EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Aunque comenzaré esta de manera telegráfica (como, acaso, asimismo, la concluya), te prometo que intentaré ser, al menos, en su cuerpo o parte central más extenso o prolijo en mis apreciaciones u opiniones.
Sé bienvenido a la que harás bien si consideras también tu casa.
De ese menester, saber si una/o ha hecho todo lo que debía llevar a cabo en cada momento y lugar, se encarga la conciencia de cada quien.
Ciertamente, todo es mejorable; pero, de igual modo, todo es “empeorable”.
Afilado, aguzado, sagaz, el pensamiento que aduces del santo de Asís, sin duda.
Todo ha ido bien, pero la convaleciente aún está muy débil.
Hay quien no inoportuna ni queriendo, buscando hacer tal cosa adrede, aposta.
Haces bien en cultivar aquí, (en) tu casa, las flores que pinta (o los néctares que destila o exuda) tu pesquis. Me ha petado hoy mucho, de veras, tu manera de urdir, complementaria, suplementaria o ¿sincretista?, pues aúnas (que aúna) el diverso parecer con la refutación varia (entre ingeniosos paréntesis). Con tus palabras has hecho una pintura exacta de la humana actualidad española: optimista/pesimista, esperanzad(or)a y deseada o deseante ante la realidad (más) notoria (similar a la que podría dar fe un/a notario/a o un/a secretario/a judicial), dura, durísima.
Tras el naufragio, hay que buscar tablas de salvación que nos ayuden a hallar (o llegar a) buen (si es posible) puerto.
La realidad (toda realidad) es compleja, poliédrica. Ciertamente, puede haber datos positivos y aun esperanzadores, pero otros son casi, casi, contrarios u opuestos a los dados (como saben quienes han jugado a los susodichos dados y quienes conquistan a diario y gozan de esos bienes tan escasos que son la libertad y la independencia de criterio).
Sigue por estos derroteros, ya pongas la verdad de tus ojos frente al espejo, ya la lleves, tras helarte, de la paleta (del arte) a la tela.
No me parece mal lo que señalas e hizo bien el rey de España, prestar dinero (a interés cero) a su hija. Sí me parece mal (de pésimo gusto), sin embargo, lo que hizo cierto duque “empalmado”.
Si aún no te consta, convendría que te constara: siempre fuiste, eres y serás bienvenido por estos lares, tu casa.
Te manda los consabidos saludos, aprecios y abrazos
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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