Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

La química del helado perfecto

Juan Luis Recio 09 Sep 2026 - 07:33 CET
Archivado en:

El origen del helado en España está íntimamente ligado a las poblaciones alicantinas de Ibi y Jijona y a los denominados pous de neu (“pozos de nieve”), donde se almacenaba el hielo que en verano se usaba para preparar aiguaneu (“aguanieve”) o neu amb sucre y taronja (“nieve con azúcar y naranja”). Desde allí, se extendieron a todo el territorio nacional para convertirse en el postre frío por excelencia. Así comienza el arículo originalmente publicado en The Conversation del que son autores Juan Mora Pastor (catedrático de Química Analítica en la Universidad de Alicante) y Salvador Enrique Maestre Pérez (profesor titular de Nutrición y Bromatología en la Universidad de Alicante). Continuamos:

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. En la actualidad, la heladería artesana requiere profesionales formados en disciplinas muy diversas. Esto es así porque, a pesar de su aparente simplicidad, el helado artesanal es en realidad un sistema coloidal muy complejo donde convergen una emulsión, espuma y cristales de hielo. De cómo se origine y se mantenga este sistema dependerán su textura, su sabor y su estabilidad. A diferencia del industrial, la versión artesanal del helado prioriza el uso de ingredientes frescos, de proximidad y de temporada. Además, trabaja con una menor incorporación de aire, una técnica que se conoce como overrun y es imprescindible para dar su textura a este producto. Por otro lado, presenta una propuesta de sabores más variada y menos estandarizada, con mayor margen para experimentar. Esto ofrece una mayor capacidad de adaptación a la demanda y gustos de la clientela de la zona concreta en la que se comercializa el helado. Algunos ejemplos son el helado de gofio en Canarias, el de horchata en la Comunidad Valenciana o el de gazpacho en Andalucía.

Desde el punto de vista químico, el helado es una emulsión aireada y parcialmente congelada. Su fase continua es una solución acuosa de azúcares, sales y proteínas, mientras que la fase dispersa en esa matriz incluye glóbulos de grasa, cristales de hielo y burbujas de aire. Ambas fases son los dos componentes principales de una mezcla de dos o más sustancias que no reaccionan químicamente entre sí. Sus ingredientes más importantes son:

El proceso artesanal típico de elaboración va desde la formulación y el mezclado a la pasteurización, la homogeneización, la maduración (4–12 h a 4 °C), la mantecación y el abatimiento.

La pasteurización es un tratamiento térmico que consiste en calentar la mezcla líquida a una temperatura específica (entre 65 °C y 85 °C) durante un tiempo determinado –para eliminar posibles bacterias patógenas– y luego enfriarla. A continuación, durante la homogeneización, se reduce el tamaño de los glóbulos de grasa para lograr una emulsión estable y una textura más uniforme en el producto final.

La maduración consiste en dejar reposar la mezcla líquida a temperaturas de refrigeración durante un mínimo de 4 a 12 horas para hidratar proteínas y estabilizantes.

Después, durante la mantecación, la mezcla se enfría y se bate a entre 4 °C y −4 °C, mientras se incorpora aire y se forman microcristales de hielo. Por último, en el abatimiento, debe enfriarse y congelarse nada más salir de la mantecadora.

Para su conservación, se recomienda alcanzar −18 °C rápidamente para evitar el crecimiento de cristales y mantener la textura cremosa. Un enfriamiento demasiado lento o fluctuaciones de temperatura provocan recristalización, lo que da lugar a helados granulados. La temperatura de servicio ideal está entre −12 °C y −14 °C, donde el helado es suficientemente blando para que podamos percibir su sabor, sin perder su estructura.

Por su parte, la textura perfecta resulta del equilibrio entre diferentes factores. Uno de ellos es el tamaño de los cristales de hielo: cristales pequeños implican una textura más suave; cristales grandes reducen la sensación de suavidad. También es clave la presencia de grasa, que aporta una sensación cremosa.

Prácticamente cualquier ingrediente puede incorporarse al helado, si se ajusta la formulación para lograr el equilibrio fisicoquímico adecuado. Sin embargo, existen algunas consideraciones importantes a tener en cuenta si queremos conseguir un producto artesanal de calidad:

En definitiva, el helado artesanal perfecto es el resultado de combinar un cierto dominio de la fisicoquímica coloidal, el uso de ingredientes de calidad y el control de los procesos de elaboración. Su menor contenido de aire, las materias primas frescas y la flexibilidad en cuanto a la adaptación a las demandas del consumidor lo distinguen del industrial y hacen las delicias de grandes y pequeños, sobre todo, en un pesado día de calor.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

Más en El buen vivir

Mobile Version Powered by