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NUEVA DERECHA COLOMBIANA EN ASCENSO

El abogado que aspira a ser Bukele y Milei a la vez: quién es Abelardo de la Espriella, el “tigre” que ha agitado la política colombiana

La llegada de Abelardo de la Espriella transforma el panorama político en Colombia: promete una mano dura al estilo de Bukele y Milei en un país que, aunque ha reducido la pobreza, enfrenta altos índices de violencia y malestar social

Periodista Digital 01 Jun 2026 - 09:56 CET
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Un abogado conocido por sus trajes impecables, sus disputas mediáticas y su defensa de figuras influyentes se ha convertido, casi de manera inesperada, en un fuerte candidato presidencial. Así es Abelardo de la Espriella, quien se presenta como un líder dispuesto a gobernar Colombia con “mano de hierro”, inspirado en los estilos de Nayib Bukele y Javier Milei, en una nación cansada de la inseguridad y donde la política parece cada vez más distante.

En un entorno polarizado, el ascenso de esta nueva derecha se produce en un contexto económico menos alarmante que en años anteriores, aunque no exento de un dato inquietante: algunos indicadores sociales muestran mejoría, pero la violencia y los conflictos con el Estado siguen marcando la cotidianidad.

El fenómeno se ha consolidado este domingo con su triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidencial del país cafetero.

De abogado mediático a candidato presidencial

Abelardo de la Espriella emergió en el ámbito nacional como un abogado penalista destacado, representando a políticos, empresarios, militares y figuras conservadoras en casos polémicos. Ha utilizado televisión, radio y redes sociales como su plataforma, cultivando una imagen de “tigre” sin pelos en la lengua, dispuesto a expresar lo que otros callan.

Su figura provoca reacciones diversas porque además de presentarse como empresario, católico practicante y firme opositor al “comunismo”, ha defendido a políticos implicados en escándalos de corrupción y parapolítica, ha recibido sanciones disciplinarias anteriormente, aunque eso no ha afectado su creciente popularidad entre sectores conservadores.

En su discurso fusiona temas clásicos de la derecha más radical —como seguridad y propiedad privada— con un tono abiertamente desafiante hacia las élites tradicionales, a las que critica por ser “cobardes” ante el avance de la izquierda.

Mano dura al estilo Bukele, liberalismo al modo Milei

De la Espriella no oculta sus influencias. Presenta a Bukele y Milei como ejemplos a seguir:

En sus entrevistas repite una propuesta sobre seguridad que incluye:

  1. Aumentar las penas y restringir beneficios para reincidentes.
  2. Fortalecer el papel del Ejército en áreas donde operan grupos armados.
  3. Revisar acuerdos de paz y negociaciones con organizaciones ilegales para asegurarse de que no se “premien criminales”.

Este mensaje resuena bien en un país donde los índices de violencia son elevados y la sensación de inseguridad persiste.

Un país donde los homicidios no ceden y los grupos armados proliferan

A pesar del empeño del Gobierno por negociar con organizaciones armadas, la realidad es dura.

En vastas áreas rurales persisten las disidencias de las FARC, estructuras del ELN y bandas criminales vinculadas al narcotráfico y minería ilegal. Todas ellas generan violencia y desestabilización.

Los datos recientes indican que hay una tasa de homicidios que no disminuye al ritmo esperado, junto con un reacomodo de grupos armados que ocupan espacios donde el Estado no tiene presencia firme. Esta situación alimenta el mensaje contundente de De la Espriella: su discurso sobre seguridad total se vuelve atractivo para aquellos que sienten que el proceso de paz no les ha traído tranquilidad.

La idea de contar con un presidente que imite el estilo autoritario de Bukele resulta seductora cuando los titulares son constantes sobre las masacres en zonas rurales el aumento notable en extorsiones. Para nadie es un secreto el control territorial ejercido por grupos ilegales.

Es aquí donde su promesa de “mano dura” conecta con el descontento cotidiano.

Más cocaína, más incautaciones: la paradoja del narcotráfico

El narcotráfico sigue siendo un tema candente.

En los últimos años, los informes oficiales han indicado un incremento del área cultivada con coca en diversas regiones clave y se han alcanzado récords en incautaciones de cocaína tanto en puertos como rutas hacia Estados Unidos y Europa.

Esta doble dinámica —más cocaína, más incautaciones— pone de manifiesto un Estado que persigue sin poder reducir estructuralmente este negocio ilícito. La economía ilegal continúa financiando a grupos armados y corrompiendo instituciones locales.

Ante esto, De la Espriella promete:

Su mensaje es claro: no negociar con quienes controlan el cultivo de coca sino derrotarlos directamente. Sin embargo, experiencias previas muestran que aplicar represión sin ofrecer alternativas económicas suele desplazar más problemas que solucionarlos.

Menos pobreza, mayor salario mínimo… pero más descontento con el Estado

En paralelo, el panorama económico reciente presenta señales mixtas:

No obstante:

Este desajuste entre indicadores considerados “aceptables” y una sensación generalizada de estancamiento deja abierta una puerta para discursos rupturistas; ahí entra también el guiño hacia Milei: menos regulaciones fiscales significan más libertad económica.

Crisis sanitaria: reclamos duplicados en cinco años

El sistema sanitario nacional enfrenta una tormenta perfecta actualmente. En los últimos cinco años han surgido cifras alarmantes desde entidades encargadas del control:

Este desgaste se traduce también en:

De la Espriella ha sabido aprovechar este clima adverso prometiendo reformas centradas alrededor tres ejes principales:

Su enfoque mantiene un tono orientado al mercado pero envuelto también con un fuerte mensaje punitivo contra ineficiencias; esto conecta tanto con clases medias urbanas como con sectores populares desesperados ante largas esperas urgentes médicas.

La nueva derecha frente al izquierdista Iván Cepeda

En este escenario complejo, Abelardo de la Espriella capitaliza bien ese cansancio respecto al statu quo establecido anteriormente. En primera vuelta electoral logra consolidar su plataforma dentro esta nueva derecha, asegurándose así avanzar hacia segunda vuelta donde competirá contra el referente izquierdista Iván Cepeda.

Este enfrentamiento va más allá del ámbito ideológico:

La campaña entre ambos perfila una elección marcada por tres grandes debates centrales:

  1. Seguridad vs paz negociada: mano dura versus combinación entre diálogo formalizado e intervención coercitiva.
  2. Modelo económico propuesto: liberalismo económico enfocado recortes estatales versus continuidad políticas redistributivas previas.
  3. Relación institucional propuesta: liderazgo disruptivo pero riesgoso frente alternativas incrementalistas tradicionales.

Así las cosas; mientras Colombia muestra menos pobres respecto hace unos años pero continúa lidiando homicidios persistentes junto aumento producción cocaína e incautaciones significativas además crisis sanitaria acuciante; surge relato líder ofreciendo orden inmediato puede resultar tan atractivo como peligroso simultáneamente ante elecciones venideras donde confrontarán dos visiones opuestas sobre futuro estatal democrático colombiano.

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