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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CLXXXVIII)

Ángel Sáez García 12 Nov 2015 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXXVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Acabo de llegar del Centro de Salud “Santa Ana”, a donde, acompañando a mi señera y señora madre, Iluminada, ambos hemos acudido para que Ana, su enfermera, le pusiera la preceptiva (prescrita por el nefrólogo que la lleva, el doctor Gamen) y mensual inyección de EPO.

Sé que el verbo generalizar lleva adherido a sí mismo, como una lapa, una clara injusticia, un burdo error. Bueno, pues, cada dos por tres o cada tres por dos, de vez en cuando o de cuando en vez, sigo tropezándome en la susodicha piedra, la de la generalización, perdiendo la vertical y, como consecuencia normal, dándome de bruces, a fuer de ser parco, en el mismo charco. Como las razones que aduces las encuentro irrebatibles, las admito como lo que son, sin ninguna hesitación, refutaciones adecuadas y apropiadas a mis verdades, que han dejado de ser tales en un pispás, y han pasado a ocupar su lugar las tuyas; a las que, como lógico corolario, les doy la natural bienvenida y a ti las gracias por haberlas formulado.

Ya sabes que, a veces, uno/a pretende ir por lana o tomar el pelo a otro/a y, sin darse cuenta, sale trasquilado/a por el/la otro/a del intento. Aquí, en el caso que nos ocupa, el del autor como la copa de un pino, mas persona odiosa, cuyo nombre y apellidos callo (porque no era ni es mi propósito hundirlo), solo he querido amonestar por las evidentes meteduras de pata o yerros a las/os que (ese es mi criterio o parecer al respecto) su soberbia, vanidad o envanecimiento, que no miento, lo condujeron.

Me basta y sobra con que, en el supuesto de que lea algún día mi texto, reconozca que se (com)portó conmigo y con otros de mala manera y adquiera el compromiso o, al menos, haga el esfuerzo del propósito de la enmienda, quiero decir, de no querer volver a incurrir de nuevo (reto no tal fácil de coronar, como, por propia experiencia, sabe servidor) en el mismo yerro. Por cierto, recuerda que el verbo correctamente escrito en español es pergeñar.

Ayer, como habrás colegio por tu cuenta, hubo actuación en el cíber-café “Praga”; y ya sabes, cuando tal hecho ocurre, qué pasa, que la zona de los ordenadores se transforma en el escenario del cantante o grupo musical. Esa y no otra es la razón de mi retraso en contestar a tus comentarios en nuestro blog.

No insistiré en el argumento que me has leído y/u oído cien (si no han sido más) veces: errar es un verbo que, aunque no queramos, conjugamos con frecuencia los humanos.

Tampoco lo haré en torno al asunto del cerebro. Sigo pensando (sin aducir una base científica, al respecto, claro; solo por simple intuición, que no conviene ni desmerecer, ni echar en saco roto) que la mente es un músculo más del cuerpo. Si lo ejercitas a menudo, de ordinario, a diario, es más difícil que este quede anquilosado.

Te saluda, aprecia, agradece las refutaciones (que fueron, son y serán siempre bienvenidas por el menda) y abraza

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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