AQUILES, LA TORTUGA Y EL OJO DE HALCÓN
El ojo de halcón aquí no ha sido resolutivo. Los cien jueces que han visto y revisto mil veces la misma imagen no han conseguido ponerse de acuerdo en si esta demuestra, bien, a las claras, que uno de los dos participantes en la celebérrima, por inviable, carrera ha conseguido traspasar completa e inequívocamente la línea de meta; razón por la que la prueba ha sido declarada nula y deberá repetirse. La tortuga, acatando, sin rechistar, el fallo, ha sacado la cabeza de su caparazón y ha iniciado el tortuoso viaje que la llevará de nuevo a la línea de salida; mientras, Aquiles, respondón, ha solicitado oxígeno para recuperar el resuello y, a renglón seguido, ha echado la culpa del fiasco, a partes iguales, al promotor de la misma, Zenón de Elea, y al eco: lea, lea, lea,… El hijo de Peleo (nadie como él pelea), antes de ponerse a desandar el sinuoso camino de regreso a los tacos de salida, con la ayuda de unos prismáticos, ha constatado que el reptil ya ha cubierto los diez primeros metros de ventaja que le concedió, como pactaron otrora, y la bajada de una bandera diera inicio a la improbable aporía de “el de los pies ligeros” y el quelonio.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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