Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Nada de nada es alguien sin memoria

Ángel Sáez García 16 Dic 2024 - 20:00 CET
Archivado en:

NADA DE NADA ES ALGUIEN SIN MEMORIA

POR SU YO HABER PERDIDO, SÍ, SU HISTORIA

Esta mañana, a eso de las ocho menos diez, llevando asido por mi enguantada (porque hacía rasca) mano diestra el volante del especialista, he salido de casa, y he acudido al Centro de Salud “Santa Ana”, de Tudela (estaba citado a las ocho y diez, y a esa hora en punto me ha dado paso la enfermera de la puerta), para que una compañera (solo daré dos datos de ella: su nombre de pila, salvo que la bata que vestía fuera de otra, claro, comenzaba por la letra A; y su primer apellido, así costará más tiempo identificarla, no empezaba por la misma letra inicial que su gracia bautismal) suya me extrajera tres tubitos de sangre. Lo ha hecho estupendamente, porque ahora, transcurridas diez horas, a las seis y cuarto de la tarde, hace apenas unos segundos, me he subido las mangas del jersey y de la camisa y he comprobado, de manera fehaciente, que en mi flexura codal izquierda solo tenía un pequeño punto rojo, por donde la eficiente sanitaria había introducido la aguja (a mí no me ha infligido daño, pero a una cría, que ha entrado antes que yo en la sala de extracciones, parecía que otra enfermera le ha hecho mucho, por cómo gritaba y cuánto lloraba; qué pobre; la verdad es que, antes de cruzar el umbral, ya había dado la niña muestras evidentes de tener aicmofobia o ecmofobia, trepanofobia o tripanofobia, o sea, miedo cerval a las agujas; no sé si hubiera sido beneficioso o más perjudicial todavía razonarle que no le iban a extraer, junto con la sangre, el alma; que me perdonen los padres de la criatura la ironía, en el supuesto caso de que lean esto, pero es que la mordaz referencia factual se ha impuesto, por los chillidos desconsolados dados y las enfadadas lágrimas vertidas por ella) extractiva.

He regresado a casa a desayunar (lo que me ha apetecido de cuanto había disponible, como he acordado, de mancomún, con la enfermera que me ha atendido) y a coger la bolsa con los materiales necesarios, a fin de pasar a ordenador una parte de cuanto había escrito a mano, con la inestimable ayuda de un bolígrafo BIC azul, estupendo compañero de viaje literario, durante el finde largo en mi piso. Pensaba que había perdido la bufanda en alguno de los lugares del itinerario que había hecho, pero, cuando he llegado a mi humilde choza, la susodicha estaba donde la había dejado este menda, en el sitio acostumbrado.

He echado de menos la prenda de abrigo, cuando me he levantado de la silla para marcharme a casa (no sin haberme despedido antes de la responsable de turno, Teresa Bellido); así que, durante el camino de vuelta, he ido repasando el trazado realizado. Ese esfuerzo, a la postre, ha resultado baldío, porque ya he dejado constancia en el parágrafo precedente del producto cosechado: no había perdido la bufanda. Como las concomitancias o correspondencias que hallamos son hechos incontestables, la no pérdida de la prenda mencionada me ha llevado a rememorar una cita enjundiosa del neurólogo británico y divulgador científico Oliver Sacks, que me aprendí otrora de memoria y dice así: “Si un hombre ha perdido una pierna o un ojo, sabe que ha perdido una pierna o un ojo (se sobreentiende que a dicho sujeto le funciona correctamente su cerebro); pero si ha perdido un yo, él mismo, no puede saberlo, porque ya no está allí para saberlo”.

A continuación, coloco la misma nota bene que apareció publicada recientemente, al final del texto que titulé “Tener buena memoria es bueno y malo”.

   Nota bene

Por si algún atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, no termina de entender mis palabras sobre la falta de memoria, le dejo para su propia reflexión y valoración las palabras finales de la columna “No huyan”, de Íñigo Domínguez, que apareció publicada en la página 8 del suplemento IDEAS de El PAÍS del domingo 17 de noviembre de 2024: “Lo peor para él (Luciano D’Adamo, que fue atropellado en Roma en 2019 y, de resultas de dicho accidente, olvidó los últimos 39 años de su vida) es no saber quién es, la sensación de haber perdido tu (mejor, su, ese es mi criterio, al menos) tiempo, haber vivido sin tener prueba de ello. Salió en la tele y lloraba, porque sin memoria no era nada, y eran imágenes muy conmovedoras, y al verlo, sin poder evitarlo, uno se sentía feliz de su propia pequeña vida, con todos sus ratos buenos y malos, y hasta afrontaba el nuevo día con lo que tenga que ser, sin querer estar en ninguna otra parte”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by