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Un abogado conocido por sus trajes impecables, sus disputas mediáticas y su defensa de figuras influyentes se ha convertido, casi de manera inesperada, en un fuerte candidato presidencial. Así es Abelardo de la Espriella, quien se presenta como un líder dispuesto a gobernar Colombia con “mano de hierro”, inspirado en los estilos de Nayib Bukele y Javier Milei, en una nación cansada de la inseguridad y donde la política parece cada vez más distante.
En un entorno polarizado, el ascenso de esta nueva derecha se produce en un contexto económico menos alarmante que en años anteriores, aunque no exento de un dato inquietante: algunos indicadores sociales muestran mejoría, pero la violencia y los conflictos con el Estado siguen marcando la cotidianidad.
El fenómeno se ha consolidado este domingo con su triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidencial del país cafetero.
De abogado mediático a candidato presidencial
Abelardo de la Espriella emergió en el ámbito nacional como un abogado penalista destacado, representando a políticos, empresarios, militares y figuras conservadoras en casos polémicos. Ha utilizado televisión, radio y redes sociales como su plataforma, cultivando una imagen de “tigre” sin pelos en la lengua, dispuesto a expresar lo que otros callan.
Su figura provoca reacciones diversas porque además de presentarse como empresario, católico practicante y firme opositor al “comunismo”, ha defendido a políticos implicados en escándalos de corrupción y parapolítica, ha recibido sanciones disciplinarias anteriormente, aunque eso no ha afectado su creciente popularidad entre sectores conservadores.
En su discurso fusiona temas clásicos de la derecha más radical —como seguridad y propiedad privada— con un tono abiertamente desafiante hacia las élites tradicionales, a las que critica por ser “cobardes” ante el avance de la izquierda.
Mano dura al estilo Bukele, liberalismo al modo Milei
De la Espriella no oculta sus influencias. Presenta a Bukele y Milei como ejemplos a seguir:
- Del presidente salvadoreño toma el relato sobre la “guerra total” contra el crimen organizado, usando las cárceles como símbolo del poder y adoptando el lenguaje de “mano de hierro” frente a delincuentes y corruptos.
- Del argentino asimila una retórica antielitista, promueve un Estado reducido y enfatiza la libertad económica; aunque en Colombia su enfoque está más centrado en la seguridad que en reformas económicas drásticas.
En sus entrevistas repite una propuesta sobre seguridad que incluye:
- Aumentar las penas y restringir beneficios para reincidentes.
- Fortalecer el papel del Ejército en áreas donde operan grupos armados.
- Revisar acuerdos de paz y negociaciones con organizaciones ilegales para asegurarse de que no se “premien criminales”.
Este mensaje resuena bien en un país donde los índices de violencia son elevados y la sensación de inseguridad persiste.
Un país donde los homicidios no ceden y los grupos armados proliferan
A pesar del empeño del Gobierno por negociar con organizaciones armadas, la realidad es dura.
En vastas áreas rurales persisten las disidencias de las FARC, estructuras del ELN y bandas criminales vinculadas al narcotráfico y minería ilegal. Todas ellas generan violencia y desestabilización.
Los datos recientes indican que hay una tasa de homicidios que no disminuye al ritmo esperado, junto con un reacomodo de grupos armados que ocupan espacios donde el Estado no tiene presencia firme. Esta situación alimenta el mensaje contundente de De la Espriella: su discurso sobre seguridad total se vuelve atractivo para aquellos que sienten que el proceso de paz no les ha traído tranquilidad.
La idea de contar con un presidente que imite el estilo autoritario de Bukele resulta seductora cuando los titulares son constantes sobre las masacres en zonas rurales el aumento notable en extorsiones. Para nadie es un secreto el control territorial ejercido por grupos ilegales.
Es aquí donde su promesa de “mano dura” conecta con el descontento cotidiano.
Más cocaína, más incautaciones: la paradoja del narcotráfico
El narcotráfico sigue siendo un tema candente.
En los últimos años, los informes oficiales han indicado un incremento del área cultivada con coca en diversas regiones clave y se han alcanzado récords en incautaciones de cocaína tanto en puertos como rutas hacia Estados Unidos y Europa.
Esta doble dinámica —más cocaína, más incautaciones— pone de manifiesto un Estado que persigue sin poder reducir estructuralmente este negocio ilícito. La economía ilegal continúa financiando a grupos armados y corrompiendo instituciones locales.
Ante esto, De la Espriella promete:
- Reforzar las acciones contra el narcotráfico mediante cooperación internacional.
- Otorgar mayor margen operativo a las Fuerzas Armadas en zonas cocaleras.
- Revisar políticas sobre sustitución de cultivos porque considera ineficaces esas estrategias actuales.
Su mensaje es claro: no negociar con quienes controlan el cultivo de coca sino derrotarlos directamente. Sin embargo, experiencias previas muestran que aplicar represión sin ofrecer alternativas económicas suele desplazar más problemas que solucionarlos.
Menos pobreza, mayor salario mínimo… pero más descontento con el Estado
En paralelo, el panorama económico reciente presenta señales mixtas:
- Se ha logrado reducir el número de personas bajo umbral pobreza monetaria desde los picos provocados por la pandemia.
- El salario mínimo ha aumentado por encima del índice inflacionario durante algunos años recientes, lo cual proporciona algo alivio a trabajadores formales.
- Según proyecciones oficiales, se espera que para 2026 la economía crezca alrededor del 2,5%, ligeramente superior a lo promedio sudamericano; esto posicionaría al país en un punto medio: ni crisis severa ni bonanza económica.
No obstante:
- El empleo informal sigue siendo muy elevado.
- El costo vital para habitantes urbanos como Bogotá o Medellín presiona fuertemente a las clases medias.
- Muchos pequeños empresarios sienten asfixiante la carga tributaria y regulatoria existente.
Este desajuste entre indicadores considerados “aceptables” y una sensación generalizada de estancamiento deja abierta una puerta para discursos rupturistas; ahí entra también el guiño hacia Milei: menos regulaciones fiscales significan más libertad económica.
Crisis sanitaria: reclamos duplicados en cinco años
El sistema sanitario nacional enfrenta una tormenta perfecta actualmente. En los últimos cinco años han surgido cifras alarmantes desde entidades encargadas del control:
- Los reclamos contra aseguradoras y prestadores han crecido exponencialmente.
- Aumentan las denuncias por retrasos para acceder a citas médicas especializadas o falta evidente de medicamentos.
Este desgaste se traduce también en:
- Un aumento notable en judicializaciones: tutelas y demandas para acceder a servicios básicos.
- Creciente desconfianza hacia el modelo mixto público-privado existente.
De la Espriella ha sabido aprovechar este clima adverso prometiendo reformas centradas alrededor tres ejes principales:
- Reducir burocracia entre pacientes médicos.
- Imponer sanciones severas contra EPS incumplidoras.
- Incentivar competencia entre prestadores para mejorar calidad del servicio ofrecido.
Su enfoque mantiene un tono orientado al mercado pero envuelto también con un fuerte mensaje punitivo contra ineficiencias; esto conecta tanto con clases medias urbanas como con sectores populares desesperados ante largas esperas urgentes médicas.
La nueva derecha frente al izquierdista Iván Cepeda
En este escenario complejo, Abelardo de la Espriella capitaliza bien ese cansancio respecto al statu quo establecido anteriormente. En primera vuelta electoral logra consolidar su plataforma dentro esta nueva derecha, asegurándose así avanzar hacia segunda vuelta donde competirá contra el referente izquierdista Iván Cepeda.
Este enfrentamiento va más allá del ámbito ideológico:
- De la Espriella simboliza orden estricto, castigo inmediato junto con liberalismo económico selectivo.
- Cepeda representa una izquierda comprometida con profundizar procesos pacificadores e impulsar justicia transicional mientras busca fortalecer intervenciones estatales sociales.
La campaña entre ambos perfila una elección marcada por tres grandes debates centrales:
- Seguridad vs paz negociada: mano dura versus combinación entre diálogo formalizado e intervención coercitiva.
- Modelo económico propuesto: liberalismo económico enfocado recortes estatales versus continuidad políticas redistributivas previas.
- Relación institucional propuesta: liderazgo disruptivo pero riesgoso frente alternativas incrementalistas tradicionales.
Así las cosas; mientras Colombia muestra menos pobres respecto hace unos años pero continúa lidiando homicidios persistentes junto aumento producción cocaína e incautaciones significativas además crisis sanitaria acuciante; surge relato líder ofreciendo orden inmediato puede resultar tan atractivo como peligroso simultáneamente ante elecciones venideras donde confrontarán dos visiones opuestas sobre futuro estatal democrático colombiano.
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