CUANDO LA SALVACIÓN DEVIENE MUTUA
DE IRIS ESTE SONETO NO SE OLVIDA
Quizá no me pediste que te echara
Una mano jamás, pero socorro
Escuché, se grabó y hasta hace corro
En mi derredor. No, no estoy majara.
Puede que, tras oír auxilio, orara
A Dios del cerval miedo. No lo borro,
Porque real fue el pánico. ¡Qué engorro,
Ser todo un héroe y perder la cara!
Pero salí del brete sano y salvo;
Y de un edredón dentro, enamorada
E ilesa mi musa Iris. Estoy calvo,
Mas ledo, al rescatar de su morada
En llamas a quien dio luz a mi vida
Y de ello este soneto no se olvida.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home