Es un valor seguro y al alza dentro del Partido Popular, uno de los baluartes imprescindibles para que Pablo Casado pueda acabar sentado en el Palacio de La Moncloa.
José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, es de los que diseccionan con meridiana claridad la actualidad política y saben dar el palo al rival en el momento en que toca así como reconocer también que hay críticas a los partidos de la oposición que están fuera de lugar.
En la rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno de este 21 de mayo de 2020, el primer edil capitalino fue preguntado por la manifestación, por la cacerolada que varias personas le dieron a Pablo Iglesias e Irene Montero en los exteriores del chalet de Galapagar, en plena sierra madrileña.
Martínez-Almeida, en dos minutos y medios gloriosos, despachó la cuestión dando un baño de humildad y un repaso hemeroteco al hoy vicepresidente segundo del Gobierno de Pedro Sánchez:
Hay algunos a los que no nos va a traicionar la hemeroteca. Hay algunos que hemos condenado los escraches, se produjeran contra quien se produjeran y en todo momento. Hay algunos que no hemos alentado que se hicieran escraches ni que se intimidara a nadie en sus casas. Hay otros que en cambio practicaron escraches, alentaron escraches, animaron que se hicieran y los calificaron de jarabe democrático. Ahora, sin embargo, son ellos los que sufren esos escraches que nosotros, por cierto, condenamos.
El alcalde de Madrid aseguraba que:
El problema de Pablo Iglesias es, básicamente, que quien iba a vivir toda su vida en Vallecas y ahora lo hace en un chalé en Galapagar, era quien iba a limitar mandatos en Podemos a cuatro años luego lo amplió a ocho y este fin de semana, a hurtadillas, quiere ponerlos con carácter indefinido. Que quien no iba a cobrar más de tres veces el salario mínimo interprofesional, ahora ya no quiere poner límites salariales. Iglesias es un político que no suma sino que trata de sobrevivir en la situación en la que nos encontramos.
Para Martínez-Almeida, la paradoja que resume la trayectoria de Iglesias es una estampa demoledora:
Pablo Iglesias es esta persona que disfrutaba mientras se pegaba a un agente de la Policía Nacional. Acuérdense ustedes de la expresión de «¡cómo disfruto cuando se le abre la cabeza a un Policía Nacional!» y ahora, sin embargo, tiene que estar la Guardia Civil en la puerta de su casa no porque haya manifestantes violentos. Sencillamente porque hay manifestantes en la puerta de su casa, no violentos, y condeno que se pongan delante de la puerta de su casa. No como hacían ellos y sus secuaces cuando sí intimidaban y acosaban a dirigentes del PP como Cristina Cifuentes en el barrio de Malasaña. En estos momentos lo que tendría que hacer es salir y dar las gracias a la Guardia Civil por protegerle y pedir disculpas a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por lo que dijo de ellas cuando se limitaban a cumplir las mismas funciones que cumplen hoy con él como vicepresidente del Gobierno.
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