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Donald Trump desveló este lunes los pormenores que llevaron a la coordinación con Israel para llevar a cabo la operación militar más contundente contra Irán en varias décadas.
La inteligencia estadounidense había identificado que el régimen de los ayatolás contaba con suficiente material enriquecido como para producir alrededor de 50 armas nucleares en menos de un año, según publica ABC.
Este descubrimiento -como revelan los periodistas David Alandete y Javier Ansorena citando fuentes de la Casa Blanca– modificó por completo la evaluación de riesgo en la Casa Blanca y aceleró los planes de ataque que se llevaron a cabo el pasado sábado.
La operación, conocida como Operación Furia Épica, dio inicio a las 9:45 de la mañana, hora local de Teherán, cuando en Occidente aún se dormía. Los portaaviones estadounidenses estaban posicionados en una demostración militar sin precedentes en Oriente Medio desde 2003.
La CIA había estado vigilando durante cinco meses los movimientos del líder supremo Alí Jamenei, lo que permitió coordinar el ataque con una precisión casi quirúrgica.
Trump delineó cuatro objetivos estratégicos para justificar esta intervención: desmantelar las capacidades de producción de misiles iraníes, destruir su armada, evitar que desarrollen armas nucleares y detener su financiación a grupos militantes en la región, como Hezbolá y Hamás. El presidente estadounidense subrayó que esta era la última y mejor oportunidad para neutralizar la amenaza nuclear antes de que se volviera irreversible.
Las negociaciones diplomáticas previas habían fracasado estrepitosamente. Altos funcionarios de la administración Trump compartieron con un periodista especializado en asuntos internacionales detalles sobre esas conversaciones fallidas. Teherán se negó rotundamente a ofrecer un plan claro y verificable para la desnuclearización. Esta negativa cerró todas las puertas a una posible solución diplomática y consolidó la decisión de optar por la fuerza militar.
Trump arremetió contra el acuerdo nuclear establecido por la administración Obama, argumentando que había concedido demasiado poder a Irán y advirtiendo que, si no hubiera sido revocado, el país habría tenido acceso a armas nucleares hace tres o cuatro años. En una entrevista con CNN, el presidente reafirmó que la guerra durará alrededor de cuatro semanas, aunque aseguró estar adelantado respecto a los plazos fijados por el Pentágono.
El primer ataque resultó devastador. Los bombardeos golpearon cientos de objetivos, incluidas instalaciones pertenecientes a la Guardia Revolucionaria, sistemas de defensa aérea y nueve buques de guerra iraníes. Trump confirmó el domingo que Jamenei había sido abatido en su complejo residencial. El secretario de Defensa Pete Hegseth destacó que, a diferencia del conflicto en Irak, este enfrentamiento no se prolongará indefinidamente.
No obstante, la escalada sigue su curso. Irán ha respondido con ataques de represalia contra aliados estadounidenses en el Golfo Pérsico, bombardeando infraestructuras energéticas en Arabia Saudita. Israel también ha intensificado sus operaciones contra Hezbolá en Líbano, movilizando 100.000 reservistas y llevando a cabo incursiones terrestres.
Trump advirtió sobre una «gran oleada» de ataques aún por venir. En sus redes sociales afirmó contar con reservas casi ilimitadas de armamento y criticó las políticas anteriores relacionadas con el envío de armamento a Ucrania. El presidente mantiene abierta la opción de desplegar tropas estadounidenses dentro del territorio iraní si fuera necesario, aunque aseguró no estar preocupado por posibles represalias terroristas.
Rusia ha instado a un alto al fuego inmediato, advirtiendo que el conflicto podría expandirse peligrosamente por toda la región. El Kremlin ha puesto en duda la campaña militar liderada por Washington e Israel, considerándola -en un acto de hipocresía mayúsculo- una agresión que requiere medidas diplomáticas urgentes. Analistas internacionales apuntan que cualquier transformación política en Irán necesita una presión constante sobre los cimientos del régimen, más allá de simples bombardeos.
Esta operación ha dejado claro que para la administración Trump, la amenaza nuclear iraní es considerada existencial. La coordinación con Israel, el despliegue masivo de recursos militares y la disposición para mantener operaciones durante semanas reflejan una determinación sin precedentes para erradicar lo que se describe como un régimen despiadado y terrorista. El desenlace dependerá de si esta presión militar logra provocar un cambio dentro del régimen o simplemente prolonga un conflicto regional cuyas consecuencias son difíciles de prever.
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