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Tras seis meses huyendo de la sombra de Bárcenas, el presidente del Gobierno admite que se equivocó "en mantener la confianza en alguien que no la merecía"

Mariano Rajoy: «No soy culpable; ni dimitiré ni convocaré elecciones’

Rubalcaba: “Usted hace daño a España. Le pido que se marche”

Periodista Digital 01 Ago 2013 - 09:24 CET
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«Ni voy a dimitir ni voy a convocar elecciones generales».

Mariano Rajoy ha sido su contundente respuesta a quiénes habían pedido su dimisión y la convocatoria de elecciones.

Rubalcaba, que ha sido muchas veces diana directa de las invectivas del presidente del Gobierno, no se ha achandado y ha desgranado las razones por las que cree que es Rajoy quien debe irse y no él:

«Jamás he cobrado un sobresueldo; jamás he bajado el sueldo a los españoles y me he subido el mío; jamás he enviado sms a un delincuente».

Lo relevante, tras esta camparecencia parlamentaria que tanta expectiva despertó, es que se despeja el panorama político; al menos de momento.

La respuesta de Rajoy a las peticiones del PSOE, Izquierda Plural, UPyD y otros grupos ha sido rotunda: ni va a presentar su dimisión ni va a disolver las Cortes.

Se equivocó en confiar en Luis Bárcenas, pero eso es todo. La Justicia lo aclarará todo.

Y el presidente ha dejado patente , en tono socarrón, a lo que se enfrentaba:

«Ustedes no querían explicaciones sino que me declarara culpable, pero no me voy a declarar culpable porque no tengo constancia alguna de que mi partido se haya financiado ilegalmente; el suyo sí, y lo han dicho los Tribunales».

 

LA COMPARECENCIA, SUS CLAVES Y SUS PROTAGONISTAS

Tras muchos meses de evasivas sobre el caso Bárcenas y bastantes semanas de maniobras políticas para evitar responder a las acusaciones hechas por el extesorero del PP, Mariano Rajoy ha comparecido por fin ante el Congreso de los Diputados.

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba han concluido muy pronto sus comparecencias ante el Congreso, a pesar de que el líder socialista se alargó casi el doble del tiempo previsto en su intervención.

Y el primer balance, a botepronto, es que ni Rajoy sale magullado del embite, ni Rubalcaba queda más debilitado.

No se ha colocado a la defensiva el presidente del Gobierno, sino que ha salido al ataque, contra todos los que no respetan «la presunción de inocencia» y los que hacen «un uso partidista» de este caso «poniendo en riesgo la estabilidad de España y jugando con el futuro de los españoles».

Todas las bofetadas dialécticas se las ha llevado el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se ha permitido «amenazarle» con una moción de censura, lo que para él no constituye tal, sino que es un instrumento constitucional al que le gustaría hacer frente, sobre todo, porque la ganaría.

El presidente del Gobierno ha iniciado el reto reconociendo errores: «Me equivoqué al mantener la confianza en quien no la merece».

Rajoy admite asi, por primera vez en pubñico, un error fatal, pero  ha negado todas las acusaciones al Gobierno y a su partido relacionadas con una presunta financiación ilegal.

Rubalcaba, en su turno, ha seguido también el guión previsto: «No le podemos creer porque nos ha mentido».

El líder de la oposición ha concluido alegando que la permanencia de Rajoy frente a la presidencia del Gobierno es «un problema para España».

Rajoy podía haber contestado a Rubalcaba pero ha decidido hacerlo conjuntamente a todos los grupos al final. El debate pierde así fuerza.

El tercero en saltar a la palestra ha sido Durán i Lleida, de CiU, que ha estado educado como siempre.

Arrancó subrayando que en que puede ser aberrante dar más credibilidad a un delincuente que al presidente del Gobierno, pero ello no exime al presidente de ir a la Cámara a dar explicaciones.

«Señor Rajoy, ha lamentado y pedido perdón por haber confiado en Bárcenas, pero no por lo que vino despúes: por los mensajes que intercambió con el extesorero cuando ya era un delincuente».

Cayo Lara, de la Izquierda Plural, ha sido el cuarto y como han hecho todos los anteriores, dedicó unas palabras a las víctimas de Galicia.

Y entró en materia: «Solo quien tiene algo que esconder en el Gobierno se oculta ante el Parlamento. No le creemos nada, es nuestro derecho. Fin de la cita».

Lo último ha sido una ironía, porque ha recurrido a la coletilla que tanto Rajoy como Rubalcaba han usado cada vez que parafraseaban a un diputado del partido contrario.

LA INTERVENCIÓN DE RAJOY

Mariano Rajoy ha arrancado directo al grano, con habilidad dialéctica y tono firme. El presidente del Gobierno, desde la tribuna del Senado porque el Congreso está en obras, si ha citado el apellido de Luis Bárcenas esta vez. Y en dieciseis ocasiones:

«Di crédito al señor Bárcenas, era una persona de confianza en el partido. No fue tesorero más que un año pero mucho antes había tenido responsabilidades como gerente».

«Me fié de él y le apoyé. Sí, le apoyé como apoyaría a cualquiera que sufre una persecución injusta. Luego llegaron noticias de cuentas en Suiza ocultadas a la Hacienda Pública del Señor Bárcenas. Lo confirmó el juez y el imputado no pudo negarlo.»

«Ese es todo mi papel en la historia. Cometí el error de confiar en un delincuente pero no de encubrir a un falso culpable».

«A partir de aquí el extesorero entendió que su estrategia defensiva sería atacar al PP».

«Al acusado se le permite a no declarar e incluso a mentir en defensa propia».

«¿Se han pagado sueldos? Sï ¿Se han pagado complementos? Sí… Como en todas partes».

«Ustedes me pueden preguntar si son ciertas las declaraciones de Bárcenas. Yo les digo que no lo son. Aquí se acaba nuestra posibilidad».

«Hay quien quiere convertir el parlamento en una enorme comisaría».

El presidente alardeó de acudir por voluntad propia al Congreso y no por la amenaza de una moción de censura ‘pueril‘, ha dejado en manos de la oposición seguir con el asunto, subrayando que ahora es la hora de los jueces.

Y en ese instante, cuando el debate no lleva ni media hora, Rajoy dio la primera estocada al PSOE.

Tras decir que espera que los diputados estén de acuerdo y producirse muchos murmullos, comento socvarrón que evidentemente no todos los estan, pero que uno si debería estarlo: «El señor Pérez Rubalcaba».

Según el presidente, la argumentación que acababa de hacer y literalemnte sus ultimas palabras, es lo mismo que el líder del PSOE dijo no hace mucho en la misma cámara.

Acaba así Rajoy con seis meses de sonrojante silencio.

LA CRONOLOGÍA DE MEDIO AÑO DE EVASIVAS

 

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