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La dicha es un estado placentero

Ángel Sáez García 03 Jun 2021 - 20:00 CET
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LA DICHA ES UN ESTADO PLACENTERO

No creo que haya una sola persona sobre la faz del planeta Tierra que sea sensata, o sea, que posea y use sus dos dedos de frente, que se atreva a negar lo obvio, verbigracia, lo que sigue a continuación, que la felicidad es un estado de placer. Dicho estado no debe ser necesariamente duradero, como ese era el criterio que sostenía Gottfried Wilhelm Leibniz. Acaso convenga recordar qué opinión había mantenido medio siglo antes Baltasar Gracián y Morales: “esta es la ordinaria carcoma de las cosas. La mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”.

¿Quién no ha escuchado o leído alguna vez ese aserto, con visos de verdad apodíctica, de que solo los tontos son felices? Reflexionemos, habiendo hecho el trabajo intelectual previo de cepillarnos todos los prejuicios que acarreábamos con nosotros (algunos los guardábamos en los bolsillos), al respecto. Si cuanto nos disponemos a dejar aquí escrito en letras de molde es la fetén, pura y dura, ergo, incuestionable, abundaremos necesariamente con quien la sostiene y, por tanto, negaremos que las personas inteligentes puedan ser dichosas, puesto que las instruidas, por definición, no son ignorantes. Pero, como nos consta que hay personas inteligentes felices, pues, desde el punto de vista científico-experimental (amén de que los sujetos susodichos lo refieren así, el resto, los demás, espectadores del hecho, lo venimos a confirmar o ratificar), la constatación es pública, palmaria y notoria, deberíamos rechazar, por inválido, dicho dictamen. Seguramente, entre los instruidos (ellas y ellos) no faltará la o el diligente que arguya que se puede ser inteligente y tonto a la vez. Considero que le sobra razón para argumentar de esa guisa, pues juzgo que el ente inteligente es el que admite, cuando lo advierte, el comportamiento tonto que tuvo y el que tendrá cuando lo tenga, hoy, mañana o cuando sea.

No conviene olvidar lo evidente, que, mutatis mutandis, todo ser humano es un poliedro; y, si nos fijamos, atenta y críticamente, en una faceta, podemos concluir que en esa concreta actitud se ha procedido de manera tonta o, siendo inteligente (habitual y normalmente), ha tenido un comportamiento tonto, ya que no hay un solo ser humano inteligente sobre el orbe que pueda eludirlo o evitarlo en todo momento y lugar (y, por ende, no tenerlo).

Como me consta que quien asiduamente se porta conmigo de forma inmejorable, estupenda, hoy es feliz, me sumo a la alegría contagiosa de sus compañeras de trabajo en la biblioteca pública de Tudela, Pilar y Teresa (me consta que han pasado a felicitarlo también sus vecinos del archivo municipal), y al cumpleañero le dedico, agradecido, esta décima:

LUIS, ¡MUCHAS FELICIDADES!

Mis dos mejores amigos / se llaman como quien años / cumple hoy. Aquí no hay engaños. / Acaso mis enemigos / llamen Diegos o Rodrigos / a quienes el mismo nombre / de pila (no, no se asombre) / gastan, Luis; son tres diamantes / en lo suyo; / ¡qué elegantes!: / “Tú” es el que eligen pronombre.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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