Torpe e impresentable feminismo/sucias son sus perversas transacciones/a cambo de mentiras, subvenciones./¡Hijas del más corrupto socialismo!
Hace días escuché a un prestigioso y veterano abogado, con más de cincuenta años de experiencia profesional. El enunciado de su perorata fue: “En España, la Justicia es una vergüenza”. La desarrolló explicando que, cuando se trata de un caso con matices de carácter político, más o menos relacionado con el Poder, la prevaricación casi siempre estará presente. Si le cae a un Juez de los que se autoproclaman “progresistas”, su resolución será una; pero si el mismo caso, exactamente el mismo, le correspondiera a otro de los que presumen de “conservadores” decidirá de modo diametralmente opuesto. Para mayor vergüenza aún, con independencia de lo que diga la Ley, ambas resoluciones serán absolutamente previsibles, sin más que valorar si favorecerán al PSOE o al PP.
Según también su experiencia, resulta más que sospechoso que, en casos contra ciudadanos corrientes, el Juez jamás olvide solicitar prórroga cuando la instrucción se prolongue demasiado. Por el contrario ¡oh casualidad! si el encausado es alguien afín al PSOE ese olvido se produce no pocas veces; con la consecuencia de que el caso se archive. Citó dos ejemplos muy recientes: el de los terroristas catalanes y el de Salvador Illa. Todos se fueron de rositas. ¿Qué les parece a ustedes?
Y concluyó: ¿cómo se las apañarán para salvar a la esposa de Sánchez? No tenía la menor duda: algo se les ocurrirá. Seguro.
No pocos expertos en derecho se siguen llevando las manos a la cabeza ante el que califican de repugnante e intolerable asunto: el del actual Fiscal General del Estado. Autor de un grave delito, que él mismo confesó haber cometido, ahí sigue, en su elevado puesto; toda una amenaza para la Sociedad estar al arbitrio de un elemento así; pues bien, no ha dimitido ni le han destituido. Esto ya es hacerla y, encima, presumir de ello. En todas sus actuaciones más o menos relacionadas con su amo y señora, en vez de hacer honor a su cargo y defender al Estado, a la Justicia, ha venido actuando como un verdadero mastín dispuesto a liarse a dentelladas con todo lo que pudiera perjudicar a su Pedro Sánchez del alma.
A no pocos expertos en Derecho, con ser gravísimo todo lo anterior, todavía les parece peor la vergonzosa trayectoria del llamado Tribunal Constitucional.
Prevaricando a modo, metiéndose en asuntos que no son de su competencia para favorecer ¿a quién? Seguro que todos ustedes lo adivinan.
Voy con la última de Tribunales, otra que también es como para seguir llorando por nuestro difunto Estado de Derecho.
Me refiero al trágico caso de la madre que asesinó a su bebé. Lógicamente el suceso conmovió a media España. Media España que, entendiera o no de Derecho, como de costumbre, se lanzó a opinar.
Para unos, aquella criminal debía ir a la cárcel de por vida; otros, por el contrario, estaban convencidos de que la sentencia la llevaría a ingresar en un centro psiquiátrico, para, una vez curada, aplicarle la pena de prisión correspondiente.
Seguro que muchos de ustedes habrán oído hablar de “la justicia del pueblo”; pues bien, en esta ocasión, la ciudadanía estuvo mucho más atinada que la Juez, repito, la Juez, porque era una mujer, que se ocupó del caso. A partir del sencillo y siempre eficaz sentido común, el ignorante pueblo llano derrotó por goleada a aquella señora con toga. “¿Dónde y cómo la habrá conseguido?” llegó a decir uno de los escandalizados juristas que comentaron el suceso.
¿Adivinan dónde mandó aquella Juez a la madre asesina? ¿A la cárcel? ¿A la clínica? ¡Pues no señor! Ni a un sitio, ni al otro. ¡La absolvió! Aunque con la obligación de someterse a terapia psicológica, esa asesina ¡está en la calle!
No se pierdan la razón en la que la ¿Juez? de marras basó su sentencia: ¡En que mató a su hijo porque sufría depresión post-parto!
Menos mal que no creó jurisprudencia, porque a partir de tan estrafalaria resolución, cualquier quídam deprimido podría cometer, impunemente, los crímenes más horrendos.
Pues no señor, la verdadera razón de que esté libre, ¡agárrense! consiste en que la criminal es una mujer. Muchos han sido los delincuentes varones que antes de ella adujeron, ante el Tribunal que los juzgaba, haber cometido su fechoría estando deprimidos. El Juez correspondiente, en todos los casos sin fallar uno, les deseó una pronta recuperación…entre rejas.
Dicho de otra manera, si el asesino del bebé hubiera sido un hombre, no cuesta mucho imaginar la que habrían armado las de siempre; vamos, las que cobran por organizar todo el follón que puedan. Y que iba derechito a la cárcel, tampoco hubiera ofrecido la menor duda. Está claro que la lógica se aplica aquí cuando el delincuente es un hombre; en caso contrario, no hay lógica que valga… sino feminismo; o sea, una juerga.
Pero es que hay mucho más. He escuchado a no pocas de esas miserables, no sólo disculpar a esta asesina, sino ¡calificarla de víctima! Al parecer, el pobre bebé no merece una sola mirada. Imagino que, según ellas, al ser, aunque inconscientemente, la causa de la depresión de su mamá… de haber sobrevivido, no me extrañaría que estas pájaras hubieran llegado a pedir pena de cárcel para la criatura.
¿Cuál es la razón de ese fallo judicial? (Entiéndase “fallo” en sus dos sentidos)
Una de dos, y esto no sólo es de mi cosecha: o la de la toga mal llevada es una feminista de aúpa, o estaba muerta de miedo por lo que podrían haber llegado a hacerle las que cobran, y cobran mucho, por dividir a la Sociedad y conseguir la mayor dosis de enfrentamiento posible. ¿Para favorecer a quién? Seguro que también lo han adivinado ustedes. Se trata de un Partido habitualmente conocido a partir de cuatro letras. (De nuevo, lo de “cuatro letras” debe tomarse en sus dos sentidos: el matemático y el otro, mucho, pero que mucho más descriptivo)
Esa gente, las llamadas feministas que tan torcidamente razonaron, por supuesto, sabían perfectamente las barbaridades que estaban profiriendo. Eso todavía hace más grave su intolerable actitud. Porque no dejan de demostrar que la suerte de la mujer, de la mujer en general, les trae al fresco. ¿Les han visto mover un solo dedo en pro de las que ¡en un tercio del planeta! son consideradas poco más que animales? Y no son pocas, precisamente.
Por citar sólo un dato más, cuando una de estas elementas llegó a tener Poder, como, además de perversa, muchas luces no parece que tuviera la pobre, ¡legisló a favor de los violadores! Los violadores, sí, los más asquerosos enemigos de la mujeres.
No, lo que buscan ellas es dinero. Y, hay que reconocerlo, lo están consiguiendo.
Se trata de soltar cuántas burradas convenga, a fin de luchar… ¿por la igualdad entre los sexos? ¡Por supuesto que no! Ellas lo que pretenden no es justicia, sino provocar cuánta desigualdad puedan, pero ahora, a favor de las mujeres.
Ahí está la llamada Ley de violencia de género; (ni siquiera saben leer o eso parece, porque el Diccionario lo deja muy claro: el género es cuestión sólo de las palabras; las personas, lo que tenemos, es sexo)
Pues bien, en su busca del enfrentamiento, se cargó la presunción de inocencia, la igualdad entre mujeres y hombres… hombres que, en cantidad de no pocas docenas, han pasado unos días en la cárcel siendo inocentes, porque alguna mujer les denunció falsamente. ¿Qué les parece?
Como estoy seguro de que les parecerá más o menos lo mismo que a mí, mejor dejarlo en este punto.
Lamento haber llevado, a alguno de ustedes, a proximidades de la depresión. La cosa no es para menos.
Depresión inofensiva, por supuesto. La otra es exclusiva de las llamadas feministas. Depresión o lo que convenga en cada momento. El caso es liarla. Y, cuánto más, mejor. Caiga quien caiga.