo de la Guerra de Las Malvinas

Paul Monzón 03 May 2026 - 04:59 CET
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El 2 de mayo de 1982, en las gélidas profundidades del Atlántico Sur, se desató una de las páginas más sombrías de la Guerra de Malvinas. El crucero ligero ARA General Belgrano, orgullo de la Armada Argentina y bautizado en honor al prócer de la independencia, navegaba en misión de patrulla a unos 50 kilómetros de la costa patagónica, fuera de la zona de exclusión marítima declarada por el Reino Unido. Su tripulación de 1.092 hombres, muchos de ellos jóvenes conscriptos con apenas 18 o 20 años, confiaba en la robustez de este veterano buque de la clase Brooklyn, adquirido a Estados Unidos en 1951 y modernizado para la ocasión.

Todo cambió en minutos fatales. A las 15:57 hora local, el submarino nuclear británico HMS Conqueror, comandado por el capitán Nick Barker, detectó al Belgrano en su sonar y lanzó una salva letal: tres torpedos Mark VIII, armados con 533 kg de explosivos cada uno. El primero impactó de lleno en la proa, desgarrando el casco y abriendo una brecha masiva que inundó compartimentos en segundos.

El segundo torpedo falló su objetivo, pero el tercero fue devastador: penetró en el sector de máquinas, detonando calderas y generadores, lo que provocó un incendio incontrolable y cortes totales de energía. El crucero, de 12.500 toneladas, comenzó a escorar violentamente hacia estribor mientras el agua helada del Atlántico —a solo 5°C— invadía sus entrañas.

La escena fue de caos absoluto. Los marinos lucharon por activar las bombas antiahuecamiento y lanzar botes salvavidas, pero la nave se hundió en apenas 56 minutos, a las 16:53. Sobrevivieron 770 hombres, rescatados en heroicas maniobras por destructores argentinos como el ARA Bouchard y el ARA Piedra Buena, además de aviones y pesqueros civiles que desafiaron las aguas turbulentas. Sin embargo, 323 almas quedaron atrapadas en el abismo: oficiales, suboficiales y marineros cuya valentía se selló en el fondo marino, a 65 metros de profundidad.

Este golpe naval, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, no solo diezmó la flota argentina, sino que aceleró las negociaciones de paz y generó un debate global sobre la legalidad del ataque fuera de zona de guerra.

Para inmortalizar su sacrificio, el gobierno nacional decretó el 2 de mayo como Día Nacional del Crucero ARA General Belgrano (Decreto 745/98), una fecha de reflexión patria que evoca el coraje de quienes defendieron el Mar Argentino. Hoy, como cada año, el país inclina la cabeza ante estos guardianes eternos.

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