PIÉROLA, CREATIVO INMARCHITABLE
GENIAL DESPERTADOR DE HABILIDADES
(SOLO FRACASAN QUIENES NADA INTENTAN)
Si hoy tú, atento y desocupado lector (seas ella o él), me pidieras consejo, te daría con gusto, sin dudarlo un segundo, este: sé creativo. Ahora bien, puede que el aconsejado (hembra o varón) te preguntara, a renglón seguido, si desconocía en qué consistía ser eso y/o cómo se conseguía llegar a serlo, al respecto. Así que te recomiendo encarecidamente que tengas siempre preparada una respuesta pintiparada para que nadie te pille en cueros o, en su defecto, ayude a sacarte del apuro o salir del atolladero en el que habías caído o te habías metido, porque, como escuché aducir oportunamente, con la debida, providencial y proverbial atención, a un genial despertador de habilidades, Piérola, la mejor improvisación, la repentización más sutil, es la que habías ensayado previamente frente a un espejo y tenías guardada en la recámara o reserva. Así que acaso convenga perfilarlo, precisarlo y enriquecerlo de esta guisa: sé como Piérola o, mejor aún, sé creativo, como Piérola.
En Navarrete (La Rioja), a mis compañeros de clase y curso y a este menda, quien firma y rubrica estos renglones torcidos abajo, nos enseñó Jesús Arteaga las reglas de ortografía. Junto con las canónicas, había otras normas que no habían valorado ni los miembros ni los filólogos de la Real Academia Española (y, por tanto, no habían sido dadas por ellos como válidas y vigentes; ergo, no habían recibido ni el plácet ni el nihil obstat ni el marchamo de fetenes, académicamente hablando). Se las había sacado de su caletre/chistera Pedro María Piérola García, educador creativo por los cuatro costados y un motivador fuera de lo común, sin parangón. Tengo claro y veo cristalino que, si algún día escribo la novela que, de vez en cuando o de cuando en vez, gravita sobre mi testa o suele rondarme el pesquis, seguramente, buscando homenajear, sobre todo, a dos estupendos profesores o maestros (entre otros) que tuve en Navarrete, Arteaga y Piérola, llevará el rótulo definitivo de “Reglas de ortografía”.
Así que, salvo que tú, lector, estudiaras otrora en el seminario riojano (hoy, hotel, que mantiene el nombre de “San Camilo”) que regentaron los religiosos Camilos, no habrás oído nunca hablar (a menos que tu profesor sí estudiara allí con ellos) de esta regla, que dice que las palabras cuyas primeras sílabas en castellano/español son: tri-, tur-, nu-, su-, cu-, ca-, ga-, ver-, si-, al-, ur-, du-, ti-, to-, ra-, ri-, tre-, gu-, lo-, ru-, so-, la-, car-, ta-, ro-, sa-, te-, tra-, ce-, ha-, he-, hi-, ho-, hu-, se escribirán con “b”, salvo las excepciones, claro (ya sabes qué se airea en nuestro idioma o lengua, que no hay regla sin excepción, aunque no olvidemos aquello que aprendimos de Daniel Puerto, nuestro primer profesor de latín, que los vocablos cuyo nominativo termina en –um, sin excepción, del género neutro son).
No faltarán los cítricos críticos que, al advertir las muchas excepciones que cabe hallar en algunos casos, restarán validez a dicha norma. Como yo suelo ponderar tanto el trabajo que llevan a cabo los demás, no desprestigio la labor que coronó (pensé, al principio, que el artífice de esas reglas sui géneris, no canónicas, había sido Arteaga, pero fue el propio Jesús, en medio de una conversación telefónica que mantuve con él hace años, quien me ayudó a sacar el pie del charco en el que lo tenía metido), no, ni la considero un fracaso. Solo fracasan quienes nada intentan. Ciertamente, por mor de ser cabal y honesto, esa regla puede mantenerse en firme con estos casos concretos: tur-, nu-, cu-, ver-, si-, ur-, du-, ti-, to- (excepto tova), tre-, gu-, lo- (excepto lovaniense), ta-, ro-, te-, ce-, he- (excepto hevea), hi-, ho- (excepto hove), hu-.
A mí, que no fui dotado por Terpsícore para el baile o cualesquiera otros tipos de danza, a la hora de mover los pies sobre el suelo, acostumbro a disculparme de ser patoso con este argumento: quien hace todo lo que puede no está obligado a culminar más. Daniel Puerto hubiera terminado este escrito así: “Feci quod potui, faciant meliora potentes” (“Hice lo que pude; hagan quienes puedan mejores cosas”).
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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