OPINIÓN / Afilando columnas

Juan José Millás: «La pobre Ana Botella duda de sí misma. Nos la imaginamos preguntándole a su marido si es lista»

Quim Monzó (La Vanguardia): "Wert insiste en que el recorte de Erasmus es irreversible. Los fabricantes de condones viven con el corazón en un puño"

Hace un tiempo, este afilador de columnas leyó una frase cuya autoría desconoce, y que no el ha sido desvelada ni tan siquiera buscándola por internet. La cita anónima dice:

Los políticos y los pañales tienen una cosa en común. Han de ser sustituidos regularmente y por las mismas razones.

Cuando uno sigue la actualidad española no puede dejar de pensar en lo acertado de la máxima en cuestión, con independencia de que hablemos de la oposición o del Gobierno, o de los ámbitos nacional, autonómico o local. Excepciones hay, pero pocas. Pero dejémonos de reflexiones de este tipo y entremos en materia. Los espacios de opinión de la prensa de papel española se presentan más variado el 22 de noviembre de 2013 que en otras ocasiones, por mucho que todo lo referido al Ejecutivo y el partido del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante tengan un peso destacado.

En el diario del conde de Godó y Grande de España metido a independentista catalán nos econtramos un artículo de Quim Monzó que sin duda alguna haría las delicias del ministro Eras-menus, pues no deja precisamente en buen lugar a los becarios Erasmus. La columna en La Vanguardia se titula Erasmo de Rotterdam. Arranca contando cómo en Oviedo cuatro estudiantes extranjeros robaron un bar con el objetivo de hacerse con 62 botellas de bebidas alcohólicas para una fiesta en su piso. Y de paso se apropiaron de un ordenador y un reloj de papes. Luego dice:

Tengo delante de casa un edificio con un par de pisos de erasmus. Cuando deja de hacer frío, como el calor hace que tengan que abrir las puertas de los balcones, la visión es deliciosa. Las cenas, las idas y venidas del comedor al dormitorio… Desde el sofá de casa, convenientemente repantigado, en vez de mirar la tele, con unos binóculos Solognac de Decathlon puedes asistir a escenas de película, con gran exhibición de lencería.

Concluye, con mucha gracia:

Hace unos días el ministro de Educación, José Ignacio Wert, dijo que recortaba a la mitad las becas Erasmus: de 40.000 a 20.000. Después dijo que, de hecho, la culpa era de Bruselas. Molesta, Bruselas dijo que Wert mentía. Wert insiste en que el recorte de Erasmus es irreversible. Los fabricantes de condones viven con el corazón en un puño.

Por fin Wert tiene quien escribe sobre él sin ponerle a caldo, y encima en un medio en el que nadie se lo podría imaginar.


Juan José Millás.

Tomamos el puente aéreo y, nada más aterrizar en Madrid, leemos la contraportada de El País. Juan José Millás dedica a mujer que soñó con ser la Hillary Clinton española se quedó en sucesora de Gallardón un artículo con cierto tufo machista. Se titula ¿Soy lista?:

Resulta curioso el trato que dan a Ana Botella en el PP. Como si sufriera una discapacidad que convirtiera en heroicos todos sus movimientos. Muy bien, Ana, muy bien, le susurran al oído con el tono con el que nos dirigimos a un niño que ha empezado a andar tarde y se cae con frecuencia.

Cocluye:

Pues ahí la tenemos, dudando la pobre de sí misma, mientras los suyos apoyan todos y cada uno de sus errores de un modo ridículo al tiempo que, a sus espaldas, hacen gestos de piedad, solicitándonos comprensión. Pobre. Nos la imaginamos por la noche, en la cama, preguntándole a su marido si es lista. ¿Yo soy lista, Jose? ¿A qué viene eso?, le dirá él, ¿era listo Bush, soy listo yo? ¿Pero soy o no soy lista?, insistirá ella. Vale, sí, eres lista, concluirá él. Entonces, ¿por qué monté el número de Madrid 2020? Porque te dejaste llevar, te obligaron los asesores para hacerte la pelota. ¿Y por qué me fui de vacaciones al día siguiente de que murieran cinco crías en unas instalaciones municipales? Mujer, porque era nuestro aniversario, argumentará Aznar. Ah, responderá ella, y se dará la vuelta, para dormir, imaginando que el pueblo la aclama porque sí, por Botella.

Este humilde lector de columnas se pregunta qué pasaría si un articulista de El Mundo, ABC o La Razón le dedicara un texto con ese tono a una mujer del PSOE. Sin duda alguna, las organizaciones feministas ya habrían puesto el grito en el cielo y todos los medios de la zurda estarían denunciando con fuerza el machismo de columnista en cuestión. ¡Qué momento más memorable nos ofrecería ‘El Intermedio’ de Wyoming! Pero no ocurrirá. El autor del texto es de izquierdas, se ha publicado en el buque insignia de PRISA y aquella de la que se insinúa que su inteligencia no da para mucho es una mujer de derechas, y encima está casada con Aznar. Por si acaso, aclaramos que no somos precisamente fans de la mujer que veía gaviotas voladoras sobre el Manzanares.

Saltamos ahora a El Mundo, donde Santiago González dedica al Ejecutivo de Rajoy un artículo titulado Pasar el ecuador.

«Yo creo en la unidad de España», dijo ayer el presidente, afirmación aceptable, aunque no sé si es para voltear campanas que el párroco diga en el sermón: «Yo creo en Dios».

Añade:

Rajoy no va a bajar el IVA, ni siquiera el cultural, no piensa hacer crisis de Gobierno, y para lo de Cataluña ha anunciado que ya le ha dedicado 29.000 millones, que es lo que todo el mundo debería hacer. ¿Más dinero? ¿Y quién más tendría que hacerlo si ya lo hace él con el dinero de todos? ¿Tenía que escoger el aniversario de su triunfo para traicionar una promesa tan importante como la independencia del poder judicial? (Programa electoral 5.2.11. Una democracia ejemplar).

También dice:

No es improbable que a Artur Mas, líder insólito, se le caigan los palos del sombrajo, por la ley de la gravedad. O si no, por su propio peso, pero sin que Rajoy tenga que abandonar su posición de don Tancredo. Se equivoca, sin embargo, al creer que lo único que importa es el resultado final.

Concluye:

El presidente tiene ya más por detrás que por delante y no será de buen tono citar la herencia recibida. A partir de una edad, uno empieza a ser hijo de sus propias obras, para lo bueno y para lo malo. Al final de Los profesionales, Ralph Bellamy le escupe a Lee Marvin: «Es usted un bastardo». «Sí, señor», replica el mercenario. «Pero en mi caso es un accidente de nacimiento, mientras usted se ha hecho a sí mismo». Dicho sea sin ánimo de comparar, naturalmente.


Federico Jiménez Losantos.

También en el diario de Unidad Editorial, Federico Jiménez Losantos escribe sobre el Cordón sanitario de Rajoy. Escribe sobre la ausencia de Rajoy y sus ministros en la entrega de premios de El Mundo —Las relaciones entre Pedrojota y Rajoy se tensan cada vez más: Moncloa boicotea los Premios Periodísticos de El Mundo–.

Ni un solo ministro fue autorizado a rendir homenaje a los periodistas muertos para no tropezarse con los vivos. El trato con CiU y el PSOE han convertido a Rajoy a la doctrina del «cordón sanitario», que ayer esgrimían la Izquierda y los separatistas contra el PP y hoy esgrime el PP contra los pocos medios molestos que quedan. «Lo primero, la libertad», dijo Vargas Llosa. (La de Bolinaga, todavía; -se diría Rajoy- la de estos, ni hablar).

Señala lo que dijo Pedrojota Ramírez, y entre paréntesis lo que Losantos supone que pensaría Rajoy:

«Un Gobierno sin periódicos sólo puede desembocar en un Gobierno sin país». (¡Carmen, por favor, qué maravilla: ni periódicos ni país, sólo Gobierno! ¡Y yo presidiendo eternamente a Rubalcaba!)

Concluye:

Pocas horas después de los Premios, PP y PSOE votaron juntos contra la proposición de UPyD para que los etarras excarcelados sólo tuvieran subsidio de paro si dejaban el terrorismo, pedían perdón a las víctimas, colaboraban con la Justicia y pagaban lo que adeudan como responsabilidad civil por sus crímenes. Rajoy, Rubalcaba, Amaiur, PNV, CiU, ERC, BNG e IU vetaron tanta crueldad e inauguraron el cordón sanitario contra Rosa Díez. ¿Cómo iba a ir Rajoy al premio José Luis López de la Calle? Pero, la verdad, se está mejor al otro lado del cordón sanitario -sea contra el PP, UPyD o EL MUNDO- que con los sanitarios del cordón, esos periosicarios que jamás cortan el cordón umbilical con el poder.

Y sobre la propuesta de que los etarras no cobren el subsidio del paro al salir de prisión si no cumplen una serie de condiciones, escribe Carlos Herrera en ABC. Titula No con mi dinero, lo siento:

Tanto PSOE como IU y diversos grupos nacionalistas se muestran partidarios de que los etarras excarcelados como consecuencia de la sentencia de Estrasburgo inspirada por López Guerra puedan acceder al sueldo social que la legislación prevé para reclusos puestos en libertad después de una larga condena. UPyD y PP accedían a ello siempre que los presos de ETA proclamaran, al menos, algún tipo de arrepentimiento, algún tipo de propósito democrático de enmienda.

Carlos Herrera parece ignorar que, a última hora, dejó sola a UPyD y votó en contra de la propuesta en ese sentido. Continúa la estrella de Onda Cero:

Son los eternos complejos de la izquierda española para con el entorno del terrorismo. Los mismos que batieron palmas tras la sentencia europea sobre la doctrina Parot y su aplicación a reos condenados antes de la proclamación de la misma, los mismos que exigieron rapidez casi inmediata para la liberación por el mecanismo del desahucio exprés de sus celdas, son los que ahora reclaman, como si fueran sus abogados, una paguita con la que afrontar el futuro.

Concluye:

Extraños mecanismos impiden a la izquierda española sacudirse sus complejos y la llevan a exhibir una laberíntica red de criterios selectivos con la que seleccionar a su conveniencia el momento de mancharse las togas. ¿Es o no es paradójico que el PSOE, precisamente el PSOE, hable de principios?

Deberían estar satisfechos con haber cumplido su parte del trato y haber conseguido la derogación de la doctrina de marras. El resto es innecesario: obligar a todos, incluidas las víctimas, a pagarles el vermú con el que van a celebrar su libertad es, sencillamente, una grosería.

Sin salir del diario madrileño de Vocento podemos leer a David Gistau, que titula Inocencia un artículo dedicado al tuit en el que Llamazares negaba que hubiera terroristas de izquierdas —Gaspar Llamazares y su sectarismo político: «Ningún terrorismo es de izquierdas»–.

En su gran libro sobre el asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas, Sciascia advierte del repudio por parte de la inteligencia oficial al que se enfrentaría, en la Italia de la época, cualquier intelectual que se atreviera a discutirle coartadas morales al terror procedente de la extrema izquierda. Semejante custodia de la pureza utópica también tuvo lugar en España. Basta recordar la atroz «boutade» de Juan Benet acerca de que el único problema de Solzhenitsyn fue que se le permitiera salir vivo del gulag.

Cuenta:

David Remnick escribe que, para la confianza de los militantes de base soviéticos, fue demoledor el anuncio de Gorbachov de que la matanza de los bosques de Katyn había sido obra del Ejército Rojo, y no de los nazis. Encerrados en una burbuja de propaganda, los rusos habían llegado hasta los años ochenta convencidos de que comunismo y terror eran términos imposibles de asociar.

La ignorancia de aquellas gentes era comprensible. No así la del diputado Gaspar Llamazares, que vive en una sociedad en la que circula la información, en la que existen compendios de conocimientos históricos. Aun así, se ha descolgado con una reflexión sobre que la izquierda, por definición, no produce muerte ni terror.

Explica de forma brillante:

Sólo esta aceptación de la impunidad moral, absolutamente deshonesta desde un punto de vista intelectual, explica que el comunismo conserve un prestigio redentorista que supone un insulto para la lucha de la democracia liberal contra las dos plagas totalitarias. Pero Llamazares no puede desconocer las Brigadas, ni la Baader-Meinhof, ni siquiera el barniz ideológico de ETA y de su extensión en la izquierda «abertzale», que tantas simpatías insanas captó aún durante el posfranquismo, cuando hasta existía una culpa de portación de uniforme que en sí ya justificaba un asesinato.

Ahora que la crisis ha debilitado los cimientos institucionales de la democracia liberal, y que vuelven a detectarse, como reacción a esto, anacrónicas agitaciones ideológicas, cabe esperar de un diputado nacional que no contribuya a blanquear extremismos de los que existen pavorosas improntas. Sea o no, lo que ha dicho, una nueva «boutade».

Finalizamos en La Razón, donde Alfonso Merlos titula Rancios y sectarios.

Así que Rubalcaba y Soraya se han acordado de los buenos una vez más. De los españoles que viven con la mirada puesta en 1931 y, ya casi en 2014, siguen luchando contra el general Franco. De los sindicalistas de clase que entienden que disponen de patente de corso para hacer lo que les venga en gana, como les venga en gana y cuando les venga en gana. Así no se va a ninguna parte. O sí. A aquellos lugares que huelen a naftalina, que suenan a rancio, en los que reina el sectarismo.

Concluye:

¿Y es este mejunje lo que necesita este país para imprimir velocidad a la salida de la crisis? Es obvio que no. Como lo es que cuanto más pierdan el tiempo estos socialistas con sus agendas en blanco y negro, más tendrán claro los ciudadanos que donde mejor están es lejos del poder. Porque no queremos más involución, más enfrentamientos, más ruina. ¿Se ha entendido algo?

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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