El Pacto Verde europeo

¿Qué droga ingieren políticos de la UE para cargarse la industria europea y empobrecer a las clases medias?

Y nuestro casero y vigente Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC)

¿Qué droga ingieren políticos de la UE para cargarse la industria europea y empobrecer a las clases medias?

La droga que desde hace casi un decenio (París, acuerdo de 2016) ingieren muchos altos cargos y parlamentarios de la Unión Europea (UE) tiene que ser muy potente y crear adicción porque si no es difícil explicar el suicidio colectivo de la UE.

Cómo es posible que un proceso iniciado en la capital gala, financiado, impulsado y ejecutado por la UE desde su sede ejecutiva en Bruselas, haya terminado siendo el modelo de negocio de China, que domina toda la cadena de valor, desde las tierras llamadas raras, imprescindibles en su desarrollo, hasta las baterías eléctricas, las placas fotovoltaicas y los vehículos eléctricos. ¿Me lo puede explicar algún entendido porque aplicando el sentido común resulta un sinsentido?

Mientras China controla toda esta tecnología y sigue siendo la fábrica de Europa, y Estados Unidos domina la inteligencia artificial (IA), la UE hace el panoli, empobrece a las clases medias y se queda fuera de cualquier otro avance que impida nuestro camino hacia la nada. Como señaló hace unos días el economista Jesús Fernández-Villaverde, los dos avances tecnológicos que han tenido más impacto mediático en los últimos meses han sido el cohete SpaceX, que aterriza sobre su base después de una misión espacial, y el tapón rosca colgante de las botellas de plástico que se venden en la UE (fabricadas en China). Este último ha sido la aportación de la UE al desarrollo mundial. Por el camino hemos deslocalizado la mayor parte de la industria europea, hasta casi hacerla desaparecer. La última la automovilística, santo y seña de Europa, con estertores desde hace años.

El historiador, sociólogo y escritor alemán Rainer Zitelman ha declarado en ABC que “el cierre de las plantas nucleares”, como consecuencia de la mal llamada transición energética, “ha provocado que Alemania tenga los precios de la electricidad más caros del mundo, provocando que empresas del calibre de Basf, la mayor química del mundo, haya decidido trasladar a China la mitad de su actividad, aduciendo que los precios de la electricidad son siete veces más bajos que en Alemania y que hay menos burocracia”. Y Zitelman se pregunta: “¿Si creemos que el cambio climático es una gran amenaza, deberíamos tener más y no menos plantas nucleares, no?, y añade que “el Gobierno (alemán) ha dicho que a partir de 2035 no se podrán producir coches con motor de combustión. Para Alemania esto supone la mitad de su industria y yo nunca había visto que un país se volviera tan loco como para destruir su producto más exitoso. No tengo nada contra los vehículos eléctricos, pero creo que debería ser una decisión de los consumidores. Esta es una diferencia entre el capitalismo y el socialismo. En el primero, los consumidores son los que deciden y los empresarios van en su busca. En el segundo, es el Gobierno el que decide”.

Y yo añado ¿Qué lleva a los que mandan en la UE a ir contra el sentido común y empecinarse en sus políticas destructivas a pesar de constatar los resultados que generan? ¿Alguna droga, química o económica, suministrada por quienes ganan en este suicidio europeo?

Siguiendo con Alemania, a los ciudadanos (también en el resto de la UE) se les obligó, principalmente a costa de su bolsillo, a cambiar las calderas de carbón por otras de gas natural procedente de Rusia y cuando ya lo han hecho, se les ordena sustituirlas por aerotermia o geotermia “porque el gas natural también contamina” y porque se han cerrado los gaseoductos con Rusia que hacían esclava de Putin a Alemania y a otros Estados de la UE. Suma y sigue en esta locura “descarbonizadora” y empobrecedora de las clases medias, que son las que hacen fuerte a un país. Solo hay que ver el tamaño de las principales economías mundiales: Hace 15 años, la europea superaba en un 10% a la de EEUU. En 2022 era un 23% inferior. El PIB de la UE ha crecido en ese periodo un 21%, frente al 72% de EEUU y el 290% de China.

El decrecimiento, ideología vitriólica que impregna el Pacto Verde europeo y nuestro casero y vigente Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, del que es autora la nueva vicepresidente tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen Muñoz (secretaria de Estado de Energía con la simpar ministra Teresa Ribera Rodríguez, ahora ascendida y recolocada como vicepresidenta tercera y Comisaria de Competencia de la Comisión Europea), es el objetivo de nuestros dopados políticos, que nos quieren verdes, dóciles, pobres y subvencionados. Y como el PNIEC les parece poco a las organizaciones y ONG subvencionadas: Ecologistas en Acción, Greenpeace, Oxfam Intermón, Fridays For Future y la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, porque “solo” se compromete a reducir las emisiones de efecto invernadero en un 23% hasta finales de esta década, cuando ellas quieren un 55%, han recurrido en amparo al Tribunal Constitucional porque, a su juicio, “vulnera los derechos fundamentales de los españoles”, tras rechazar la demanda el Supremo en julio de 2023. Veremos que dice nuestro intérprete de la Constitución, después de que la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos emitiese en abril una sentencia histórica y discutidísima al condenar al gobierno suizo “por inacción climática”, tras reconocer que violó los derechos humanos de las personas mayores al no adoptar medidas suficientes contra el cambio climático. Las demandantes, 2.000 mujeres mayores de 65 años recolectadas por varios abogados con el nombre de “las abuelas suizas”, alegaban que “sus vidas y su salud están amenazadas por las olas de calor agravadas por el cambio climático”.

En los últimos 800.000 años ha habido ocho ciclos de glaciaciones y periodos más cálidos, y el final de la última glaciación, hace unos 11.700 años, marcó el comienzo de la era climática moderna y de la civilización humana. Si entonces hubiesen existido los ecologistas, a lo mejor hubieran evitado las glaciaciones, los desiertos, las selvas y la extinción de los mamuts, los aetosaurios y los cocodriloformos, entre otros. Y ahora vivirían con nosotros en el Páramo de Masas, en los bosques de Muniellos, Irati, Fragas del Eume, Canales, Encantat; en los alcornocales de Cádiz, Málaga y León, como el Zofreral de Cobrana; en la dehesa de Monfragüe, en el Hayedo de Tejera Negra y en la Casa de Campo.

JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

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Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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