Bodegas López Cristóbal presenta La Linde 2025, su vino más fresco y frutal que a partir de esta añada cuenta con certificación ecológica. Este nuevo paso refuerza el compromiso de Galo López, tercera generación de la familia al frente de la bodega, en capturar la Ribera del Duero, respetando al máximo la personalidad del terruño y el entorno, mediante una viticultura respetuosa y centrada en la vida del suelo. “Es el primer vino de la bodega que cuenta con certificación ecológica, y con el que comenzamos un camino que era necesario para llevar un paso más allá nuestra filosofía, de cara a la siguiente generación”, explica Galo López. Para preservar esa identidad, apuesta por una elaboración que prioriza la fruta, buscando un perfil elegante, sin artificios, que hable con claridad del viñedo. La Linde se elabora mayoritariamente con tempranillo de viñas de 30 años, procedentes de la finca que le da nombre, situada a 770 metros de altitud y sobre suelos calcareo-limosos. Ubicada junto a la bodega, esta finca es el corazón del proyecto
La vendimia de La Linde es siempre manual, con paso por mesa de selección antes de entrar en bodega. La añada 2025 ha tenido una crianza muy breve, de tres meses, en barrica de roble francés. De perfil fresco y frutal, La Linde 2025 destaca por la armonía entre fruta y madera. Su corta crianza realza la intensidad aromática, que en esta añada sobresale en forma de fresas, bayas y frutas del bosque. En boca se muestra sabroso, bien estructurado y con una persistencia amable, manteniendo ese equilibrio fruta-roble que es sello inconfundible de la casa. Un vino que ha sido premiado en diversas ocasiones como Mejor Vino Joven de España por los Premios Baco, por la frescura y elegancia de esta tempranillo de la Ribera burgalesa. Su PVP es de 10,25 €.
En los años 30, Santiago López inició en la Ribera del Duero un proyecto familiar cuyo empujón definitivo en el mundo de la viticultura llegó en los años 80, coincidiendo con los comienzos de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Su hijo, también llamado Santiago, tras unos años como viticultor, elaboró su propio vino, creando Bodegas López Cristóbal. El nombre es el resultado de la unión de dos apellidos (López, por parte de Santiago, y Cristóbal, por parte de Lola, su esposa). Galo, miembro de la tercera generación y actualmente al frente de la bodega, supuso una ayuda determinante en la consolidación definitiva de López Cristóbal, así como el aporte de un carácter muy personal a los vinos.
La construcción que alberga la bodega de López Cristóbal, rodeada de viñedo, mantiene la estructura de la finca agrícola que fue y a la que se sumó, en 2005, el edificio anexo de una antigua harinera construida a principios del siglo XX, una edificación típica de la arquitectura industrial de la época, levantada en piedra, ladrillo mudéjar y madera. Tras más de 30 años, la bodega puede presumir de ser ‘vignerons’ de la Ribera del Duero, pues todo el viñedo que utilizan para elaborar sus vinos es propio. Además, en cada una de sus etiquetas se esmeran por reflejar la identidad de un único viñedo. La clave de sus vinos está en dar el máximo protagonismo al viñedo, con mimo en la viticultura y la mínima intervención posible, para conseguir vinos elegantes, equilibrados, con personalidad y sin maquillajes, que puedan servirse en una mesa y hacer disfrutar a los comensales.
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