EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXXV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Intentaré que se disipen en un pispás, o sea, que queden en nada, las dudas que tienes al respecto, pero acaso no lo consiga con todas, si son incontables, innúmeras, las que abrigas. Algunos lectores de la obra que comenté de manera somera, “Allegro ma non troppo”, de Carlo Maria Cipolla, mantienen la idea o sostienen la tesis de que los dos ensayos que la componen son, amén de severos y sesudos, serios. Bueno, pues Otramotro arguye que el escritor italiano que, como dice mi prima Vera (que no existe, por supuesto), goza de pésimo apellido para la rima (verbigracia —no seas mal pensado—, a quien acaso se le fue la olla), viene a hacer en sus dos opúsculos, dos, tres cuartos de lo mismo que, de vez en cuando (o de cuando en vez), le apetece llevar a cabo o coronar al abajo firmante, es a saber, situarse en esa fina frontera que separa el país de las burlas del país de las veras y, de modo sereno, aparentar que diserta docta y concluyentemente sobre este ámbito, ese asunto o aquella materia.
Tal vez a Cipolla le daban los ataques de locura o venadas que le dan al menda. Puede que al autor italiano le ocurriera, poco más o menos, lo que le acaece a Otramotro, que, después de dedicar muchas horas a estudiar concienzudamente un aspecto particular de la economía (de la literatura, en mi caso), necesitara divertirse, evadirse de la realidad, y le diera por desbrozar caminos o inaugurar sendas que le proporcionaran cierto entretenimiento o esparcimiento, que no miento, determinado deleite o recreo.
No tenía ninguna intención ni gana alguna de contestarte al otro escolio que me haces, pero el dolor, al parecer, se va mitigando paulatinamente (o yo me voy olvidando, paso a paso, poco a poco, o copo a copo, de él).
Urgen nuevas leyes, más justas y severas, y penas más contundentes, que favorezcan o propicien que los posibles pecadores en potencia no devengan en acto, quiero decir, que los arriba mencionados (porten adjunta a la primera sílaba, “pe”, la ese, “pescadores”, o no), que suelen pescar en río revuelto, se sientan o vean disuadidos.
Mientras los compañeros o conmilitones honestos de los politicastros corruptos (en todos los partidos políticos —acaso no exagere, ni generalice, ni sea injusto— cabe hallarlos —en unos más que en otros, por supuesto—) no pongan en la misma picota a los propios, como en el susodicho lugar colocan sin duda a los representantes venales de las otras formaciones, no se habrá dado el paso decisivo, ético y estético, necesario, para regenerar los comportamientos humanos en la piel de toro puesta a secar al sol que más calienta.
Sobre circunstancias futuribles no me gusta divagar, elucubrar. Lo considero una total, completa y absoluta pérdida de tiempo.
Espera haber contribuido a sublimar, si no todas, el grueso de tus hesitaciones, quien aprovecha la oportunidad de tus comentarios para iterarte con un ápice de arte lo de siempre y te consta, que te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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