Monegal: "Pongámosle a Gallardón q.e.p.d. y que lo lea Mariló Montero, que cree que un réquiem es una firma"
Algunos días resulta especialmente placentera la labor de leer los espacios de Opinión de la prensa de papel de Madrid y Barcelona. De vez en cuando uno se encuentra con una buena colección de artículos interesantes o entretenidos, cuando no ambas cosas, relativos de una diversas cantidad de temas. El 23 de septiembre de 2014 es una de esas jornadas en las que los columnistas se han visto inspirados por una variedad de cuestiones mayor de lo habitual y lo han hecho además con gracia o con profundidad (o, por el contrario, resultan llamativos por lo estridente de lo que dicen). Otra cosa, claro está, es que tengan razón o que el lector comparta los puntos de vista de todos y cada uno de ellos. De hecho esto último resulta imposible a no ser que se sufra un trastorno de la personalidad bastante grave.
Hay tanta variedad y calidad en esta ocasión que incluso, para no saturar con alguna cabecera, hemos tenido que dejar fuera de nuestro afilando columnas algunos artículos que sin duda alguna en otra jornada diferente se hubieran ganado un lugar en nuestro repaso diario a lo más jugoso del columnismo español.
Una vez más hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra.
Arrancamos en Barcelona con el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. El crítico televisivo compartido por El Periódico y y Julia Otero, Ferran Monegal, dedica La decepción de una cabra a criticar el arranque de la enésima entrega de Gran Hermano. Pero eso no es lo interesante del texto. Como suele hacer incluye un párrafo final en el que trata otro asunto; y como suele ser habitual en él, es esa parte la más jugosa del texto. En esta ocasión se lo dedica a la entrevista de Risto Mejide a Sabina, o eso parece al principio, y está encabezado por el ladillo «Gallardón Murió».
Tanto el entrevistador como el entrevistado han estado magníficos. El ‘momento Gallardón’ ha sido un golpe de realismo vitriólico en estado puro. Risto introdujo el tema poniendo un vídeo de ‘Las cerezas’ (2005, TVE-1), cuando Julia Otero puso a Gallardón (entonces alcalde de Madrid) y a Sabina juntitos, y decía el cantautor: «Me siento bien con él. A los dos no nos quieren los del PP». Eran aquellos tiempos en que Gallardón era un verso suelto. «Tuviste buen rollo con él ¿Qué ha pasado?», le preguntó Risto. Y Sabina contestó: «Gallardón murió. Aquel Gallardón no existe. Le hicieron ministro y se transformó. A este de ahora no le conozco». O sea, pongámosle q.e.p.d. y que lo lea Mariló Montero, que cree que un réquiem es una firma.
Al final queda claro que lo que menos le interesaba a Monegal era elogiar a Joaquín Sabina y Risto Mejide, que lo hace. Lo que buscaba era mofarse de Montero y meterse con el ministro de Justicia. Reconozcamos que ha logrado hacer ambas cosas con gracia, aunque este humilde lector de columnas siempre persó que Gallardón, se pongan como se pongan Monegal y Sabina, siempre fue un conservador de tomo y lomo que se hacía pasar por ‘progre’ en el PP por mero populismo.

Carme Chacón y Pilar Rahola.
Pasamos al periódico del conde de Godó y Grande de España que a pesar de haber reculado en su apuesta por el independentismo mantiene entre sus columnistas a algunas personas firmementes partidarias de la secesión. Una de ellas es Pilar Rahola, que titula su artículo en La Vanguardia Carme/Carmen. Explica en el primer párrafo el título:
Iba a responder a doña Chacón citándola por el nombre, pero ese punto es un arduo dilema, porque se llama Carme cuando anhela votos catalanes y Carmen cuando quiere triunfar en los Madriles, y esa dualidad nominal en función de los intereses políticos es un buen lío.
Pero como doña Chacón me ha afeado esa referencia, le respondo: no tengo ningún problema con su nombre en el idioma que sea.
No tiene ningún problema pero lo destaca, que es un modo de señalar a la ex ministra de Defensa como ‘poco catalana’. Hace unos años, le preguntamos a un amigo que vive en Barcelona y, que tenía cierta relevancia pública siendo no nacionalista, si se llamaba ‘Joan’ o ‘Juan’, puesto que habíamos oído referirse a él de las dos maneras. Nos contestó que utilizaba ambos nombres, pero contó algo curioso: «Estoy bautizado como Joan, pero como soy valenciano de nacimiento y no catalanista los nacionalistas me llaman ‘Juan’ para marcarme como no catalán». La apostilla de Rahola sobre Chacón nos recuerda a esto. Por cierto, que cuando formaba parte del Gobierno siempre firmaba los documentos oficiales como ‘Carme’, y ahí está el BOE para acreditarlo.
Durante el resto del artículo, Rahola se dirige directamente a Carme Chacón. Tras presumir de que en Cataluña hay una gran pluralidad en los medios y que los no nacionalistas tienen un reflejo en ellos muy superior a lo que representan (se ve que no ha leído las críticas a TV3 que han empezado a aparecer en La Vanguardia y El Periódico, por ejemplo) dice:
Dice estar acostumbrada a «ser blanco de las infamias de los depositarios de las esencias de España (Losantos, Pío Moa, César Vidal)», y que no le asustan «las ofensas de los autoproclamados guardianes de la ortodoxia catalana» . Otra vez hace trampa.
Tras eso viene la acusación:
Yo sólo aspiro a guardar la coherencia de mis convicciones, y allá cada cual con lo suyo. Y respecto a Moa, Losantos y compañía, menos lobos, que todos estos están encantados con lo que usted dice. No se me haga la progre, doña Chacón, que es mucho más progre la derecha de Cameron que la izquierda que usted representa.
Chacón no sólo es sospechosa de ‘poco catalana’, sino que además se le suelta el peor insulto que puede imaginar un nacionalista catalán: César Vidal, Losantos y Pío Moa están de acuerdo con ella. No estaría de más que les leyera y escuchara de vez en cuando para darse cuenta que no es así, pero lo que toca es marcar como alguien ajeno a la tribu a quien no comparte las tesis nacionalistas.
Y puesto que estamos metidos en asuntos relativos al nacionalismo, una buena manera de pasar a Madrid es con el artículo de Hermann Tertsch en ABC, titulado Religión de un dios miserable. Es uno de esos textos que de vez en cuando el periodista de origen austriaco nos regala a los lectores y que son auténticos ensayos breves, de gran profundidad pero de fácil lectura. En esta ocasión analiza el nacionalismo en general, aunque trata algún caso particular.
Ya lo dijo Joseph Roth hace casi cien años, cuando escribió uno de los más bellos cantos a un Imperio austro-húngaro que ya había dejado de existir. En «La marcha de Radeztky», surge una y otra vez el poder fatal y la sórdida maldad de los fantasmas de las identidades y los odios entre naciones, esa maldición del tiempo moderno que culminó en aquella guerra de 1914 a 1918 que destruyó el mundo de los Von Trotta y del propio escritor austriaco.
Al afilador de columnas, Tertsch le acaba de fastidiar el disfrute de una de sus piezas musicales favoritas. Pero sigamos. Tras recordar el pensamiento de Stefan Zweig, Robert Musil y Friedrich Torberg o la visión de Gasperi, Monnet, Schumann, Adenauer, recuerda el caso de ETA, así como lo que acaba de ocurrir en Escocia y el desafío independentista catalán. Concluye:
Los estados modernos y la UE han de dar la batalla a los nacionalismos, con fascismo y comunismo, el máximo enemigo de la idea europea. Y han de ganarla si Europa no quiere sumirse otra vez en la división, el totalitarismo, la parálisis y la marginalidad. Europa debe enviar a esta religión del odio definitivamente al basurero de la historia. Será una batalla difícil, dura y larga, pero no hay otro camino a medio plazo para la libertad y la convivencia.
Estimado lecho, le recomiendo que lea completo el artículo de Hermann Tertsch. Es de lo mejor que se ha publicado en mucho tiempo, aunque le amargue a uno el disfrute de ‘La marcha de Radeztky’.
Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde el columnista que confesó en Periodista Digital tener «el exótico nombre de Paco», Hughes, escribe una divertida columna titulada Mamachichos, en honor a aquellos personajes con los que desembarcó la televisión ‘made in Berlusconi’ en España. Arranca señalando que Jorge Javier Vázquez, en Sálvame, y Risto Mejide se han declarado partidarios de que se celebre el referéndum independentista en Cataluña.
A Vázquez le debió de parecer que es lo moderno; a Mejide, así lo reconoció, es que le da «morbo» preguntar. El presentador, un señor que abusaba intelectualmente de los triunfitos, entrevistó a Pedro Sánchez el domingo en el estreno de la nueva temporada de su programa. Llamó la atención el colegueo, eso tan de ahora del «contigo me iría a tomar unas cañitas», pero, sobre todo, la ignorancia. Oponer monarquía a meritocracia o política de ciudadanía a política de parlamento es de una ligereza espeluznante.
Tras criticar a laSexta por dar tanta cancha a «los de Podemos de caras de Bélmez» y a las estrellas de Mediaset por «hacer el juego a Mas», concluye:
Hace unos años se anticipó la muerte de la tele. Pero la tele es Joan Collins. Internet se alía con ella, surge el «espectador social» (el telepollas que anticipó Cela) y los políticos vuelven a darse de tortas por aparecer para dejarse tutear por presentadores que no saben de lo que están hablando. O que lo saben demasiado bien.
Y tras el entretenido artículo, que va a cabrear a más de uno pasamos a El Mundo, donde el antaño director de periódicos consigue sorprendernos con un artículo sobre las pretensiones independentistas de Mas y la respuesta que hay que darle. Luis María Anson titula Mas, ante el delito de sedición.
La solución de concordia a la que estaría dispuesto a llegar Pedro Sánchez es una reforma constitucional que, conforme al artículo 168 de nuestra Carta Magna, termina con el ejercicio del derecho a decidir de todos los españoles, incluidos los catalanes, claro. El bamboleo del botafumeiro que a las puertas de su despacho en Moncloa enciende todos los días Soraya, no puede disimular el olor a putrefacción de Estado que emana desde Cataluña. Rajoy no se puede equivocar en esta coyuntura de especial gravedad histórica. Y cometería un error si prescinde de negociar con Sánchez la solución al despropósito planteado por Junqueras y su marioneta Mas. Solución que exige la reforma constitucional.
Ahora la salvación de la unidad de España va a venir del político que quiere demostrar con sus camisas que su detergente lava más blanco. Da igual que Pedro Sánchez nunca llegue a concretar en qué consiste su reforma constitucional. En esa propuesta nunca concretada está para Anson la salvación, y el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante debe aceptarla.
Claro que no nos sorprende este nuevo entusiasmo de Anson con Sánchez. Ya proclamó en su día a Pujol «español del año» (todavía estamos esperando que reconozca que se equivocó, aunque lejos de eso recientemente elogió los servicios que hizo el doble catalán del Maestro Yoda a la gobernabilidad de España; después de haber sido crítico con Felipe González durante años desde ABC, se dedica desde hace años a elogiar el que compaginaba la presidencia del Gobierno con el cultivo de bonsáis, ha tenido grandes alabanzas para Zapatero y no hace mucho soñaba con que Bono fuera secretario general del PSOE —Anson babea proponiendo a José Bono como secretario general del PSOE–.
Seguimos en el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo. Antonio Lucas analiza la que parece popularidad creciente de Podemos con un artículo titulado Gestión de recursos.
Aquellas dos generaciones acojonadas para las que había un infalible plan quinquenal de pobreza a plazo fijo se encontraron en las plazas buscando el quinqué de un líder nuevo. Las televisiones hicieron el resto. De esa combustión de ninis, jubilatas y universitarios nació el discurso de Podemos, guardería releída de la izquierda: de Pablo Iglesias a Errejón, con Monedero en el papel de Camilo Cienfuegos.
Acierta, sin duda alguna, al señalar el papel de la televisión. Eso sí, nos parece muy cruel poner a Monedero en el papel de Cienfuegos. Ya sabemos que murió en extrañas circunstancias (muy parecidas, por cierto a las del fallecimiento del General Mola) y que existen fundadas sospechas de que Fidel Castro había ordenado que le quitaran la vida —¿Asesinó Castro a Camilo Cienfuegos?–.
Lucas está convencido de que los trotsko-bolivarianos españoles van a triunfar:
No sé si son la solución, pero van a ser el relevo.
Sinceramente, algunos deseamos que en esto se equivoque.
Y concluimos con otra de esas columnas muy de fondo publicadas en esta jornada. La encontramos en La Razón y si autor es el maestro Carlos Rodríguez Braun. Se titula Futuro totalitario y tiene una particularidad. Ofrece tantas direcciones de internet para visitar para completar el contenido que casi parece un artículo escrito para un diario digital o una entrada para un blog. Está dedicada a Podemos.
En su primer discurso ante el Parlamento Europeo, el señor Pablo Iglesias proclamó algo parecido a: «El mañana nos pertenece». Y le faltó tiempo a Santos Juliá para recordar en «Babelia» que esa expresión coincidía con «Tomorrow belongs to me», la bella y siniestra canción nazi de la película «Cabaret».
Añade:
La apropiación del futuro es típica de los antiliberales, y podemos ver ejemplos marxistas (http://goo.gl/3GH4cZ y http://goo.gl/eJexYX) y nacionalistas (http://goo.gl/xalgxK). Los socialistas podrán alegar que son opuestos a los nazis, pero en realidad sus coincidencias son mucho más abundantes que sus diferencias (http://goo.gl/FUl5yf). Y así como la frase «una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad», que se cree original de Goebbels, en realidad es de Lenin, a quien el jerarca nazi admiraba.
Termina recordando que el famoso «La historia me absolverá» que proclamó Fidel Castro tras el fracaso del asalto al cuartel de Moncada no era original. La había escrito años antes otro golpista fracasado que más tarde llegaría a poder: Adolf Hitler.
Bien está que de vez en cuando alguien recuerde los parecidos entre todos los totalitarios.
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