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Veinte locales después, la fórmula sigue siendo la misma: hamburguesa de calidad, producto sin complejos y un precio que no duele. Pero The Fitzgerald ha decidido dar un paso al lado sin perder el norte. Y para eso, nada mejor que hacerlo con uno de los suyos.
Ricard Camarena (dos estrellas Michelin, tres Soles Repsol) se ha puesto al frente de la parrilla junto a los hermanos Carlos y Mario Gelabert. El resultado se llama ‘Canallas’ y no es una colaboración cualquiera. Es el fruto de una amistad de años y de una forma parecida de entender esto de cocinar. Sin postureo. Con oficio.
«Cocinar junto a él es una de esas cosas que llevábamos años hablando entre amigos y que ahora, por fin, hemos hecho realidad«, explica Carlos Gelabert. Y añade: «Para Fitz es un paso adelante muy especial porque vamos a demostrar que el mejor producto, firmado por uno de los cocineros más respetados del país, también puede llegar al alcance de todo el mundo«.
Del otro lado, Camarena lo ve como una oportunidad para llevar la cocina de su Canalla Bistro a un público más amplio.
«Compartir mesa, cocina y oficio con Carlos y su equipo es un placer porque lo hacemos desde la amistad y desde el respeto por lo que cada uno hace bien«, señala el chef.
¿Y qué se va a poder comer en esta fusión? Tres platos que beben de ambos mundos:
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Hamburguesa con pastrami artesano. Carne de Fitz, pastrami casero ahumado de Canalla Bistro, queso cheddar, pepinillos y la salsa secreta de la casa. Se sirve con patatas fritas estilo bistro y bebida por 17,90 €.
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Costillar entero a la brasa. Laqueado con salsa Pekín de Canalla, ahumado en Josper y con un toque de petazetas Murakami. Un guiño asiático que se sirve con patatas y bebida por 21,50 €.
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Flan de vainilla ahumado. La receta tradicional de flan de huevo de Canalla Bistro, pero con un toque de leche ahumada a la brasa de Fitz. 5,90 €.
Estos tres platos estarán disponibles durante un tiempo limitado en los 20 restaurantes de The Fitzgerald repartidos por Madrid, Valencia, Alicante, Castellón y Zaragoza .
Lo interesante de esta movida es que The Fitzgerald no toca su esencia –la hamburguesa sigue siendo el corazón del proyecto–, pero abre la puerta a nuevos formatos y colaboraciones. Una forma de evolucionar sin perder la identidad.
Como dice Camarena, «la clave de la sostenibilidad es lo que se repite cada día cuando nadie está mirando» . Y esto, por ahora, tiene buena pinta.
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