Recorrer etapas largas y a buen ritmo los primeros días surte el mismo efecto que sacarse el carné de conducir, comprarse inmediatamente un Ferrari y ponerlo a 200 kilómetros por hora a la salida del concesionario.
El riesgo de accidente, en nuestro caso lesión, será del 100%.
El refrán «camina como un viejo y llegarás como un joven» es el mejor consejo que puede recibir un peregrino profano.
Durante las tres primeras jornadas no es recomendable recorrer más de 20 kilómetros al día. Hay que arrancar poniendo mucha atención a algo tan simple y aparentemente inocuo como las ampollas, que pueden dejarte fuera de juego varios días.
Desaparecidas las agujetas y las molestias iniciales se puede aumentar el número de kilómetros progresivamente hasta los 30 ó más por jornada, pero una buena media son 25 kilómetros.
En el Camino abundan los deportistas que se atreven con caminatas de 40 y 45 kilómetros diarios, aunque algunos de ellos son víctimas de las temidas tendinitis.
Las más frecuentes son las del tendón peroneo y las del talón de Aquiles.
Para prevenir posibles lesiones hay que realizar una sencilla tabla de estiramientos antes de andar y al finalizar el ejercicio, sobre todo estirar las piernas (ingles, cuádriceps y gemelos), la espalda, las lumbares y los hombros.
El best seller de los estiramientos es la obra ‘Estirándose’, de Bob Anderson.
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