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Jano García, economista y escritor originario de Valencia, tiene un tremendo acierto en la tesis de su última columna en El Debate, No es la ultraderecha, es la realidad.
En su publicación de este 10 de febrero de 2026, el comunicador, que cuenta con una tropa importante de seguidores, plantea una idea contundente: en España, los partidos antiinmigración todavía no han alcanzado el mismo nivel que en otras naciones europeas, aunque tanto el PP como el PSOE parecen ignorar las repercusiones de lo que él describe como «la barbarie de la inmigración masiva». Y es que el autor alude a lo que todos vemos en la calle día tras día, cómo nuestro país ha ido cambiando y no precisamente a mejor.
En ese caldo de cultivo, el crecimiento de un partido como VOX, que tiene una idea clara y ferviente contra la inmigración masiva, es inevitable:
El párrafo destacado y final de su tesis detalla:
«La realidad es una y esta tiene la mala costumbre de imponerse siempre. En España, todavía, los partidos antiinmigración no han alcanzado, ni de lejos, el ascenso de otros países en Europa. Del mismo modo que el PP y el PSOE no han llegado, ni por asomo, a ver las consecuencias de la barbarie de la inmigración masiva. En Francia, por ejemplo, ambos partidos acabaron por desaparecer. Es cuestión de tiempo, pues no es la ultraderecha, es la realidad».
La columna resalta cómo algunos relatos ideológicos no se viven con la misma intensidad que lo hace la inmigración. García establece una comparación entre el cambio climático o la deuda pública y problemas más abstractos. Sin embargo, enfatiza que el fenómeno migratorio afecta directamente a las personas:
«Cuando a uno le roban, lo nota. Cuando a uno le violan, lo nota. Cuando uno sale de su casa y ve que su barrio se ha convertido en una especie de aldea del Magreb o en una mini Quito, no hay relato que pueda convencer a los ciudadanos de que sus ojos les están engañando».
Este pasaje clave ilustra la percepción cotidiana que alimenta el rechazo, más allá de las censuras públicas. El autor relaciona el crecimiento de Vox con esta dinámica inevitable: lo ve como una respuesta lógica ante una realidad palpable.
García aporta datos concretos sobre el ascenso de partidos similares en otros países. Por ejemplo, en Suecia, los Demócratas de Suecia pasaron del 2,93% en 2006 al 20,54% en 2022 debido a «enormes problemas con la inmigración». En el Reino Unido, el partido liderado por Nigel Farage arrasa en las encuestas, poniendo en jaque al Partido Conservador. Cita textualmente:
«En Suecia –uno de los países que cuenta con enormes problemas con la inmigración– los Demócratas de Suecia pasaron de tener en el año 2006 tan solo 162.468 votos (2,93 por ciento) a obtener en las elecciones del año 2022 más de 1.330.325 (20,54 por ciento)».
En Francia, tanto el centro-derecha tradicional como la izquierda «acabaron por desaparecer» al ignorar estas realidades. García advierte que España podría estar siguiendo un camino similar.
La columna rechaza la narrativa promovida por sectores de izquierda y «extremo centristas», quienes atribuyen este fenómeno a un repentino racismo masivo entre franceses, españoles, ingleses, alemanes, suecos o italianos. Con ironía, García concluye:
«Esa tesis estúpida y absurda que alimentan sectores de izquierdas y extremo centristas desorientados valdrá para llenar horas de televisión, columnas y radios, pero la realidad es una y esta tiene la mala costumbre de imponerse siempre».
Un fragmento significativo resume su postura:
«Es cuestión de tiempo, pues no es la ultraderecha, es la realidad».
La reflexión muestra cómo Jano García entrelaza ejemplos europeos con lo que sucede en España, utilizando viñetas implícitas para prever un giro similar aquí. Argumenta que, pese a las censuras sociales, muchas personas piensan en privado contra esa «nueva moral», lo que podría dar lugar a alternativas si Vox flaquea. Su estilo agudo y directo invita a confrontar lo tangible con lo narrado; un eco claro a sus críticas anteriores al «rebaño ideológico».
Como señala García, al final la realidad siempre logra abrirse paso tanto en las urnas como en las calles.
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