NO TE TEMO, IRIS; NO ERES HERODÍAS
Ante mi amada musa, Iris, me pasa
Lo que, por excesiva reverencia,
Me ocurre, de ordinario, en la presencia
De un jefe: mi saliva se hace masa;
Me acongojo y agobio, pues me abrasa
El sol del superior, su inteligencia,
Que acaso alguien compare con mi esencia,
Que, usualmente, con nadie ella se casa.
Por temor y/o vergüenza, de mi boca
Las palabras no salen con viveza.
Para quien me conoce esto es rareza.
Se evapora cuando Iris me provoca:
“Sé que sueñas conmigo muchos días.
Nada temas; no soy otra Herodías”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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