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Los colonos israelíes eligen colinas y puntos estratégicos en Cisjordania por motivos de seguridad nacional, para dominar visualmente el terreno y bloquear un Estado palestino viable.
Esta táctica, impulsada por subsidios y creencias religiosas, fragmenta el territorio palestino y facilita la anexión, como admiten ministros como Bezalel Smotrich.
En 2025, tras aprobar 22 nuevos enclaves en mayo, hay alrededor de 160 asentamientos oficiales más 135 puestos ilegales (outposts), albergando a 737.000 colonos
A medida que varios aliados occidentales de Israel formalizan su reconocimiento de un Estado palestino, el gobierno israelí ha acelerado sus planes de asentamientos en Cisjordania a un ritmo sin precedentes.
Esta estrategia busca hacer prácticamente imposible la creación de un Estado palestino viable, fragmentando el territorio y ocupando sistemáticamente las tierras.
En los últimos meses, la aprobación de nuevas viviendas ha alcanz cifras récord; solo en los primeros meses de 2025 se han avanzado más de 14.400 unidades, superando ya el total de los cinco años anteriores juntos.
Este aumento en la actividad se debe a modificaciones significativas en el proceso de aprobación de asentamientos. El gobierno liderado por Benjamín Netanyahu ha delegado poderes clave desde la Administración Civil al ministro Bezalel Smotrich, quien ahora preside un comité que se reúne semanalmente para tratar estos asuntos, en lugar de hacerlo cada tres meses. Este cambio ha eliminado los controles que antes ejercía el ministerio de Defensa, permitiendo que los planes avancen casi sin barreras.
Así, se ha creado una máquina imparable que aprueba proyectos a velocidad desconocida hasta ahora.
Uno de los proyectos más destacados es el plan para el área E1, situada entre Jerusalén y el asentamiento de Ma’ale Adumim. En agosto de 2025, el Comité Superior de Planificación dio luz verde a la construcción de alrededor de 3.400 unidades en esta zona.
La Corte Internacional de Justicia ha alertado sobre lo ilegal que sería llevar a cabo este proyecto, ya que cortaría efectivamente la Cisjordania ocupada de Jerusalén Oriental. El secretario general de la ONU lo ha calificado como «una amenaza existencial para la solución de dos Estados», advirtiendo que «dividiría el norte y el sur de Cisjordania y tendría graves consecuencias para la continuidad territorial del Territorio Palestino Ocupado» .
La estrategia israelí va más allá del simple aumento en asentamientos existentes. En septiembre del mismo año, Smotrich presentó un plan aún más ambicioso: anexionar el 82 por ciento de Cisjordania, dejando únicamente seis enclaves aislados donde se sitúan las principales ciudades palestinas como Jenín, Tulkarm, Nablus, Ramala, Jericó y Hebrón, fuera del control israelí. Este enfoque se describe con la idea de «máxima tierra con mínima población palestina». En una declaración pública, Smotrich afirmó que esta decisión «entierra la idea de un Estado palestino», explicando que no habrá «nada que reconocer y nadie que lo reconozca» .
Los colonos a la ofensiva
El movimiento colonizador israelí está funcionando con una coordinación sin precedentes. Durante 2025, más del 40 por ciento de las unidades aprobadas están ubicadas en asentamientos situados fuera de la barrera de seguridad, donde reside el 75 por ciento de la población colonizadora. Estos asentamientos periféricos son muchos remotos e ideológicamente motivados, y buscan profundizar la penetración territorial en Cisjordania. La legalización retroactiva de asentamientos ilegales es parte integral del plan. En marzo del año pasado, el gabinete israelí votó para legalizar 13 nuevos asentamientos, aumentando así el número total reconocido a 140.
Estos nuevos asentamientos reciben presupuesto y jurisdicción ampliada, lo cual les permite acelerar tanto su construcción como su expansión territorial. Tres localidades —Neria, Gvaot e Ibei Hanachal— ya contaban con importantes planes constructivos aprobados en 2025, consolidando así una estrategia deliberada para legitimar indirectamente los puestos avanzados. Los colonos más comprometidos ideológicamente ven estas acciones como una realización histórica y religiosa sobre sus derechos a esa tierra.
Por otro lado, la violencia también ha ido en aumento. Entre junio y septiembre del pasado año, las autoridades israelíes demolieron o confiscaron 455 estructuras pertenecientes a palestinos, desplazando a unas 420 personas, mayoritariamente mujeres y niños. Al mismo tiempo, el número total de asentamientos aprobados crece constantemente; durante ese periodo se avanzaron o aprobaron 20.810 unidades habitacionales.
El argumento del derecho histórico
La narrativa detrás esta expansión territorial está fundamentada en interpretaciones sobre derechos históricos y religiosos. Desde esta perspectiva, el pacto con Abraham otorga a los descendientes de Isaac, identificados como pueblo judío, un derecho eterno sobre la tierra prometida —la actual tierra histórica que comprende tanto a Israel como los Territorios Palestinos Ocupados. Según relatos bíblicos, se dice que Dios prometió a Abraham una tierra «desde el río Egipto hasta el gran río Éufrates», una promesa considerada como «posesión perpetua» .
Sin embargo, este razonamiento presenta dificultades significativas. El propio Abraham es visto como patriarca tanto por judíos como árabes; es considerado padre tanto de Ismael, ancestro árabe, como también por supuesto del pueblo judío a través de su hijo Isaac . Ambas tradiciones religiosas reivindican su descendencia directa e incluso podrían fundamentar derechos territoriales sobre ese mismo espacio geográfico. Los expertos en este conflicto sostienen que cuando se remonta al origen común representado por Abraham, este argumento pierde fuerza para resolver disputas; ambas partes pueden reclamar legitimidad desde esa misma base .
La cuestión relacionada con cómo adquirir tierras añade otra capa al asunto. A lo largo del tiempo, comprar terrenos a palestinos ha sido parte integral del proceso migratorio hacia estos asentamientos. En relatos bíblicos se menciona cómo Abraham adquirió la Cueva de los Patriarcas en Hebrón a los hititas; esto estableció un derecho sobre esa tierra mediante transacciones comerciales. Este modelo ha sido utilizado recientemente para justificar compras actuales. Sin embargo, hoy día las dinámicas son completamente diferentes: gran parte del territorio ocupado no ha sido adquirido mediante acuerdos consensuados sino mediante ocupación militar seguida por declaraciones oficiales que consideran esas tierras como «propiedad estatal» .
En tan solo 2024, Israel declaró aproximadamente 24.258 dunams como tierras estatales; esto representa cerca del 50 por ciento del total declarado desde los Acuerdos de Oslo . Este mecanismo legal permite al Estado apoderarse tierras sin compensar directamente a sus propietarios palestinos; muchas veces estos ni siquiera tienen acceso efectivo a mecanismos legales donde defender sus derechos.
La respuesta internacional y el reconocimiento palestino
El reconocimiento formal del Estado palestino por parte de varios aliados occidentales ocurre justo cuando su viabilidad territorial está disminuyendo drásticamente. Países como España, Irlanda y Noruega han reconocido oficialmente la soberanía palestina entre 2024 y 2025; este gesto subraya cómo crece la presión internacional sobre Israel para frenar su expansión colonial. A su vez, la Corte Internacional de Justicia ha emitido advertencias claras respecto a lo ilegales que son estas actividades bajo el derecho internacional; organismos internacionales como la ONU han instado repetidamente a Israel a que «cese inmediata y completamente toda actividad relacionada con asentamientos en territorio palestino ocupado, incluyendo Jerusalén Oriental».
A pesar de estas presiones globales, Israel sigue acelerando su ritmo constructivo. Las proyecciones indican que en 2025 podría aprobar más de 50.000 unidades habitacionales; cifra notablemente superior comparada con años anteriores. Este incremento no es casualidad, sino resultado directo de decisiones políticas concretas; actualmente, su gobierno prioriza expandir los asentamientos como objetivo central para asegurar aún más la presencia israelí dentro de Cisjordania.
La fragmentación territorial es cada vez más evidente: los asentamientos israelíes, conectados mediante carreteras exclusivas, crean patrones territoriales que aíslan ciudades palestinas dentro de enclaves cada vez más reducidos. El proyecto E1, particularmente, podría completar un cerco divisorio entre el norte y el sur de Cisjordania, impidiendo cualquier continuidad territorial necesaria para establecer un Estado palestino viable.
Así las cosas, mientras gran parte de la comunidad internacional reconoce la legitimidad de la existencia del Estado palestino, Israel trabaja sistemáticamente en hacer geográficamente inviable tal posibilidad. Una estrategia compuesta de expansión territorial, legalizaciones retroactivas, control de recursos hídricos, restricciones de movimientos y consolidación de infraestructuras; el resultado final sería la transformación progresiva del territorio donde, si continúa el ritmo actual, habremos enterrado efectivamente cualquier opción de solución de dos Estados antes siquiera de haber comenzado negociaciones formales.
