Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Que cabe escarmentar en testa propia…

Ángel Sáez García 25 Nov 2025 - 20:00 CET
Archivado en:

QUE CABE ESCARMENTAR EN TESTA PROPIA

Y APRENDER EN LA AJENA ES CONSABIDO

Desconozco qué opina al respecto el atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, pero, para mí, los dos versos endecasílabos que encabezan estos renglones torcidos y hacen las veces de título, partido por la mitad, de la presente urdidura (o “urdiblanda”) encierran una verdad inobjetable.

Que yo recuerde (tras llevar a cabo un repaso y resumen somero de mi existencia, en apenas un pispás), salvo en unas elecciones sindicales, en las que no me cuadraba ni encajaba ni entendía que el director se presentara a las mismas como candidato por el sindicato al que él no estaba afiliado y yo sí (comicios de los que, por cierto, salí airoso, vencedor, elegido delegado o representante sindical, y él también lo fue, cuando me marché, porque logró ser el segundo aspirante más votado en las susodichas; recuerdo que tuve que echar toda la carne en el asador, o sea, que invertir el grueso de mi denuedo y lo mejor de mi empeño para alcanzar dicha cota, desafío o propósito, pues noté que los malos modos se dan en todos los ámbitos u órdenes de la vida, no solo en la desprestigiada política, circulando sin parar, como hace la moneda corriente), solo me había presentado o postulado antes a unas elecciones, y fue en el seminario menor navarretano, durante el último curso académico que estudié allí, el Octavo de la extinta Educación General Básica, EGB, con la motivadora ocasión u oportunidad de preparar los actos para la celebración de San José, día del padre y del seminario, fiesta grande en el colegio.

El electorado lo formábamos el alumnado del seminario, los estudiantes de Sexto, Séptimo y Octavo. Yo me presenté para liderar la Comisión de Actividades Varias, una especie de batiburrillo o cajón de sastre de varias acciones inconexas entre sí. De lo que ahora más me acuerdo es que tuve que fungir de vendedor de chuches y demás artículos para adolescentes, en dos puestos que levantamos en el vestíbulo, a ambos lados de la entrada principal del colegio.

Los votos, tras realizar el llamamiento personal, no eran secretos, sino proferidos de viva voz; bueno, pues, a lo que iba, al ejemplo que sirva de arquetipo, dechado, modelo o prototipo a seguir, para que se entienda perfectamente la idea que acarrean los dos versos endecasílabos del rótulo de esta pieza literaria. En un momento dado, mediada la votación, cuando yo llevaba una ventaja ostensible, considerable, al inmediato perseguidor, salí del aula donde tenían lugar los comicios para hacer lo que fuera. Tuve que regresar a la misma, avisado por un adepto o adicto, que me comunicó, preocupado, que el émulo me había recortado mucho terreno. Al final, presente, de nuevo, en el aula, vencí por una docena o decena de sufragios, que iba computando, mediante palitos de tiza blanca, quien se había presentado como voluntario para realizar dicho menester.

La lección que extraje de dicha elección fue que lo que parece que está chupado es susceptible de complicarse sobremanera; ¿por qué? Esta es la enseñanza que saqué de dicho episodio: Respeto y miedo infunde la presencia; ninguno de los dos la ausencia irradia, que son otros dos versos de once sílabas.

Así que, otrora no me extrañó nada (de nada) leer cuanto leí, cuando me llevé a los ojos, por primera vez, “El príncipe”, de Nicolás Maquiavelo, quien, en concreto, en el capítulo XVII de su obra, titulado “De la crueldad y la clemencia, y si vale más ser amado que temido”, en su punto 2, dice esto: “Nace de ello una disputa: si vale más ser amado que temido, o todo lo contrario; pero, como es difícil conseguir las dos cosas a la vez, es mucho más seguro ser temido primero que amado, cuando se tiene que carecer de una de las dos cosas. Porque de los hombres en general se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores y disimulados, que huyen de los peligros y están ansiosos de ganancias; mientras les haces bien, como dije arriba, te son enteramente adictos, te ofrecen su sangre, su caudal, su vida y sus hijos, cuando la necesidad está cerca; cuando la necesidad desaparece, se rebelan”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by