Está emocionado a más no poder.
Y no es precisamente Federico Jiménez Losantos amigo de regalar los oídos. Y mucho menos a los políticos, sobre todo porque sabe que tarde o temprano acaban defraudando a los votantes.
Viendo el viernes el mitin de Abascal y Macarena Olona, rodeados por decenas de miles de sevillanos en el mismo banco en el que hace sólo siete años no eran capaces de reunir más que a los figurantes que traían, era difícil contener un sentimiento de emoción nacional y gratitud política.
No hay en la vida pública española, en estos cuarenta años de democracia, un movimiento de tal magnitud promovido por tan poca gente y que en tan breve tiempo haya conseguido semejante eco. Y tampoco ninguno de los llamamientos intelectuales a la Nación en época de crisis –Joaquín Costa, La Liga de Educación Política, el Partido Reformista, la Agrupación para la Defensa de la República– pudo asentarse como partido político, con amplia representación parlamentaria y llegando a ser ya el tercero en el voto popular.
Dijo una cosa Abascal en ese discurso del banco de Sevilla que es rigurosamente cierta, y la razón por la que, si VOX no existiera, habría que inventarlo. Cuando ellos empezaron, en el ámbito político, todo estaba prohibido, desde opinar sobre la Guerra Civil a discutir el cambio climático o la Ley de Violencia de Género. Había que asentir, al modo asnal, a lo que mandase La Sexta u ordenase la secta de la Moncloa, a lo que dijera la ETA o rebuznaran los golpistas catalanes, había que aceptar la burricie como asignatura troncal en la enseñanza y odiar a Amancio Ortega por ser rico.
Es un gran alivio saber que en el Parlamento y en la plaza pública Vox defiende cosas que hasta ahora sólo unos pocos defendíamos. Y, dígase lo que se diga, siempre es mejor que lo que uno cree, lo comparta más gente.
El también director de ‘Es la Mañana de Federico’ (esRadio) reconoce que la política acaba desembocando en decepciones:
Con Abascal, Macarena y gente de VOX, y por supuesto con muchos de sus votantes, me pasa como con Ayuso: vivo su aventura política de modo personal. No al nivel del Real Madrid o Rafa Nadal, pero casi. Sé que esto es insano, que la política está para decepcionarnos, porque se mueve sobre absolutos cuando sólo puede desembocar en éxitos relativos.
Pero aún así agradece que haya ciertos visos de ilusión:
Sin embargo, no se puede vivir sin ilusión, sin el orgullo de pertenecer a algo, España, y servir a algo, la Libertad, que justifica cualquier novelería. Yo le agradezco a Santi Abascal que, aunque muchas veces me haga rabiar, y yo le haga rabiar a él, su partido consiga, como español, emocionarme.
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