Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

¡Qué bendición es ser un loco cuerdo!

Ángel Sáez García 06 Nov 2023 - 20:00 CET
Archivado en:

¡QUÉ BENDICIÓN ES SER UN LOCO CUERDO!

CUANTO ESCRIBÍ AYER POR LA TARDE EN CASA

Desde que estoy enamorado hasta los tuétanos de Mayte, he aprendido varias cosas; entre ellas, verbigracia, la que sigue. Cuando uno ama de veras, con todo su ser, sin dejarse un ápice o pizca de amor guardado, a buen recaudo, en la caja fuerte de tan enaltecedor sentimiento, se da cuenta de los errores que ha cometido (aun siendo aciertos incuestionables, desde otro prisma o punto de vista; la realidad, sí, es compleja y poliédrica) por esta única e incomparable razón de peso, amar, y haberlo hecho a manos llenas. Si hubiera sido más rácano, si no hubiera sido tan espléndido y sincero, acaso otro gallo me cantara, pero no hubiera sido este menda quien amara, claro. Quizá fuera ahora más feliz de lo que soy. Me explicaré, de manera más extensa, en el parágrafo que continúa.

En un correo, a fin de persuadir con argumentos irrebatibles a mi novia actual, Mayte, le comentaba que había asimilado lo obvio y reconocía, sin ambages ni requilorios, que la amaba a ella, mi musa, ante el orbe entero, porque había comprobado que no me molestaba que ella me escribiera, mientras yo andaba pasando a ordenador cuanto había trenzado la tarde anterior en casa (y me veo en la obligación de aprovechar que he abierto este paréntesis aquí, a esta altura del texto, para insistir e iterar, machaconamente, sí, si hiciera falta, la verdad apodíctica o fetén imbatible de que servidor, aunque cueste creerlo, es un escritor sin ordenador y vive así, sin la imprescindible para otras/os computadora fija o portátil, en la misma gloria; tengo dinero suficiente (no me sobra, porque cobro una pensión corta; no llega a los novecientos euros) para comprarme uno, pero soluciono mis quehaceres literarios con uno de los cuatro que hay a libre disposición de los usuarios (ellas, ellos o no binarios) en la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, donde Pilar, Teresa y Luis, sus solícitos responsables, me tratan estupendamente (como al resto de quienes la frecuentan o visitan esporádicamente); así he conseguido canalizar y administrar mi creatividad, de manera sensata; y esta es la dinámica, mecánica o procedimiento que, tal vez me ha ayudado a seguir siendo un loco cuerdo, que no hubiera por esta, esa o aquella razón de peso tener que atar.

Y, como estoy seguro de que Mayte también me ama (quizá de manera distinta a la mía, pero barrunto, intuyo o sospecho que su modo de amar destila o exuda un líquido de parecido aroma u olor y semejante calor y color al que despide o exhala el mío y que algunos han dado en llamar feromonas), y el compromiso de amar lleva aparejado ciertas servidumbres, como sabe que eso, verme en la obligación de contestar a sus correos, puede despistarme, entorpecer la tarea que me hallo realizando o tengo entre manos, pues evita hacer tal cosa, para ahorrarme que pierda el hilo del discurso que voy discurriendo, tras haberme  inspirado ella la idea. Y eso, asimismo, tiene otras consecuencias negativas y positivas, a saber; que me quedo sin saborear esos gozos, pero me adentro y/o pierdo en menos vericuetos.

Acaso me autoengañe en esta ocasión, como otro tanto ocurrió en las precedentes, pero sentir que Mayte ama al abajo firmante de estos renglones torcidos hace que se almacene, gota a gota, una cantidad de agua parecida a la que tiene embalsada el mayor de los pantanos españoles dentro de mis lagrimales, deseosa de salir a chorro, como cuando estoy viendo una película y una secuencia de la misma tiene la virtud de tocar mi fibra más sensible y deviene, a renglón seguido, el colapso de las dos especulares presas mellizas.

Ahora miro veinte veces (acabo de realizar la decimoséptima) el correo de Gmail, mientras estoy pasando a ordenador y subiendo a mi bitácora de Periodista Digital, el Blog de Otramotro, cuanto escribí con la ayuda de la herramienta habitual, el BIC azul de costumbre, ayer por la tarde en casa.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by