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El hombre que soñó con pasar del palacio de La Cibeles al de La Moncloa, con escala en el Ministerio de Justicia, sigue siendo el 25 de septiembre de 2014 el protagonista casi absoluto de los espacios de Opinión de la prensa de papel de Madrid y Barcelona. La dimisión, con freno al proyecto de Ley del aborto mediante, de Ruiz-Gallardón, es un filón para los columnistas de los diarios impreso, y mucho nos tememos que todavía veremos unos cuantos artículos más dedicados a este asunto.
En esta jornada, prácticamente todos los artículos relevantes (y casi todos los no relevantes también) están dedicados al ya ex ministro. Lo interesante es que en una buena proporción son textos dedicados a elogiarle y a criticar tanto al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante como al matrimonio formado por Pedro Arriola y Celia Villalobos. El punto original del día nos lo ofrece una de las veteranas de la profesión, que en su día estuvo muy vinculado a la televisión estatal, que lamenta la situación por la que pasa TVE y que, sin utilizar la palabra, describe como una especie de ‘eutanasia’ a cámara lenta.
Hacemos sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador y dejamos a continuación cumplida cuenta de todo lo anterior.
Empezamos en El Mundo, donde encontramos el artículo sobre TVE al que nos referíamos unas líneas más arriba. Viene a colación de la prevista dimisión de González-Echenique como presidente de RTVE (que ya es un hecho cuando este humilde lector de columnas escribe las presentes líneas) y su autora es Victoria Prego. Se titula La larga agonía.
Entre todos la mataron o, al menos, la hicieron agonizar y no sabemos cuánto durará su camino hacia la muerte por consunción natural inducida. Televisión Española, que ha sido el objeto de deseo de todos los gobiernos que en España han sido, consiguió aguantar con éxito el desafío que supuso para su supervivencia el nacimiento de las primeras cadenas privadas. Pero, con una estructura gigantesca y una plantilla sobredimensionada, no podía aguantar durante mucho tiempo el pulso sostenido de la progresiva aparición de una amplia variedad de cadenas que, entre otros efectos, dividió dramáticamente para TVE la cuota de pantalla.
Describe diversos avatares de la empresa pública, desde la retirada de la publicidad bajo el gobierno de Zapatero hasta una plantilla sobredimensionada que no puede reducirse hasta finales de 2015, pasando por los 130 millones que Montoro no entrega a la corporación para garantizar su continuidad. Concluye:
Falta del oxígeno que le daría una financiación suficiente y una estructura de costes liberada de servidumbres, a la cadena pública la esperan tiempos de larga agonía. Pero su hundimiento sería una pérdida irreparable para la sociedad española, porque el papel que cumplió durante años y podría seguir cumpliendo no lo va a sustituir nunca la oferta de las cadenas comerciales.
Entendemos que Prego, un referente del periodismo español que jugó un gran papel en la Transición y que se siente unida emocionalmente a TVE, defienda a ese medio estatal. Otros, sin embargo, nos preguntamos si realmente hace falta su existencia. Si todos los periódicos son privados, igual habría que plantearse por qué ha de ser diferente con los medios audiovisuales.
Seguimos en el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, donde de la mano de Luis María Anson entramos en materia gallardoniana. El antaño director de periódicos se deshace en elogios al ex ministro en un artículo titulado Los Arriola aplastan a Gallardón.
Honrado a carta cabal, polemista extraordinario, el mejor parlamentario para el debate, culto de verdad, sobre todo en música y poesía, el exministro de Justicia es un peso pesado que podrá regresar a la política cuando le venga en gana. Hubiera sido un estupendo presidente del Gobierno. Le acosaron siempre los envidiosos y los resentidos con sus políticas de retorta y almirez.
Le ha faltado decir que es guapo y que toca muy bien el piano. Esto último, según comentan algunos, es verdad. Y lo otro, suponemos que es cuestión de gustos y no nos vamos a meter en ello.
Concluye:
Lamento infinito que el matrimonio Arriola haya aplastado a Alberto Ruiz-Gallardón. No será fácil encontrar un político tan liberal, tan tolerante, tan auténtico, como el ministro dimisionario. Tendrá sin duda defectos, como los tenemos todos, y yo los he subrayado en numerosos artículos, pero el balance de su vida política es positivo y hay que reconocerlo así cuando los leñadores del resentimiento se disponen a hacer astillas del árbol caído.
Y ahí siguen los elogios. Eso sí, calificar a Gallardón como «liberal» parece una broma. Y ahí están sus hechos y su pasión por el gasto público desmesurado para demostrarlo.
A los Arriola-Villalobos nos los volvemos a encontrar en otro artículo sobre Gallardón publicado en La Razón. Alfonso Ussía es otro más de los columnistas del periódico generalmente de la ‘disciPPlina’ que carga contra el Gobierno y defiende al dimitido. Hay que decir, eso sí, que en contra de otros articulistas del diario de Marhuenda el ya se mojó en este sentido en el pasado. En esta ocasión titula Ministro rarito. En el texto, de paso, carga contra el sucesor de Gallardón, Rafael Catalá.
Rajoy le ha dado pasaporte a Gallardón cumpliendo las órdenes de la vicepresidenta y el matrimonio Arriola. Y ha cubierto el hueco dejado por don Alberto con un ministro muy rarito de acuerdo a sus manifestaciones públicas.
Sostiene:
Catalá es el típico ministro que sólo puede salir del laboratorio de Arriola, ese individuo que no se ha presentado jamás a la libre voluntad de las urnas y manda sobre todos los que eligieron los ciudadanos españoles. Si en un sistema democrático gobierna un tipo que no ha sido elegido por la ciudadanía, el sistema, con toda nitidez, ha fallado.
Concluye:
Los españoles no hemos elegido a Arriola, y Arriola nos gobierna. Es decir, que vivimos en un permanente golpe de Estado antidemocrático. Ha hecho bien Gallardón en marcharse. Y cuidado con el rarito, que puede darnos prontas sorpresas.

Seguimos nuestro recorrido por la prensa de papel en ABC, donde destacan dos artículos sobre Gallardón. Uno a favor y otro no tanto. El primero es obra de un hombre de confianza de Rubido, Luis Ventoso, y se titula Variaciones Goldberg. Son todos elogios para el dimitido, más incluso que los que se dedican a un fallecido en una necrológica laudatoria. Nos ofrece desde una descripción de su pasión por la música, como buen sobrino nieto de Albéniz, hasta sus méritos políticos. Hemos de reconocer que incluye algún reproche, como que «para medrar coqueteaba con la prensa zurda que abrasaba a su partido» o que politizó la Justicia todavía más de lo que estaba. Concluye con un apasionado retrato personal:
Todos son el mismo Gallardón. Brillante y poliédrico. Culto, divertido, amigo del tinto sabroso y la buena música, admirador de la belleza femenina, dueño de una beagle que se llama Olimpia, fiel a unos trajes ochenteros en forma de saco que tan mal han envejecido. Afable. De risa fácil. Un personaje fascinante. No lo hay mejor para compartir una caña y una charla en la Santa Bárbara. Pero hay dudas de que fuese el más idóneo para llevar el local.
Al menos Ventoso parece que no cree que hubiera sido un gran presidente del Gobierno. Hasta los elogios desmedidos tienen un límite.
El punto crítico y divertido lo ofrece, lo que no sorprende al afilador de columnas, Ignacio Ruiz-Quintano. El columnista de la contraportada del diario madrileño de Vocento titula Consummatum est.
Cuando Gallardón cambió de sitio al pobre Colón, a quien el juez Pedraz podría encausar cualquier día por las cosas de América, no retiró la suntuosa peana, y llegué a pensar que la reservaba para su propia estatua: lo veía ascender a esa peana con el porte de un sacerdote azteca en su pirámide, y una vez arriba, levantar el brazo a lo Lenin, en esa actitud como de querer parar a un taxi que sube por la Castellana.
Eso sí, Catalá tampoco merece sus loas:
A Gallardón lo sustituye en el ministerio de Justicia un caballero que cree en «la singularidad» (?) de los catalanes, lo que nos convierte a los demás españoles en vulgares tontos del haba.
-Si ves a los punkis pasar, no te enamores, tonta del haba -cantaba Manolo Kabezabolo.
Todo, pues, está cumplido.
Simplemente hay que ser muy osado y talentoso para citar al irreverente Manolo Kabezabolo en un artículo político y que no chirríe.
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