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El escenario político peruano quedó finalmente definido tras más de un mes de incertidumbre: Keiko Fujimori y el congresista Roberto Sánchez disputarán la presidencia en una segunda vuelta que promete dividir al país. La confirmación oficial cerró un proceso marcado por denuncias, retrasos y una fuerte crisis institucional.
El resultado enfrenta dos proyectos opuestos. Fujimori encarna una propuesta conservadora con énfasis en seguridad y orden, mientras que Sánchez impulsa una agenda de izquierda que plantea reformar la Constitución y ampliar el rol del Estado en la economía.
Con el total de votos contabilizados, la líder de Fuerza Popular se ubicó en el primer lugar con el 17%, seguida de cerca por Sánchez, quien alcanzó el 12%. La diferencia con el tercer candidato, Rafael López Aliaga, fue mínima: poco más de 21 mil votos. Este último rechazó los resultados y denunció un supuesto fraude electoral.
La jornada de votación ya había estado rodeada de irregularidades. En Lima, bastión de López Aliaga, varios centros no abrieron a tiempo por fallas logísticas, obligando a extender el proceso un día más. Aunque observadores internacionales descartaron manipulaciones, la tensión derivó en protestas, operativos policiales y la renuncia de un alto funcionario electoral.
En paralelo, la contienda se vio sacudida por un nuevo frente judicial. La fiscalía acusó a Sánchez de presuntas irregularidades en el financiamiento de su partido y solicitó cinco años de prisión, además de su inhabilitación política. El candidato rechazó las imputaciones y aseguró que carecen de sustento.
El trasfondo de esta elección revela un país profundamente dividido. Fujimori, figura dominante y polémica, mantiene un núcleo duro de apoyo pese a la carga histórica del gobierno de su padre, marcado tanto por la derrota del terrorismo como por graves cuestionamientos por corrupción y violaciones de derechos humanos.
Sánchez, en cambio, ha capitalizado el descontento en regiones alejadas de Lima, donde persiste el rechazo a la destitución del expresidente Pedro Castillo y a la represión de las protestas que siguieron. Su discurso conecta con sectores que se sienten marginados del poder central.
La campaña de ambos candidatos ya anticipa un choque frontal. Mientras Sánchez denuncia un sistema controlado por élites políticas, Fujimori apunta a la izquierda como responsable de la inestabilidad del país.
El próximo 7 de junio, Perú no solo elegirá presidente: decidirá entre dos visiones opuestas en medio de una ciudadanía fragmentada, desconfiada y cansada de la crisis política que ha llevado a nueve mandatarios en apenas una década.
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