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Hay lugares que no solo sirven comida, sino que te transportan. HUTONG, el santuario de la alta cocina china en Madrid, acaba de reabrir tras siete meses de silencio y obras. Pero no se ha limitado a cambiar el papel pintado: ha vuelto con una declaración de intenciones. Aquí, entre las paredes forradas de papeles traídos de Shanghái y la luz tenue que acaricia los jarrones de porcelana, la tradición se sirve en plato moderno.
El barrio de Salamanca ya nota el regreso de su vecino más exótico. La fachada discreta de Calle Lagasca, 81 esconde ahora un interior que mezcla la elegancia de un palacio imperial con el ritmo vivo de un puesto callejero de Hong Kong. Lo primero que sorprende al entrar: una barra de dim sum donde un maestro amasa, rellena y cuece al momento xiaolongbao que escupen vapor al partirlos. «Es teatro gastronómico», me confiesa el chef mientras envuelve langostinos en una masa transparente.
El ritual del pato (y por qué sigue siendo el rey)
Si hay un plato que define HUTONG, es el Pato Laqueado a la Pekinesa. No es solo un plato, es una ceremonia. El horno de leña frutal sigue en su sitio, visible nada más cruzar la puerta, donde los patos dorados giran lentamente durante 90 minutos. La piel queda como vidrio crujiente, la carne jugosa con ese ahumado sutil. «Lo servimos como en Pekín: primero la piel con caviar y pan de cristal, luego el resto con crepes caseras», explica el maître. Es uno de esos momentos gastronómicos que justifican solos la visita.
Pero la carta ha crecido. Entre los clásicos —como el pollo Gong Bao que equilibra picante y dulce con maestría—, ahora brillan novedades como los Calamares en salsa picante, con un fondo especiado que vibra en el paladar, o la Cazuela de lubina y langostinos, donde los pimientos encurtidos de Sichuan dan un golpe de frescura. Y ahí sigue, firme, el Pork Belly de la abuela de Shanghái: panceta sedosa entre panes bao que se deshacen.
Dim sum, arte en movimiento
La nueva barra es el corazón del local. Ver cómo se forman los xiumai (con su coronita de huevas) o los hakao para celíacos —hechos con masa de arroz— es hipnótico. «Queríamos acercar la artesanía al comensal». Los rellenos, desde cerdo hasta trufa, llegan en bambú steamers humeantes. Perfectos para compartir (o no).
Un viaje (sin billete de avión)
Detalles como la vajilla pintada a mano o la música ambiental —una banda sonora de instrumentos tradicionales— refuerzan la sensación de estar en un oasis oriental. Hay dos reservados nuevos: uno para fiestas privadas, otro íntimo, con paredes de seda. El horario se amplía (abren todos los días) y mantienen take away para los que prefieren el Pekín Duck en casa.
HUTONG no es solo un restaurante. Es un viaje a la China más refinada, sin moverte de Madrid. Y ahora, con más sabor que nunca.
*ð Datos prácticos:
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Dirección: Calle Lagasca, 81 (Madrid).
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Reservas: 91 752 75 50.
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Horario: 12:00–16:30 / 19:30–23:30.
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Precio medio: 35€ (sin bebidas).
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Web: hutong.es.*
¿Lo mejor? Pedir el pato con 24h de antelación. El horno de leña no perdona prisas
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