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“El muy útil teorema del punto gordo”

Luis XIII… y medio

“El muy útil teorema del punto gordo”

Para no ser ciego y sordo/ a todo lo que acontece/ lo mejor es, me parece,/aplicar el “punto gordo”.

 

Ayer mismo, un grupo de antiguos alumnos de cuando nuestro Bachillerato, años cincuenta para más señas, celebramos la habitual comida de todos los meses. Allí, como de costumbre, sumergidos en la nostalgia, compartimos recuerdos y anécdotas en sana y alegre camaradería.

La medalla de oro se la llevó mi buen amigo el piloto; nos recordó un ingenioso razonamiento que casi todos habíamos olvidado. Nunca supimos quién lo trajo al Colegio, pero lo cierto es que fue el gran éxito de la temporada.

Se trata del astuto “teorema del punto gordo”. Se construye a partir del postulado de Euclides que afirma que, dentro del plano y por un punto exterior a una recta, puede trazarse una, y sólo una, paralela a esa recta. El tal teorema, por el contrario, asegura que eso será en el caso de los puntos normales y corrientes; porque, si el punto fuera gordo, allí cabrían muchas paralelas más.

Esa audaz proposición requiere demostrar la existencia del tal punto gordo: nada más fácil. Se traza una línea recta, como de tres centímetros; junto a ella, otra, de longitud doble. Luego, debemos preguntarnos:

¿Cuántos puntos tiene la raya pequeña?  Infinitos, ¿no es cierto? ¿Y la larga? Infinitos también; luego es evidente que estos últimos han de ser más gordos.

Regresé a mi casa todavía riendo el simpático recuerdo; hasta que me dio por aplicarlo a la vida real.

Empecé por un hecho cierto: si consideramos el cerebro de Einstein y el de un patán analfabeto de parecida edad, es claro que ambos contendrán, aproximadamente, el mismo número de neuronas; lo que significa similar capacidad también de almacenamiento en sus respectivas memorias. Sin embargo, el del genio, guarda muchos más datos, razonamientos, lecturas, debates, hipótesis, ecuaciones y fórmulas complicadas…mientras que el del zopenco, apenas unas pocas naderías, la mayoría simples y no muy bien traídas.

Aplicando aquí el teorema del punto gordo, hemos de llegar a la conclusión de que cada dato que guarda el cateto ocupa mucho más espacio neuronal que en el caso del sabio.

Por mi cuenta y riesgo, se me ocurre pensar que debemos de tener una especie de cámara de descompresión; toda información  que nos llega, queda allí a la espera de ser refinada mediante su estudio o análisis. O si, transcurrido un tiempo sin que se le preste mucha atención, pasar, tal cuál, definitivamente al almacén.

Voy con un ejemplo: la afirmación “todas las acusaciones contra mí, mi familia y mis más cercanos colaboradores son, sencillamente, bulos y fango. No hay caso, pues todo es una maniobra de la ultraderecha”

¿Qué hará una persona cortita? Darla de inmediato por cierta porque la ha escuchado en la tele. Mas aún: en no pocos casos, el individuo en cuestión, como tenga noticia de algún acto público de VOX cercano a su domicilio, no es descartable que acuda allí para ponerse morado a tirarle piedras.

¿Cómo procederá, por el contrario, una persona cultivada?

Antes de pasarlo definitivamente a la memoria, lo someterá a un riguroso examen.

Lo primero de todo: ¿qué crédito merece el que ha propagado eso? Pasará revista a no pocas promesas del sujeto en cuestión: “Nunca me coaligaré con Podemos pues no podría dormir si lo hiciera” “Jamás pactaré con Bildu” “Nunca gobernaré con los independentistas” “No cabe en nuestra Constitución una Ley de amnistía” y muchas otras más. En consecuencia, del dato inicial se desprenderán unas cuantas capas, las inaceptables. Ocupará ahora, pues, algo menos de espacio.

Luego examinará el caso judicial: ninguno de los  supuestamente, acusados sin razón,  ha interpuesto querella alguna. Actitud impensable en personas inocentes.

Otra capa menos.

Tanto la esposa de Sánchez como el propio Presidente, se han negado a declarar ante el Juez que instruye la causa. No es ésa la actitud más frecuente en personas injustamente acusadas.

Vuelve a disminuir de tamaño el susodicho.

Pasará revista a los Medios de Comunicación no contaminados. El cúmulo de datos, documentos, declaraciones y otros indicios, cuando no pruebas, se han ido acumulando día tras día, hasta formar una enorme montaña que pone muy en cuestión  eso de que “no hay caso”

Más materia descartable que pasa a mejor vida.

Después, buscará ultraderecha por todas partes… salvo en el PSOE y adjuntos. Al no encontrarla, le dará un tajo más al producto almacenado en la sala de espera de su cerebro.

Por último, tras comprobar que la única ultraderecha a la vista, los únicos Partidos claramente totalitarios, son, precisamente el PSOE y sus compinches, el dato inicial, liberado finalmente de toda la hojarasca sobrante, habrá quedado reducido a una mínima expresión.

Queda claro, pues, que cabe mucha más información en el cerebro de una persona que toma sus precauciones ante todo lo que le llega, que en el de otra que se traga sin rechistar lo que le echen.

Lo repito, es puro teorema del punto gordo.

Llegado a este punto, me asaltó una duda cruel. ¿No habría descubierto yo algo así como el Mediterráneo con mi cadena de razonamientos?

¿Eran necesarios tanto rodeo y tanto teorema para llegar a la conclusión de que las personas de mejor nivel siempre poseerán un cerebro más rico y mejor organizado que los menos dotados intelectual y culturalmente?

Vamos, que, ¡para este viaje…!

Posiblemente, mi otro yo, tuviera toda la razón del mundo;

pero no podrá despojarme jamás del enorme placer de haber regresado por unas horas a mi lejana adolescencia para recordar, con la misma alegría de entonces, uno de los teoremas absurdos más ingeniosos de los que tengo noticia.
Sin olvidar que, será todo lo grotesco que se quiera, pero bien aplicado, puede llevarnos a sorprendentes conclusiones.

Mucho mejor todavía: a muy exactas conclusiones.

En definitiva, continúo siendo un ferviente partidario del siempre ingenioso teorema del punto gordo.

¡Y que me quiten lo bailado!

 

Luis XIII… y medio

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