Las últimas décadas de la Historia humana se están caracterizando por dos hechos sorprendentes que nunca, hasta ahora se habían producido. Y, casi tan extraño, hasta donde yo sé, no parece existir debate acerca de ello, nadie debe de haberlo percibido. No tengo claro cuál de las dos cosas es más grave.
Voy con ello.
Desde los tiempos de la Edad de Piedra, e incluso más remotos, alguien se hacía con el Poder.
Fuera el poseedor del garrote más grande, el más capaz a la hora de dirigir al pequeño grupo, pasando por las Monarquías, el Feudalismo y todo lo que vino después, alguien mandaba. Eso, seguro.
Unas veces lo haría mejor, otras no tanto; casi siempre barriendo para dentro… pero, con mayor o menor eficacia, se perseguía el bienestar, el progreso de la pequeña banda o, más adelante, de la Nación. Por la cuenta que les traía a los de arriba, pues cuánto más tuviera la gente, más podrían sacarle con impuestos.
Y, siglo tras siglo, esa gente, la pobre gente, la de siempre, la que nunca dejó de padecer, fuera bajo el garrote, la Corona, el Señor Conde de turno o todo lo que vino después, era perfectamente consciente de su penosa situación; agravada por una insufrible impotencia para imponer su número, para liberarse de la opresión.
Pues bien, de un tiempo a esta parte, muy poco tiempo, estas dos circunstancias han saltado por los aires.
Los Gobiernos, me refiero a los occidentales, trabajan denodadamente en contra de sus ciudadanos. Los quieren ver bien pobres. Cuánto más pobres, mejor.
No hacen más que perjudicarles. Y en lo tocante a derechos y libertades, ni les cuento.
Basten unos cuántos datos.
Apoyan una masiva invasión, sueltan violadores, están de parte de los ladrones de viviendas y en contra de sus legítimos propietarios, imponen una censura verdaderamente indecente, fríen a impuestos a la población, cargan contra los autónomos, contra los pequeños y medianos empresarios, promulgan Leyes que persiguen destrozar la agricultura, la pesca, la ganadería y la minería, se cargan la presunción de inocencia y la necesaria igualdad entre hombres y mujeres, acosan al que piensa diferente, crean un delito, el de odio, incompatible con cualquier Régimen civilizado, anulan elecciones cundo el resultado no les gusta, derriban presas… Y la última, en España quieren acabar con las centrales nucleares, la mejor, la más limpia, segura y, también, la más económica fuente de energía. Lo que va a suponer, y a muy corto plazo, un mayor empobrecimiento… sobre el creciente que ya padecemos.
Esto, por citar sólo las agresiones más imperdonables; que, por supuesto, no son las únicas… ni tampoco, serán las últimas. Al tiempo.
Antiguamente, cuando no había ni televisión ni redes sociales, la gente estaba perfectamente al tanto de quién era el enemigo y qué diabluras les estaban haciendo; sea la Inquisición, los caprichos del Monarca que les daba una lanza y les obligaba a enfrentarse en el campo de batalla con otros pobres diablos a los que ni siquiera conocían de vista y que estaban allí tan sin comerlo ni beberlo como ellos, sea una Ley que castigaba con la horca cazar en los bosques de su Señor, cuando la alternativa era morir de hambre… y así sucesivamente.
Pues bien, en los tiempos actuales, a pesar de Internet y de la avalancha de información que sufrimos a diario; vamos, que el que no se entera es porque no quiere… ¡millones y millones de personas, en todo Occidente! no sólo apoyan al enemigo Es que ni siquiera son conscientes de que los están machacando a diario.
Saben perfectamente que sus padres, sus abuelos, sin demasiado esfuerzo llegaron a ser propietarios de una vivienda; conseguían trabajo con facilidad y, salvo alguna tarugada de grueso calibre, no corrían peligro de ser despedidos; en España no había paro; ni deuda, el bienestar no dejaba de crecer…
Y eso sólo en el terreno económico.
Porque el progresivo destrozo en los Planes de Educación, la busca indecente de generaciones cada vez más incultas y menos acostumbradas a razonar, es una canallada de dimensiones estratosféricas.
Pues bien, les aseguran que ahora la situación es mucho mejor que la de sus padres y abuelos… ¡Y se lo creen!
A pesar de que, en muchos casos, no salgan del paro, estén rodeados de familias que no consiguen llegar a fin de mes, la ignorancia vaya a más…
¡Pues se lo creen!
¿Qué está pasando aquí?
Porque, con toda seguridad, la gente de hoy no es ni más tonta ni menos tonta que sus antepasados.
Lo repito.
¿Qué está pasando aquí?
Porque, lo que está más que claro es que están pasando unas cosas terribles. Cada vez más terribles.
¡Y muchísimos siguen sin enterarse!
Con toda seguridad, tan paradójica situación, tiene que poder explicarse.
Eso es cosa de los sabios, sin duda.
Claro que, para que se pongan a ello, los sabios ¡tienen también que enterarse!
Pues parece que tampoco.
En fin, que me remito al título. ¿Alguien lo entiende?
Por favor, si existe un alguien así, que nos lo explique.
Porque me gustaría enterarme.
Aunque no me sirva de mucho; era por saberlo, más que nada.
Pues eso.