CUANDO CON “MARI” Y CON “LOS LUISES” JUNTO
GANAR AL MUS O PERDER POCO IMPORTA
Reunirse con amigos qué bien viene. A quien le haya ocurrido lo mentado dirá que una apodíctica certeza es, sin hesitación, la que da inicio al párrafo, lector, que acaba aquí.
El pretérito miércoles 5 de abril, antes de la hora consensuada, las 11 horas y 30 minutos de la mañana, mi amigo del alma y benefactor Luis de Pablo Jiménez, procedente de Rincón de Soto (La Rioja), pulsó el botón del timbre del portero automático de mi piso. Le dije que en menos de un minuto estaba con él en el portal y, antes de que hubieran transcurrido los sesenta segundos aludidos, tuve oportunidad de abrazarlo en la calle, la Avenida del Barrio (tudelano de Lourdes). Fuimos adonde Luis había aparcado su coche, abrió las puertas y sentamos nuestras posaderas en los asientos de delante, lo puso en marcha y emprendimos viaje para llegar antes de la hora pactada a Tafalla. Lo hicimos con doce minutos de adelanto sobre las 12 horas y 45 minutos acordados con nuestro amigo común, Luis Quirico Calvo Iriarte, médico estomatólogo y odontólogo, que nos esperaba en la clínica dental que regenta, FARMADENT. Tenía que hacerme un apaño en una muela.
Cuando Luis Quirico acabó conmigo, los tres fuimos a Olite y pasamos dos veces, al llegar y al marcharnos, por debajo del castillo, después de que el galeno hiciera la gestión precisa.
Habiendo regresado a Tafalla, acudimos al restaurante “El sitio de la Panueva”, donde comimos los cuatro habituales, pues “Mari” se juntó con nosotros tres allí, tras haber estado un buen rato dando pedaladas y recorriendo kilómetros con su bicicleta.
Cuando terminamos el postre, al camarero le dijimos que tomaríamos café en la zona del bar y, si tenía cartas, nos gustaría echar una partida de mus. No las tenía, pero se las ingenió para, en apenas un santiamén, satisfacer dicha carencia o falta; y, tras despachar el café, nos dispusimos a mentir (a esconder o no nuestra jugada). La pareja formada por Luis Quirico y Mari, perdedora en partidas anteriores, tenía ganas de desquitarse con la nuestra y lo consiguieron, pues nos ganaron por un rotundo 3-0. Las partidas, no obstante, fueron reñidas.
¿Qué saqué en claro de la nueva y última reunión, por ahora? Fueron varias las conclusiones. Evitaré referirme a las que, al resultar coincidentes con otras anteriores, pudieran cansar al lector habitual (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario). Las anotaré, a renglón seguido, conforme me vayan brotando, sin dar preferencia o prioridad a unas sobre otras (o sea, no estableciendo un orden de prelación entre ellas, porque no lo hay, de veras).
Con los amigos, que Ralph Waldo Emerson comparaba con la obra maestra de la naturaleza, se puede hablar de cualquier asunto, pues no hay un tema tabú, prohibido; incluso de si un ser humano nace con unos dones o capacidades innatas. Como uno, servidor, tenía su perspectiva, prisma o visión sobre el caso particular, la dio; sin importarle que sus amigos tuvieran otras, las suyas, más que opuestas, complementarias. La realidad, cualquier verdad no suele ser tan sencilla como, a veces, creemos o vemos; sino que es compleja; se parece a un poliedro con muchas caras o facetas; y, acaso, solo con la reunión o suma de todos los prismas o puntos de vista posibles, sea probable consensuar una verdad general. El ejemplo que puso José Ortega y Gasset en una proverbial conferencia, al exhibir una manzana, que cabría asemejar con la verdad, que todos los asistentes a la charla veían, pero ninguno lo hacía de manera entera, completa, puede ser aleccionador.
Sigo pensando que de poco sirve haber nacido con ciertos dones para coronar esto, eso o aquello, la actividad física, deportiva o intelectual que sea, si el supuestamente dotado (ella, él o no binario) no las despierta de su letargo u otra persona no se las espabila. Hay quien no fue alumbrado con facultades especiales para llevar a cabo una tarea artística, pero con DES, acrónimo de dedicación, esfuerzo y sacrificio, a la larga, obtiene o saca más partido, bastante más provecho, que el dotado, si este es un holgazán, un zángano de tomo y lomo. Puede que el empollón sacara peores notas en el instituto que el dotado y atento, pero en la facultad el primero superó al segundo y basta comprobar cuántos sobresalientes obtuvo uno y otro para constatar la vigencia de la tesis que aquí sostengo. Y, como no son excepciones, no, sino la norma, acaso les acaezca lo mismo que a ciertas reglas de ortografía, que las excepciones vienen a confirmarlas.
En su famoso poema “If” (“Si…”), Rudyard Kipling, Premio Nobel de Literatura en 1907, arguye que tanto el triunfo como el desastre (el éxito como el fracaso) son dos impostores, dando a entender que son relativos. A unos el fracaso o un fiasco les resulta aleccionador y, por ende, educativo. Y es que el triunfo, en lugar de enseñar, entontece; es decir, el éxito, si no tienes los pies en el suelo, te puede dejar malparado y tú morir de éxito. Y esto vale para quien juega al mus. Quien se ponga a dicho menester, aun jugando habitualmente, y ser bueno, sabe que solo hay dos resultados posibles, ganar y perder, como le ocurre al pelotari (ella o él), no como al ajedrecista, que tiene la posibilidad de empatar, las tablas.
Son muchos los autores que han dejado escrito en letras de molde, negro sobre blanco (acéptese este párvulo homenaje al recientemente finado Fernando Sánchez Dragó), auténticas y bellas certezas sobre la amistad. Si tuviera que quedarme con tres, no sin dudar, pues quedarme con una sería propio de rácano, lo haría con una de Aristóteles, otra de Demetrio de Falero y otra de Santiago Ramón y Cajal: Ahí van seguidas, una detrás de otra: “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita (palpita, me gusta apuntar a mí, entre paréntesis, como hago aquí) en dos almas”; “Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”; “Hagamos notar que cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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