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OPINIÓN / Afilando columnas

Ignacio Camacho: «Susana Díaz maneja el poder con frío e implacable pulso de terminatrix»

Fernando Sánchez-Dragó hace balance de dos años de Gobierno: "A pesar de sus errores, le felicito, señor Rajoy. Y no es ironía"

25 Nov 2013 - 10:42 CET
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Para los españoles nacidos a finales de los sesenta o principios de los setenta del siglo pasado, lo que sigue a las palabras «Susanita tiene…» es casi necesariamente «un ratón, un ratón chiquitín que come chocolate y turrón, y bolitas de anís». Así, que por arte de la memoria de los cuarentones, el PSOE se ha convertido en un roedor goloso. Lo del Partido Socialista con Susana Díaz el fin de semana del 23 y el 24 de noviembre de 2013 ha sido de una entrega total y absoluta, hasta el punto de que el personaje ha fascinado a gran cantidad de columnistas del papel, que le dedican sus textos el lunes 25 de noviembre. Eso sí, cosa curiosa, todos los artículos dedicados a la estrella andaluza del PSOE aparecen en los periódicos de centro-derecha. Los articulistas de los diarios de izquierdas de Madrid y Barcelona parecen no prestar demasiada atención a la sucesor de José Antonio Griñán.

Otro personaje que aparece varias veces en los espacios de opinión en esta jornada es el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante, por los dos años transcurridos desde que ganó las elecciones prometiendo todo lo contrario de lo que ha hecho desde que llegó a La Moncloa. La opinión negativa sobre Mariano Rajoy la ofrece en El País Enrique Gil-Calvo, con un artículo titulado Ecuador:

El presidente Rajoy se ha apresurado a celebrar el paso del Ecuador de su primera legislatura en el poder con unas enfáticas declaraciones a RNE en las que alardea de los éxitos obtenidos. Lo que parece indicar que se siente crecido, como demuestra la sobria puesta en escena de su afianzamiento en el poder. Pero no ha sido su único gesto para demostrar quién manda. Poco antes también lo dejó meridianamente claro con sus patentes muestras de tácito desprecio tanto al expresidente Aznar, que se permitió amonestarle a título de mentor decepcionado, como al director del único medio informativo de la derecha que ha cuestionado abiertamente su liderazgo.

Resulta curioso que Gil-Calvo quiera destacar el boicot de Rajoy y los suyos a los premios de El Mundo —Las relaciones entre Pedrojota y Rajoy se tensan cada vez más: Moncloa boicotea los Premios Periodísticos de El Mundo— pero no se atreva a llamar por su nombre ni a dicho periódico ni a su director, Pedrojota Ramírez.

Para entender la seguridad en sí mismo que ahora exhibe Rajoy, hay que ponerse en su lugar y advertir cuánto han cambiado sus propias expectativas en la ocupación del poder. Al iniciar su mandato comprendió que no disponía de margen de decisión. Tenía que aplicar sí o sí el inflexible calendario de austeridad que le exigía Bruselas para reducir el déficit. De ahí su fama de indeciso que solo gobernaba por omisión con el único objeto de resistir. Y poco importó su flagrante incumplimiento del programa electoral: todo el mundo había descontado que tenía una agenda oculta de ajuste duro.

Concluye:

Pero afortunadamente para él, la suerte empezó a cambiar a lo largo del verano. Al ver que la austeridad fracasaba, aunque sin reconocerlo así, Bruselas concedió una moratoria en el ajuste del déficit, lo que permitió aflojar la dureza de los recortes y poner fin a la recesión. Además, el caso Bárcenas se desinfló atascado en los juzgados por la destrucción o la falta de pruebas. Y por último, la semana pasada el PSC rectificó y su apoyo a un movimiento secesionista catalán, que también comienza a desinflarse.

Con sus peores problemas en vías de solución, Rajoy empieza a sentirse capaz de gobernar por sí mismo, sin tener que plegarse a la urgencia coactiva de las presiones externas. Ahora emprende un contraataque (con el anuncio de las leyes de servicios mínimos y seguridad ciudadana) destinado a recuperar la confianza de sus votantes y reprimir toda resistencia civil. Espera asegurar su cada vez más probable reelección. ¿O no?

El contrapunto a Gil-Calvo lo da Fernando Sánchez-Dragó en El Mundo. Resulta llamativo, pues dicho columnista suele ser crítico con el gallego que aparentaba sentirse importante paseando por las calles de Nueva York con un puro en la mano. Su artículo se titula Paso del Ecuador:

Los columnistas somos un poco bordes. Nos pasamos la vida criticando al gobierno, a cuento de lo que nos parece mal, que suele ser casi todo, y guardamos silencio en lo concerniente a lo que nos parece bien, cuando lo hay. Eso tiene nombre: mala uva…

Hoy la tendré buena. Voy a hablar bien del gobierno.

Tras repasar toda una larga lista de medidas del Ejecutivo con las que está de acuerdo, Sánchez Dragó concluye:

Inútil es que mencione las medidas de las que disiento. Eso sería repetirme y aullar a la luna. El Lobo Feroz es hoy Lobito Bueno.

‘Porco governo’? No. El balance, tras dos años de legislatura, es positivo. ¿Errores? Sin duda, y de a puño en algunos casos, pero a pesar de ellos le felicito, señor Rajoy. No es ironía.

Llama la atención que casi todos los columnistas, los dos reseñados y otros que han escrito antes sobre el mismo tema, coincidan en lo de ‘Ecuador’. Eso supone que se da por hecho que Rajoy va a acabar la legislatura completa y no va a adelantar las elecciones generales. Si tenemos en cuenta que se ha comprometido de forma pública a que sea así, es muy probable que ocurra todo lo contrario.

Pasamos ahora a las columnas dedicadas a Susana Díaz. En ABC, Ignacio Camacho publica El turbosusanismo:

El trepidante ascenso al estrellato de Susana Díaz, sin haber hecho ni dicho aún nada relevante, es un nuevo paradigma de la posmodernidad política. Es tal la ausencia de liderazgos que cierta opinión pública tiende a fabricarlos a partir de proyecciones artificiales y rasgos vaporosos cuya principal sustancia es la novelería.

Añade:

Lo único que Díaz ha demostrado hasta ahora es una encomiable capacidad para aprender rápido. Ha localizado pronto la percepción de sus puntos débiles y se ha aplicado a corregirlos mediante una intensa y bien planificada campaña de imagen que recuerda a la del primer Zapatero: le dice a todo el mundo lo que quiere oír y luego hace lo que le da la gana. Sabe ejercer el poder, que es lo que mejor ha asimilado en su carrera de bebé-probeta del partido, y lo maneja con frío e implacable pulso de terminatrix.

Concluye:

Susana Díaz es una líder en formación, con cualidades que explotar y defectos que pulir, pero su precipitada eclosión no puede entenderse más que desde un estado colectivo de desesperanza. Sólo el tiempo dirá si estamos ante un prodigio de talento renovador o ante un caso de apresurada sobrevaloración, pero pocas veces se ha visto un listón tan alto para alguien que jamás ha saltado nada.

También en el diario madrileño de Vocento, Félix Madero firma Un mirlo blanco en el PSOE.

Ahora el PSOE ha descubierto que tenía en su buche un mirlo blanco. Siempre que los partidos buscan a ese mirlo ocurre así, de la noche a la mañana. Suárez, Felipe, Aznar y Zapatero fueron mirlos que llegaron a la contra. Las oposiciones en política no valen para nada, señor Rubalcaba, y menos si Felipe González te hace el favor de decirte que eres un santo (laico), pero incapaz de liderar lo que dice tu tarjeta de visita que eres.

Concluye:

En Andalucía el secretario general ha dado sin querer, y quizá sin saberlo, la alternativa a una torera que niega que quiera hacer faena en Las Venta del Espíritu Santo de Madrid. Quizás ella no lo sepa, pero en Madrid la esperan. Ella se espera, y no baila sola. Y no hagan caso cuando un político limita sus expectativas: mi compromiso está con Andalucía, dice Susana Díaz. Bien, vale la ocurrencia si damos por bueno que el único compromiso de un político de raza, y la andaluza lo es, lo tiene con el poder. Cuanto más, mejor. ¿Susana Díaz a las primaria del PSOE? Las ganaría. Y ella lo sabe.

En La Razón, Fernando de Haro trata la misma cuestión escribiendo sobre un Retrato en Granada:

Susana Díaz, que ejerce de sevillana, parece búlgara. Ha sido ensalzada hasta lo más alto con un respaldo en su elección de casi el 100 por 100 de los votos. Unanimidad para la joven promesa a la que todos se agarran como tabla de salvación. Sus contradicciones han sido evidentes.

Concluye:

Sólo quince días después de la Conferencia Política, en la que supuestamente se sellaron las paces y se aceptó aplazar el debate de las primarias y dejar a Alfredo Rubalcaba donde está, se reabre la herida. Griñán y otros han repetido que hace falta un cambio.

El relevo en Andalucía no ha tenido nada de modélico. Ha sido consecuencia del proceso de los ERE. Es hijo de la juez Alaya. Pero eso tampoco importa. Lo que cuenta es mover la silla.

Terminamos con dos columnas bastante similares, aunque publicadas en medios muy diferentes, dedicadas a un tercer personaje, Artur Mas. Sin salir de La Razón nos encontramos con Manuel Calderón y El líder mutante.

Primero quiso ser Martin Luther King, el líder mártir de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, pero le hicieron ver, ruborizados, que en Cataluña los nacidos en Igualada no eran obligados a viajar en los últimos asientos de los autobuses para que los primeros los ocupasen los originarios de Murcia. Luego quiso ser Ben Gurion, padre fundador del Estado de Israel, pero alguien le susurró que Cataluña no era la patria de los supervivientes del Holocausto (que hasta el ridículo tiene límites), ni el pueblo catalán era el pueblo elegido, aunque esto último no lo tiene del todo claro. Ahora quiere ser Gandhi.

Tras un par de ejemplos más, concluye:

Si viajara a México sería PanchoVilla y si lo hiciese a Marruecos, sin duda, Abd el-Krim. La mitomanía crea fantasmas: si viajara a Neverland, sería Michael Jackson.

Juancho Dumall, director adjunto del auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, bromea desde el título. Su columna en El Periódico se llama Artur Mas, según Sabina:

En una de sus viejas canciones, Joaquín Sabina se pone en la piel de un soñador que, frente a la rutina cotidiana, se imagina viviendo otras vidas llenas de resonancias literarias («Al Capone en Chicago, legionario en Melilla, pintor en Montparnasse»). Pues bien, el ‘president’ de la Generalitat parece sufrir un síndrome parecido al del alter ego del cantautor en La del pirata cojo. En poco tiempo, Artur Mas se ha comparado a un capitán de barco que aguanta el timón en medio de la tempestad; a Moisés ante las aguas del mar Rojo; a Martin Luther King defendiendo los derechos civiles; a los mártires del Holocausto judío, y, ahora, en su viaje a la India, a Mahatma Gandhi llevando a su pueblo hacia la independencia. Una sobredosis de épica que casa mal con la tradición de Convergència, partido pragmático, de centro derecha, acostumbrado desde su nacimiento a las oficinas impersonales del poder y a las prosaicas políticas del peix al cove («Comunista en Las Vegas, ahogado en el Titanic, flautista en Hamelín»).

Repasa varios ejemplo más, y concluye:

En su reciente viaje a Israel, comparó la historia del pueblo catalán con la del pueblo judío («Viejo verde en Sodoma, deportado en Siberia, sultán en un harén»).

Y en la India ha dicho que el movimiento catalán se inspira en el de Gandhi («Mercader en Damasco, costalero en Sevilla, negro en Nueva Orleans»). ¿Quién da más?

Ese ‘más’ nos lo dará Mas en su próximo viaje.

 

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