¿POR QUÉ SOMOS ADICTOS, DEPENDIENTES?
Como sospecho que mi caso no es excepcional, sino, con leves variantes, semejante al suyo, atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, yo tampoco he leído todas las Constituciones vigentes en el ancho mundo, pero auguro que, en ninguna de ellas, aunque sea de reciente redacción o aprobación, cabe leer, en uno de sus artículos, que un ciudadano debe estar pendiente de su teléfono inteligente más de cuatro horas al día, el doble o el triple de lo que está al tanto de cuanto le ocurre a su esposa/o, hija/o, madre, padre, hermana/o, abuela/o, sobrina/o, tía/o, prima/o, etc., o amiga/o enferma/o, encamada/o.
¿Por qué es adicto, dependiente? ¿Por qué el hombre es un animal racional de costumbres? Eso había pensado al principio, remedando a Aristóteles (“practicando justicia nos hacemos justos, practicando moderación moderados”), para quien que alguien sea un bienhechor, un bonachón, un trozo de pan, que se comporte como un ser humano, humanitario, es más fruto del hábito que del fondo personal del susodicho, de sus principios y valores, de los resortes éticos y estéticos que acarrea.
Confío, deseo y espero que me eche una mano mi musa y me ayude a componer los catorce versos endecasílabos del soneto que anda rondándome el caletre y se rotula como se lee a continuación:
DEL MÓVIL LA PANTALLA ES CORNUCOPIA
Aunque no nos obliga nadie a ello,
El grueso de nosotros dependientes
Somos de bocas que no tienen dientes
Y más nos piden, más, a voz en cuello.
Nuestra atención reclaman, como el bello
Lienzo que tiene mil y un pretendientes
Que quieren contemplar sus ingredientes,
Aunque no es un cocido, sino un sello.
La pantalla del móvil cornucopia
Semeja y también fuente inagotable
De néctar, ambrosía y lo inefable
Que mana, aunque estés tú en la misma inopia.
Me consta que son muchos los pozales
Que salen llenos de aguas albañales.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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